Ascetismo

Disciplina física y mental que permite alcanzar la virtud y la beatitud. Esta disciplina se basa fundamentalmente en el esfuerzo, la austeridad y la renuncia, y se encuentra presente en la mayor parte de las religiones que se conocen.

Origen del ascetismo

El concepto de ascetismo halla su origen en la cultura clásica griega, donde se utilizaba para hacer referencia al esfuerzo físico y espiritual que se realizaba con el fin de alcanzar alguna forma de perfección o virtud. Ya los estoicos basaron su forma de vida en el ascetismo, de tal modo que consideraban que la única forma de evitar el sufrimiento y el padecimiento propio de la existencia pasaba por controlar tanto el cuerpo como la mente.

Esta manera de comprender el esfuerzo también se halla presente en las primeras culturas orientales, como la hindú. Sin embargo, en Occidente se generalizó gracias a los pensadores griegos y a la posterior interpretación cristiana de la obra de aquéllos, destacando la reformulación religiosa del principio filosófico por parte de Filón de Alejandría.

Aunque ya los pensadores de la escuela de Elea practicaban el ascetismo, fue sobre todo Platón el que le dio un sentido más definitorio al término. Según el pensador ateniense, la contención de las emociones y pulsiones vitales y la disciplina metal implicaban no sólo una transformación de la existencia y la práctica de la virtud, sino también el desentrañamiento de la verdadera faz del mundo.

Para el pensamiento platónico, el mundo ordinario no es sino una mera apariencia de un mundo trascendental de carácter ideal, y la única manera de acceder al ser, a lo que es en un sentido pleno y absolutamente real, pasa por practicar la ascesis, por negar los instintos y seguir una rígida disciplina mental.

Si en el mundo griego el ascetismo nació vinculado al concepto de verdad o de ser, en las religiones judaica e hindú lo hizo ligado al de santidad. Los primeros brahmanes negaban las necesidades corporales para ingresar en un estado divino en el que comprendían la verdadera esencia del mundo, mientras que los judíos mortificaban su carne para demostrar su capacidad de entregarse a la obediencia a Dios.

El ascetismo en la edad media

El cristianismo por su parte tomó en gran medida los planteamientos de Platón, gracias sobre todo a la obra de san Agustín. Ya desde los primeros tiempos del cristianismo habían surgido los primeros eremitas, que renunciaban al mundo para recluirse en una vida de oración y sacrificio.

En la alta edad media, mientras la Iglesia oficial de Roma vivía sumida en la comodidad, por toda Europa empezaron a surgir las primeras órdenes monásticas, que basaban su forma de vida en el ascetismo.

Los franciscanos o los carmelitas decidieron dejar atrás cualquier forma de comodidad para volver a la vida de Jesucristo, caracterizada por el esfuerzo y el sacrificio. Así, los primeros monjes vivían exclusivamente de la limosna y martirizaban su cuerpo para acceder a una forma de vida más auténtica.

De esta manera, la expresión religiosa del ascetismo griego filosófico supone en realidad una interpretación sagrada de éste. Si Platón pretendía acceder a la verdad mediante la negación de los sentidos, los ascetas cristianos negaban el cuerpo no para acceder a lo cierto del mundo ideal, sino a lo sagrado.

El ascetismo religioso no sólo se halla presente en las expresiones más extremas del ordenamiento monástico, sino también en los sacerdotes de la Iglesia romana. Así, para ser sacerdote es necesario negar la propia carne y el propio cuerpo, asumir el celibato, ser pobre y obedecer en todo momento a Dios.

El ascetismo en la modernidad

A partir del siglo XVI el ascetismo empezó a comprenderse de una manera distinta. El Renacimiento italiano propugnó el reconocimiento del propio cuerpo como una fuente de placer y de sabiduría que no debía escatimarse bajo ningún concepto. El florecimiento de la nueva burguesía hizo que el poder religioso fuese sustituido por el poder laico y que el ascetismo quedase marginado dentro de los límites exclusivos de la religión.

Sin embargo, la edad moderna encerraba en sí misma una clara contradicción. Si bien se pretendía volver a las ideas propias de la Grecia antigua, se negaba la vertiente ascética propugnada por los estoicos o por Platón para ceñirse de manera exclusiva al naturalismo de la física de Aristóteles. Es decir, se tomaba de la antigüedad clásica lo que se consideraba favorable para el desarrollo de un nuevo sensualismo burgués.

Por otro lado, aunque se negaba el ascetismo religioso, se asumía el intelectual. Descartes, por ejemplo, tal y como hiciese con anterioridad Platón, negaba la validez de los sentidos para conocer la verdad y propugnaba un “ascetismo” matemático, la negación de cualquier forma de sensualidad para afirmar únicamente el pensamiento puro.

Desde un punto de vista religioso, la edad moderna supuso la reivindicación de las viejas formas de ascetismo. Mientras la Iglesia de Roma vivía sumida en la abundancia y en la corrupción, los luteranos y los calvinistas propusieron un puritanismo que duró hasta prácticamente la época contemporánea. Pero también dentro del catolicismo surgieron las más relevantes figuras del ascetismo y el misticismo, como santa Teresa de Jesús o san Juan de la Cruz.

En la actualidad el ascetismo religioso en el seno de las distintas iglesias se ha vuelto mucho más flexible y ha dado lugar a una comprensión laica del fenómeno ascético.

La crítica al ascetismo

El pensador vitalista alemán Friedrich Nietzsche es el autor que mejor ha sabido comprender y criticar el fenómeno del ascetismo, tanto en su vertiente religiosa como en su vertiente filosófica.

Para el autor de El anticristo, el ascetismo es una enfermedad vital, que sacrifica la auténtica vida, la del cuerpo, por la falsa vida, por la nada, que viene representada por lo trascendente. Así, tan asceta es un filósofo racionalista como un eremita cristiano. Ambos niegan los sentidos y la verdadera vida para acceder a un falso ideal: la verdad o Dios.

Según Nietzsche en su Genealogía de la moral, el origen del ascetismo se halla en el resentimiento. Para el autor alemán, los débiles pretenden imponerse sobre los fuertes predicando el pecado del cuerpo, haciendo de su necesidad, la debilidad, una virtud. De esta manera, el ascetismo es una enfermedad que pretenden propagar los sacerdotes negando la vida, la guerra o el sexo, elementos definitorios de la auténtica existencia.

Los planteamientos de Friedrich Nietzsche incidieron definitivamente en la comprensión contemporánea del fenómeno del ascetismo. No en vano, la mayor parte de la posmodernidad consiste precisamente en la afirmación de lo aparente, de lo que procede de los sentidos, y en la negación de cualquier forma de trascendencia.

Ésta es una de las razones por las que el ascetismo ha terminado siendo comprendido como un fenómeno puramente religioso, cuyo ejercicio parece desproporcionado fuera de los estrictos márgenes de este ámbito.