Demonio

    Demonio representado en Aquelarre, de Francisco de Goya (Museo del Prado, Madrid)

    Término procedente del griego daimon y que en origen hacía referencia a los seres de origen divino cuya función era mediar entre los hombres y los dioses. Posteriormente, el pensamiento judeocristiano y musulmán terminó asimilándolos a las criaturas sobrenaturales que representan las fuerzas del mal. De ahí que a veces se utilice, equivocadamente, como sinónimo de diablo.

    El origen del concepto de demonio se halla en el pensamiento griego, que empleaba el término daimon para referirse a un ser de origen divino que tiene como función hacer de mediador entre los hombres y los dioses. De esta manera, los demonios ponían en contacto a los artistas con las ideas divinas, y hacían que los políticos tuviesen buenas ideas. Sócrates señalaba que cuando una voz interior le decía qué era lo que debía hacer, sentía que esa voz poseía un origen divino.

    Posteriormente, ya en un sentido religioso, los griegos emplearon el término para hacer referencia a los dioses menores. Así, junto a las grandes divinidades se podían encontrar pequeños dioses que estaban más cerca de los hombres. Los neoplatónicos por su parte comenzaron a hablar de los demonios como del paso intermedio entre los dioses y los hombres y los animales; mientras que otros pensadores seguidores de Platón los consideraron como realidades divinas de entidad mediana que mantenían un parentesco lejano con los grandes principios y los dioses importantes.

    Posteriormente, la religión cristiana tomó el sentido originario del término para aplicarlo a su credo y a su visión del mundo. Distinguió entre los demonios buenos, los ángeles, y los demonios malos, que se terminaron llamando simplemente demonios. La caracterización del demonio como semi-divinidad maligna que ronda el mundo de los hombres fue la que finalmente se impuso, alcanzando durante la edad media y los primeros años del Renacimiento una cierta relatividad.