ACNUR

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) es una organización humanitaria de carácter global constituida a instancias de la Asamblea General de las Naciones Unidas el 14 de diciembre de 1950. Como principal objetivo de su misión contempla la garantía de los derechos y el bienestar de los refugiados, a través de la ayuda a su reasentamiento seguro y de la atención de las necesidades más básicas de estas personas. Para ello, además de la respuesta ante situaciones de emergencia, ACNUR ha instituido programas específicos de repatriación, reasentamiento en los lugares de origen o de acogida e integración local. La organización, que tiene su sede en la ciudad suiza de Ginebra, cuenta con más de 250 oficinas y delegaciones distribuidas por todo el mundo y adopta como referencia de sus acciones la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que contempla el asilo y el refugio de las personas como uno de tales derechos.

Aproximación histórica

El origen de la organización ACNUR se sitúa en la estela de las consecuencias de la II Guerra Mundial, que provocaron más de un millón de desplazados, principalmente en el continente europeo. En un principio se creó como una entidad de carácter temporal que, con base legal en los principios de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Estatuto de los Refugiados adoptada el 28 de julio de 1951, habría de atender las necesidades de los europeos afectados por el mencionado conflicto y colaborar a su reasentamiento. Sin embargo, pronto se comprobó que la misión de ACNUR debería convertirse en permanente.

En un contexto histórico, la primera situación de emergencia a la que hizo frente la organización fue la huida de un elevado número de personas desde Hungría cuando el ejército de la Unión Soviética contuvo violentamente un levantamiento popular contra el régimen imperante en territorio húngaro. El problema de los refugiados se agravó de forma muy importante en los años siguientes a raíz de los procesos de descolonización en diversas regiones de África durante la década de los sesenta. En los siguientes decenios, los desplazamientos masivos de personas asociados a conflictos y persecuciones de diversa índole se hicieron frecuentes en Asia y Latinoamérica. Éstos se sumaron a los existentes en el continente africano y a ellos se añadieron, a finales del siglo XX, los surgidos en el sudeste de Europa como consecuencia del estallido de las guerras nacionalistas surgidas tras el desmembramiento de la antigua Yugoslavia.

Los conflictos bélicos que se sucedieron en Afganistán, Iraq y Siria desde la década de los ochenta hasta la actualidad fueron foco de un flujo muy numeroso de personas desplazadas, tanto en el interior de estos territorios como hacia otros países. Varias situaciones bélicas enquistadas en África, especialmente graves en la República Democrática del Congo, Somalia, Mali y Sudán del Sur, reclamaron una labor intensiva por parte de los funcionarios y colaboradores de ACNUR.

De acuerdo con los informes que publica periódicamente esta institución, en los inicios de 2014 se contaban en el mundo más de cincuenta millones de personas desarraigadas, de las cuales unos 46 millones recibían ayuda de ACNUR. Entre ellas, unos 13 millones se consideraban refugiados, mientras que otros 26 millones eran clasificados como desplazados internos. Según estos datos, las solicitudes de asilo se elevaban a unos 1,2 millones. Los apátridas, los retornados a sus territorios de origen y otras personas en exclusión por carecer de un lugar de asentamiento propio eran también objeto de las actividades del Alto Comisionado para los Refugiados.

Las regiones de Oriente Medio y el norte de África suponían una elevada proporción de las personas en busca de asilo, de las cuales a unos tres millones se les atribuía el carácter de refugiados. En la región de Asía y el Pacífico y en el este africano y la zona del Cuerno de África se manejaban cifras similares. No obstante, el problema alcanzaba una dimensión mundial y afectaba, como emisores o receptores de personas desplazadas, a la mayor parte de los países del mundo.

La labor de ACNUR ha sido ampliamente reconocida a escala internacional. Por sus trabajos de primera línea en la ayuda a los desplazados en Europa, la organización recibió en 1954 el Premio Nobel de la paz. ACNUR fue nuevamente distinguida con este galardón en 1981, esta vez con el reconocimiento a sus méritos a escala global.

Organización y funcionamiento

En el año de su creación, ACNUR fue dotada solamente con 34 funcionarios y un presupuesto cifrado en 300.000 dólares. Transcurridos más de sesenta años desde su instauración, el organismo cuenta en la actualidad con unos 9.300 funcionarios distribuidos en sus sedes de Ginebra y Budapest (unas 1.050 personas) y en más de 300 oficinas y delegaciones repartidas en 125 países. Como dato orientativo, el presupuesto establecido para 2015 se elevó a unos 6.800 millones de dólares.

La estructura interna de ACNUR se rige por los principios establecidos por la Asamblea General de las Naciones Unidas y el Consejo Económico y Social (ECOSOC). Al frente de la misma se sitúa un comité ejecutivo, encargado de la aprobación de los programas de acción y de su dotación presupuestaria.

Como máximo responsable de la organización se sitúa el Alto Comisionado, un cargo que ocupó desde el 15 de junio de 2005 hasta el 1 de enero de 2016 el ex primer ministro de Portugal António Guterres. Sus predecesores inmediatos en esta posición fueron el japonés Sadako Ogata (1990-2000) y el neerlandés Ruud Lubbers (2001-2005). En los inicios de 2016, Guterres fue relevado por el diplomático italiano Filippo Grandi, que contaba con una muy amplia experiencia dentro de la entidad.

La organización ACNUR se divide en los siguientes departamentos principales: Protección Internacional, Operaciones, Relaciones Externas, Gestión de Recursos Humanos, y Sistemas y Tecnología de la Información. Sus acciones son coordinadas y supervisadas por la Oficina Ejecutiva, que integran el citado Alto Comisionado más el Alto Comisionado Asistente y el Jefe de Gabinete. Numerosas celebridades y personajes públicos actúan como embajadores de buena voluntad de la organización.