Alma

    En religión y filosofía, principio de la vida y el movimiento, y el fundamento de la naturaleza humana, que escapa de lo meramente material y finito para apuntar a lo espiritual y lo infinito. El concepto de alma, que se halla presente en casi todas las religiones avanzadas, implica una visión dualista del mundo, que comprende que la realidad está integrada por dos principios o sustancias distintas: lo material y lo inmaterial.

    Si el hombre es por un lado cuerpo, materia y determinación, también es por otro lado infinitud e inmaterialidad. Dado que no es posible explicar la razón de ser de la existencia a partir de la mera materialidad de las cosas, la razón y el sentimiento exigen la presencia de un principio y una realidad que no sean mecánicas ni materiales.

    Ya las religiones primitivas se caracterizaban por el animismo; esto es: por la creencia en que detrás de los objetos cotidianos existe una fuerza espiritual y poderosa que explica el porqué de la vida y la muerte.

    A partir del primer milenio antes de Cristo, estas creencias se volvieron más complejas y dieron lugar tanto a las religiones sistemáticas y monoteístas como al surgimiento de las filosofías de orden dualista.

    En Grecia, por ejemplo, los pitagóricos, Platón o Aristóteles separan lo material de lo espiritual o formal, el alma del cuerpo, entendiendo que aquélla supone una participación en la naturaleza divina, que es eminentemente intelectual. El que el hombre posea un alma implica no sólo que esté en comunión con Dios y con la salvación, sino también, y sobre todo, que está dotado de razón, que puede conocer el mundo y el sentido de la existencia.

    En la Biblia aparece de forma paralela una caracterización similar del alma, comprendida como un soplo divino que anima el cuerpo. Sin embargo, a diferencia de los pensadores griegos, los primeros autores de la tradición judeocristiana no comprenden el alma de manera intelectual o esencial, sino a partir de la existencia, de tal modo que constituye el puente entre la condenación de la vida terrenal y la salvación en el ámbito espiritual, en la presencia de Dios.

    Durante la edad media, gracias fundamentalmente a la escolástica, la religión cristiana y la filosofía occidental recorrieron caminos paralelos, y autores como Santo Tomás de Aquino intentaron fundir el intelectualismo propio del pensamiento griego con los dogmas del cristianismo acerca del alma. Así, el alma es principio de vida, pero también de conocimiento.

    A partir de la edad moderna el alma empezó a ser objeto exclusivo de la religión, gracias al proceso laico que envolvió al desarrollo de la filosofía, y a través de diversos concilios se establecían sus atributos, su naturaleza y sus funciones.

    Sin embargo, el concepto de alma se encuentra presente no sólo en la tradición judeocristiana, sino también en las principales religiones orientales o meridionales.

    En Egipto, por ejemplo, se llamaba "Ba" a un principio vital similar al alma judeocristiana, aunque a partir de unos presupuestos y unas ideas sutilmente diferentes, al estar integrada dentro de una religión politeísta.

    Para el budismo, el alma, que se podría identificar, como en el pensamiento moderno, con el "yo", está destinada a desaparecer, a diluirse en el todo. Si bien es un principio espiritual, como en el judaísmo o en el cristianismo, el fin de cualquier forma de existencia es desaparecer, integrarse en el todo perdiendo la ilusión de la individualidad, que es la que conduce al sufrimiento y al error.

    Por último, para la cultura occidental moderna, el alma es equiparable a la conciencia, de tal modo que se intelectualiza lo espiritual y se hace corresponder lo racional con lo sagrado. Sin embargo, a partir del siglo XIX, el desarrollo del ateísmo y el irracionalismo condujeron a que el concepto de alma se volviese de nuevo una noción estrictamente religiosa, en una cuestión de fe que sigue conteniendo los mismos principios y los mismos atributos que en su concepción original: el alma es el principio de la vida, ha sido creada por Dios y es la promesa de la existencia de un mundo mejor, de una salvación a manos del creador.