Espíritu

    El concepto de espíritu posee una serie de significaciones diversas que recorren varias disciplinas relacionadas con el mundo de las humanidades y la religión. Así, en primer lugar, y desde un punto de vista físico y espiritual, se llama espíritu al pneuma o soplo que insufla vida en lo que por sí mismo carece de ella. Se trata de la significación originaria del término, y encuentra su formulación en la obra de los estoicos. A pesar de que el pensamiento medieval y moderno hayan matizado en gran medida su alcance, aún se puede hallar este sentido en el mundo de la estética, en el de la gnoseología o en el de la metafísica. Así, se puede hablar del "espíritu" de una obra haciendo referencia a la inspiración que la anima, a la pasión que hace de ella algo vivo que va más allá de la mera suma de colores, melodías o palabras.

    Desde un punto de vista puramente religioso, el espíritu hace referencia a los objetos o sustancias que no tienen cuerpo físico. De esta manera, bajo el término se reúnen gran parte de las esperanzas y las convicciones de las religiones mayoritarias, que basan su esencia en el reconocimiento de una realidad no material, espiritual, que dota de sentido a la existencia. La mayor parte de los filósofos siempre han mostrado ciertas reticencias a admitir sin más la existencia de algo incorpóreo que se debe exclusivamente a lo divino, por lo que han preferido relacionar este espíritu con aquella parte del hombre que es puro entendimiento o pensamiento. Sin embargo, desde un punto de vista estrictamente religioso, el espíritu se refiere a los demonios, el alma o los ángeles.

    En tercer lugar, y en un sentido menos trascendental, el espíritu hace referencia al carácter del hombre, de manera similar a los conceptos de aptitud o disposición.

    En cuarto y último lugar, el espíritu quiere decir entendimiento o actividad racional del hombre. Este sentido es el que mejor se adapta a la visión filosófica del término, y se halla presente en gran parte de la historia del pensamiento occidental. René Descartes fue el primero que lo caracterizó de una manera precisa a propósito de la res cogitans, del hombre entendido como ser pensante. Así, mientras existe una parte material y extensa, la verdad del sujeto, su punto de partida y su dignidad le vienen dados por la conciencia, que se hace consciente de sí misma por el uso reflexivo de la razón, que se descubre como actividad pura e inmaterial, como espíritu.

    Los pensadores empiristas pusieron bastantes reparos a la hora de aceptar la existencia de una realidad que no podía percibirse de ninguna manera, por lo que pronto matizaron el alcance del concepto de espíritu llamándolo de otras formas. Así, John Locke prefirió hablar de mente, y David Hume justificó su existencia hablando del hábito. Sin embargo, para la mayor parte de la filosofía moderna, el concepto de espíritu terminó definiéndose a partir de las ideas cartesianas. La única innovación realmente relevante en el significado del concepto se halla en el pensamiento del pensador idealista alemán Hegel, quien creó una serie de categorías que ampliaban el alcance del término. De esta manera, Hegel aceptaba en primer lugar la existencia de un espíritu subjetivo, equivalente al ya definido por Descartes unos siglos antes. Sin embargo, a éste vino a añadir el espíritu objetivo y el espíritu absoluto, que volvían cada vez más abstracto y universal el entendimiento. Así, se entiende por espíritu objetivo las expresiones concretas del espíritu subjetivo, que gracias a las alianzas y a los esfuerzos sociales consigue crear instituciones reales como el derecho o la moral. El espíritu absoluto es mientras tanto la expresión perfecta de los dos espíritus anteriores, que se consigue gracias a las conclusiones del arte, la religión y la filosofía. De esta manera, la razón consigue llenar el mundo de sentido a través de tres momentos ascendentes, que van desde lo subjetivo hasta lo absoluto, pasando antes por lo objetivo. Esto resulta de suma importancia para el historicismo y la concepción moderna del hombre, puesto que introduce en la historia real de las civilizaciones la espiritualidad, que poco a poco se hace real gracias al esfuerzo de los hombres y las sociedades. Posteriormente, otros autores remarcaron este carácter histórico del espíritu entendido como razón o entendimiento objetivo.