Confucianismo

Representación escultórica de Confucio.

Se llama confucianismo a la doctrina religiosa, filosófica y política que se desarrolló en China, Corea y Japón a partir del pensamiento de Confucio hacia el siglo VI a.C. Posteriormente sus doctrinas fueron modificadas por otros pensadores y políticos, dando lugar a una de las religiones más importantes y determinantes de la historia de oriente.

Vida de Confucio

Confucio es un pensador chino que nació en Chüehli, Shangtun, hacia el año 551 a.C. Pronto desarrolló una importante carrera política en el feudo de Lu, llegando a ocupar el puesto de ministro de justicia. Sin embargo, al no alcanzar ninguna clase de prestigio ante su señor, decidió abandonar la región y sus cargos para dedicarse a buscar un príncipe en todo el territorio chino que quisiese adoptar sus principios éticos y políticos.

Tras reconocer su fracaso en la aplicación práctica de sus doctrinas políticas y morales, Confucio regresó a la región de Lu, donde creó una escuela de carácter filosófico, político y religioso. Pronto empezó a contar con el apoyo incondicional de una serie de discípulos, que honraban su nombre y seguían sus doctrinas, que se han terminado reconociendo bajo el epígrafe de confucianismo.

Además de dedicarse a la redacción de un gran número de textos canónicos (ching), Confucio vivió rodeado de leyendas, que cuentan cómo llegó a conocer a Lao-Tze, fundador de la escuela y corriente filosófica y religiosa conocida como taoísmo.

La vida de Confucio, así como sus últimos días, vienen recogidos en un texto conocido como los Diálogos, en los que se relata que aquél murió convencido de que su misión política, ética, filosófica y religiosa fue un fracaso, puesto que jamás fue capaz de encontrar un príncipe que se decidiese a poner en práctica sus principales doctrinas.

Se considera que en la China actual, más concretamente en la región de Lu, aún existen descendientes de la familia de Confucio, cuyo nombre real era el de Kung Fu-Tze. También se cree que en realidad Confucio no se dedicó a la enseñanza filosófica y moral como resultado de su fracaso político, sino como el fruto de una vocación que lo llevó a abandonar las riquezas de la nobleza para educar al pueblo dentro de su nueva doctrina, que se basaba en las tradiciones chinas más antiguas.

Aunque la mayor parte de los textos que se conservan no fueron escritos por él sino por sus discípulos, también se posee una obra escrita por el propio Confucio, Chun Chui (Primavera y otoño), que constituye el primer intento de elaborar una historia de China.

Aunque no sea reconocido como un genio ni como un santo (puesto que su muerte no estuvo rodeada por ninguna clase de hecho extraordinario), la persona de Confucio sí que constituye una de las figuras más importantes de China. No en vano, el día de su nacimiento se ha terminado convirtiendo en fiesta nacional.

Ideas elementales del confucianismo

Aunque se suele identificar a Confucio y a su pensamiento con las enseñanzas elementales del confucianismo, lo cierto es que el autor chino se limitó a recoger, interpretar y actualizar las viejas creencias e ideas filosóficas, religiosas, éticas y políticas procedentes de la antigua China. No en vano, las propias ideas e interpretaciones de Confucio fueron luego reinterpretadas por otros autores, como Ji Mengké (o Mencio, siglo II a.C.).

El confucianismo supone en primer término una cosmogonía, en la que se explica el origen de todo lo existente. Según esta cosmogonía, en principio sólo había una fuerza abstracta, que dio lugar a dos principios enfrentados aunque complementarios: el yin y el yang. La energía que produjeron estas dos realidades era impersonal, por lo que no se puede identificar con ninguna clase de Dios, y tiene un sentido cósmico, que se halla presente en todo lo existente y fluye a través de todo lo vivo. El yin y el yang son la representación de las energías positivas y las energías negativas, que dieron lugar a la creación del cielo, de la tierra y de todos los seres vivientes. Así, el equilibrio de la realidad depende directamente de la perfecta armonía entre estos dos principios, que deben hallarse de forma proporcional en todo.

Desde un punto de vista moral, el confucianismo, tal y como fue enunciado por Confucio y por Mencio, implica la práctica de la bondad y la sabiduría, de tal modo que cuanto más se conoce de los viejos escritos tradicionales chinos más cerca se está de la benevolencia.

Otro de los principios más destacados del confucianismo es el de la reciprocidad, que es muy similar a los principios del cristianismo. Según esta idea, los hombres deben actuar siempre a partir de la consideración de la posibilidad de que los demás hombres hagan lo mismo. En otras palabras, la máxima primordial del confucianismo es la de “no hagas a otro lo que no quieras que te hagan a ti”. Llama la atención en este principio su carácter prácticamente universal, puesto que no sólo se halla en la religión cristiana, sino también en diversas corrientes filosóficas occidentales, como el racionalismo crítico de Immanuel Kant y el principio categórico enunciado por éste en su moral.

La religión de Confucio distingue además la existencia de cinco virtudes elementales, que son las que deben guiar el comportamiento de todos los hombres: en primer lugar, se encuentra la virtud del amor, que es la que se halla a la base de todas las demás virtudes. En segundo lugar cabe hablar de la virtud de la justicia, que consiste en darle a cada uno lo que merece. En tercer lugar, el confucianismo señala la virtud de la piedad, que es aquella que enseña a los hombres a acatar lo que es justo o lo que se ha establecido como ortodoxo o necesario. La cuarta virtud es la de la sabiduría, que es la que permite distinguir entre lo bueno y lo malo. En quinto y último lugar se encuentra la virtud de la sinceridad y la verdad, que condena la mentira como una forma de ausencia de autenticidad.

Confucio jamás habló de la inmortalidad del alma, y definió la esencia de la existencia a partir de la veneración de los antepasados y el culto a la naturaleza, en la que se debía buscar la armonía.

Las prácticas religiosas del confucianismo pasan por dos momentos: el estudio de los textos antiguos y de la naturaleza y la introspección, con la que se busca el amor, los principios existenciales del yin y el yang y la paz interior.

Tras la muerte de Confucio, el confucianismo se extendió con rapidez por toda China, gracias sobre todo a la dinastía Han, que tomó la religión como doctrina oficial del país. Por otro lado, el movimiento no sólo dio lugar a una comprensión filosófica y religiosa del mundo, sino también a una rígida estructura social basada en una jerarquía piramidal.

A partir del siglo I d.C., se empezaron a levantar templos en memoria de Confucio, que llegó a convertirse casi en una divinidad.

En la actualidad, se calcula que existen más de trescientos cincuenta millones de practicantes del confucianismo en China.