Cielo e infierno

El cielo y el infierno constituyen dos de los elementos fundamentales dentro de las religiones mayoritarias puesto que justifican su función existencial, que no es otra que la de salvar o condenar a los hombres. La existencia de estos dos ámbitos parte además del reconocimiento de la vida terrenal como un punto intermedio, temporal, en el que se perece para pasar a vivir otra forma de existencia que depende del comportamiento que se haya tenido en vida.

Muchos críticos de las religiones consideran que el cielo y el infierno no son sino creaciones mitológicas que tienen el fin de imponer una moral en el mundo. El cielo es la recompensa para los que siguen la moral propugnada por una religión dada, mientras que el infierno supone el castigo eterno para aquéllos que se hayan desviado de la ortodoxia.

El cielo

El cielo es, para la mayor parte de las religiones, el lugar en el que reside Dios. Se trata de una región que se encuentra más allá de los límites materiales de la existencia, aunque los pensadores y los científicos clásicos trataron de localizarlo dentro de sus cosmologías.

Aristóteles, por ejemplo, escribió en su obra Sobre el cielo que más allá de la región supralunar y de las estrellas fijas se encontraba el primer motor inmóvil, que según la tradición cristiana se corresponde con Dios. Así, en la esfera donde reside el motor inmóvil los cuatro elementos mundanos son sustituidos por un quinto elemento, que es el éter.

Por otra parte, según la lectura cristiana de Platón, el cielo se corresponde con el mundo de las ideas, donde reside el sol, la pureza, la claridad y la perfección.

Tanto para el judaísmo como para el cristianismo y el islam, religiones profundamente emparentadas, el cielo es un lugar creado por Dios al que van a parar los fieles que en vida han sabido adaptarse al credo sagrado.

En las religiones orientales, sin embargo, el cielo posee menos importancia, y es sustituido por otras nociones diferentes. En el budismo, por ejemplo, de lo que se trata al practicar la virtud no es de alcanzar una nueva vida, sino de desaparecer en el nirvana.

En cualquier caso, para la mayor parte de las grandes religiones el cielo es la recompensa que aguarda a los fieles píos, e implica la existencia de un alma que sobrevive a la muerte mundana, a la muerte corporal.

El infierno

A grandes rasgos, se puede afirmar que el infierno no es sino la contrapartida del cielo. Si para las grandes religiones monoteístas hay una recompensa para los virtuosos, también existe un castigo para los pecadores.

Por otra parte, si en el cielo viven Dios y sus ángeles, en el infierno habitan los espíritus malignos, los ángeles caídos que son condenados a sufrir eternamente.

Esta idea se halla presente no sólo en el cristianismo, el judaísmo o el islam, sino también en las viejas religiones politeístas como la griega, que llamó Hades a la región a la que eran condenados los pecadores.

Si el cristianismo ha llamado a la región del castigo eterno "infierno", los judíos prefirieron hablar, con anterioridad, de Gehena, y los musulmanes de Jahannam. Para las religiones orientales, como el hinduismo, el infierno sólo constituye un paso más dentro del peregrinar del alma a través de diversos estados, mientras que, para los budistas, el infierno como tal no existe, y la vía para castigar a los pecadores es la reencarnación en diversas formas de vida inferior, condenadas al sufrimiento.

En cualquier caso, tanto para el cristianismo como para el judaísmo el concepto de infierno ha suscitado un gran número de controversias teológicas. El debate en torno al infierno se ha centrado en si se trata de una mera metáfora o de un lugar que realmente existe.

A pesar de que a lo largo del siglo XX la Iglesia católica empezó a mostrarse flexible y comenzó a aceptar el carácter mitológico o simbólico del infierno, el papa Benedicto XVI ha suscrito a principios del siglo XXI que el infierno no es una simple imagen, sino una realidad que debe entenderse como un estado del espíritu. De igual modo, el cielo tampoco constituye un espacio físico, sino una relación profunda y viva con Dios. A principios de 2011, el pontífice señaló asimismo que el purgatorio, lejos de ser un lugar en el espacio, representa un fuego interior que purifica el alma y señala el camino hacia la plenitud del ser.

Estas controversias no han impedido que el tema del cielo y el infierno haya servido de inspiración a los más grandes poetas, novelistas y autores plásticos. Habitualmente se considera que la Divina comedia, de Dante Alighieri, es la mejor descripción que jamás se haya hecho del infierno, en la que se detallan sus regiones y las criaturas que lo habitan.