Dios

    Según la mayor parte de las religiones, máxima expresión de la bondad, la justicia y el poder, el creador de todo lo existente. El término "dios" tiene su origen en Grecia y es una derivación de la palabra "Zeus".

    Los nombres que recibe Dios según las distintas religiones son innumerables, destacando los de Alá (para los musulmanes), Yahvé (para los judíos y los primeros cristianos), Jehová (para cristianos, judíos y otras formas religiosas), Elohim (para cristianos y judíos), el Creador, Padre, etc.

    Según los estudiosos del hecho religioso, las primeras religiones fueron politeístas: admitían la existencia de diversos dioses a través de los cuales designaban todos aquellos fenómenos naturales de los que dependía su existencia y que no eran capaces de explicar. Existía un dios de la lluvia o un dios del sol, a los que había que adorar para no sufrir calamidades.

    Con el desarrollo de las culturas y las civilizaciones, nacieron las religiones monoteístas, en las que el concepto adquiere toda su significación moderna. Se considera que Atón fue el primer dios único de la historia de las religiones y que su culto, favorecido por el faraón egipcio Amenhotep IV hacia la mitad del segundo milenio antes de Cristo, pudo influir notablemente en el posterior desarrollo del judaísmo.

    En lo que se refiere al cristianismo, aunque éste hunde sus raíces en el judaísmo, se considera que la influencia del pensamiento de Platón, que concebía un bien supremo y único frente a otras ideas y dioses, pudo conducir al establecimiento de los atributos de su dios.

    El islam, por su parte, tomó los rasgos de los dioses judío y cristiano para elaborar su propio perfil.

    Para otras culturas no judeocristianas, el concepto de Dios no posee el mismo sentido, y no representa un ser dotado de conciencia y principios morales que se ocupa del destino de los hombres. Para el budismo, por ejemplo, sólo existe el todo, la naturaleza; y para los cristianos y los protestantes ilustrados, Dios se encuentra más allá de la humanidad y sólo se ocupa de la existencia en abstracto, sin reparar en los seres humanos.

    Para los críticos del mundo religioso, como Friedrich Nietzsche (que se hacía llamar a sí mismo "el Anticristo"), Dios no es sino una mentira en la que el hombre proyecta todo lo que de bueno hay en él, lo que constituye un atentado contra la misma vida.