Diablo

    Representación de un grupo de diablos en un cuadro de Giotto de Bondone

    Ser de carácter mitológico, encarnación del mal absoluto. Se halla presente no sólo en el cristianismo sino también en el judaísmo, en el islam y en otras religiones.

    Tanto para el cristianismo como para el judaísmo, el diablo es conocido mediante los diversos nombres que aparecen en las Sagradas Escrituras: Satán, Lucifer y Belzebú.

    Para el cristianismo ortodoxo el diablo era, en origen, un ángel llamado Lucifer que se rebeló contra Dios y entabló una lucha contra él acompañado por otros ángeles rebeldes con el objetivo de hacerse con el reino de los cielos. Sin embargo, Lucifer y sus acólitos fueron vencidos y arrojados al infierno, donde residen y atormentan a los condenados y a los infieles. La función del diablo dentro de las religiones judeocristianas es la de tentar a los hombres para que abandonen el camino hacia la salvación.

    A pesar de que Dios represente el bien absoluto y el diablo el mal absoluto, el principal adversario de éste no es la divinidad en tanto que tal, sino el arcángel Gabriel.

    El diablo juega además un papel fundamental en la concepción del hombre y su naturaleza. Según la Biblia, Adán y Eva fueron tentados en el Paraíso por una serpiente, encarnación del diablo, por lo que éste es responsable de la creación de un mundo condenado por definición y del establecimiento de una naturaleza humana corrupta.

    No en vano, el origen del diablo no se halla en el propio judaísmo ni en el cristianismo sino en la lectura que los gnósticos y los maniqueos hicieron del pensamiento y los misterios de los primeros griegos, quienes ya hablaron en sus obras de daimones, espíritus menores que acompañaban a los hombres y que determinaban su genio y su fortuna.

    Según los gnósticos, el mundo es resultado de la acción del diablo, que se corresponde con el demiurgo, el creador del mundo según la metafísica de Platón. Los maniqueos, por su parte, comprenden la existencia como la lucha de dos principios encontrados: el bien, encarnado por Dios, y el mal, encarnado por el diablo.

    Por otra parte, el islam, religión íntimamente emparentada con el cristianismo y con el judaísmo, también cuenta con su propio diablo, Iblis, que posee unos atributos similares a su homólogo judeocristiano.

    En la edad moderna, con la secularización del mundo del pensamiento y la irrupción del arte autónomo al margen de la iglesia, el diablo empezó a ser comprendido de una forma completamente distinta. Para los románticos como Goethe, el diablo no era sólo la imagen del mal entendido en toda su radicalidad, sino también la encarnación de la inteligencia y la rebeldía. A partir de estas ideas, el pensamiento y el arte de los siglos XIX y XX entendieron que la figura del diablo representaba la heterodoxia, la imaginación y la libertad espiritual.