Animismo

    El animismo identifica con divinidades los fenómenos de la naturaleza. En la imagen, representación de Tlaloc, el dios azteca de la lluvia

    El concepto de animismo se emplea para referirse a aquellas creencias que se basan en la certeza de que los objetos naturales están animados, es decir, poseen su propia anima, alma, y son los responsables de un gran número de sucesos trascendentales en la existencia.

    Este tipo de creencia se encuentra muy difundida entre los pueblos primitivos, tal y como indican los más importantes estudios llevados a cabo desde el siglo XIX. No en vano, muchos antropólogos han querido ver en las creencias animistas de las tribus más arcaicas una muestra de lo que debió de ser el mundo religioso de los primeros hombres. Así, se suele afirmar que el animismo es el estado menos desarrollado y complejo de las religiones, una especie de primer paso hacia otras creencias más elaboradas en las que ya se sitúa a Dios fuera del universo.

    El animismo, que es muy similar al panteísmo, se puede encontrar por ejemplo en la primera mitología griega, que hace coincidir a sus dioses con distintos elementos naturales como las tormentas, el mar o el viento. El antropólogo Wolf se mostró muy preciso al respecto, y afirmó en distintas obras que el hombre primitivo tuvo la necesidad de explicar en primer término el porqué de los fenómenos más inmediatos, como la lluvia o la noche. Ante la imposibilidad de dar una explicación positiva o científica, emplearon mitos, dioses mundanos, que constituyen el origen del pensamiento metafísico o de las religiones complejas.

    Sin embargo, otros autores se han opuesto rotundamente a estos planteamientos y han sostenido que el origen de la religión y la metafísica se encuentra en la magia, y no en el animismo. Aquélla se diferencia de éste en que supone una relación activa, alejada de la sumisión de las creencias, que requieren de ofrendas y rezos. Además, la magia no pretende tanto pedir la clemencia de ninguna clase de ente como intervenir en la realidad a través de ritos y símbolos.