Deísmo

    Se llama deísmo a aquella doctrina filosófica que considera que Dios se revela al hombre a través de la razón, y no de la historia. Así, frente a aquellas religiones, como la cristiana, que defienden que lo divino se manifestó en el mundo en un momento concreto de la historia de los hombres, los deístas creen que la existencia de Dios se revela a través del uso de la razón, que se llega a su descubrimiento gracias a argumentos lógicos y metafísicos.

    El origen de la corriente deísta se halla en una serie de pensadores neoplatónicos ingleses, quienes defendieron la tesis según la cual las sagradas escrituras se hallan repletas de irracionalidades que ofenden a la independencia de la razón.

    El deísmo se extendió pronto por toda Europa, y terminó constituyendo un elemento indispensable dentro del credo de los pensadores ilustrados, quienes querían descubrir a Dios dentro del más estricto uso de la razón. En este sentido, Immanuel Kant o Voltaire fueron deístas, al igual que la mayor parte de sus coetáneos.

    Entre las afirmaciones más características del deísmo destacan dos:

    - Sólo hay que considerar aquellas verdades de fe que puedan ser interpretadas con coherencia por la razón, por lo que hay que desechar un gran número de dogmas religiosos tradicionales. Así, los deístas sólo asumen la existencia de Dios, la necesidad de las virtudes para salvarse en una vida futura o la realidad del pecado.

    - La religión revelada en la historia carece de importancia, ya que se basa en actitudes y principios irracionales. Sólo se debe aceptar la religión cuando no suponga una puesta en cuestión de los principios de la razón.

    A pesar de que la mayor parte de los deístas coincidieron en sus ideas elementales, también es posible hallar elementos de disputa entre los filósofos ilustrados. Así, mientras algunos autores admitían que Dios gobernaba el mundo y establecía una existencia justa, otros filósofos, como Voltaire, consideraban que Dios no se hacía cargo de la felicidad de los hombres. El pensador francés, adelantándose en gran medida a autores pesimistas como Arthur Schopenhauer, creía que el sufrimiento humano era la prueba más evidente de que Dios no consideraba la felicidad del hombre como parte elemental de su plan divino, dejándolos a la deriva existencial.