Método científico

    El objetivo de la ciencia, especialmente de las experimentales en mayor o menor grado, es establecer teorías que permitan conocer lo desconocido a partir de observaciones. Ello lleva a fundamentar los desarrollos teóricos en los resultados empíricos y, a su vez, a refrendar la validez de las teorías científicas por su valor predictivo o explicativo de los fenómenos naturales. Este conjunto de hipótesis contrastadas experimentalmente se reúnen en un cuerpo doctrinal de conceptos y leyes de interrelación.

    Así pues, según el procedimiento aceptado del método científico, el comienzo de una ley está en las observaciones. A partir de ellas, se elabora una explicación racional y coherente de las mismas que recibe el nombre de hipótesis. El paso siguiente es el contraste de estas hipótesis en un doble plano: con nuevos hechos observados y con aplicación a predicciones.

    Si este contraste es positivo, la hipótesis se revela como veraz y pasa a la categoría de ley. En caso contrario, la hipótesis es rechazada, debiéndose recomenzar el trabajo desde el principio, mediante la formulación de una nueva hipótesis.

    De este modo, el método científico concuerda la teoría con la experiencia y, además, es objetivo y de validez universal. Estas características se logran por medio de comprobaciones objetivas, independientes del observador.

    La necesidad de objetividad explica en cierto modo la ausencia de teorías sustentadas en métodos científicos, tal como hoy se entienden, hasta el siglo XVII. La carencia de instrumentos de precisión que permitieran realizar observaciones y medidas fiables impidió abordar estos principios como bases del conocimiento, que se limitaba en sustancia a la especulación filosófica y el razonamiento mental.

    Finalmente, debe decirse que los postulados que constituyen la base de cualquier teoría deben hallarse lejos de dogmatismos que impidan su revisión y su posible sustitución por otros enunciados de carácter más general.