Carbonífero

    Quinto de los seis periodos geológicos en que se divide la era paleozoica. Comenzó hace unos 360 millones de años y finalizó hace unos 300. En los Estados Unidos se divide en los subperiodos pensilvaniense y misisipiense. A su vez, estos subperiodos se dividen en edades, en función de los diferentes registros fósiles originados en los mismos. Su nombre proviene de los grandes yacimientos de carbón originados en este periodo.

    Fue durante el carbonífero cuando se formó el supercontinente Pangea, resultante de la unión de Gondwana, situado en el hemisferio sur, y de Laurasia, en el hemisferio norte. Tal unión dio lugar a la formación de grandes cadenas montañosas, proceso conocido como orogenia herciniana. Ésta fue de mayor importancia que la anterior, la orogenia caledoniana, acaecida durante el silúrico, y dio lugar a las actuales cordilleras de los Urales, los Apalaches y los Andes, entre otras. El principal océano del planeta era Panthalassa. Otros menores, como el Rheic, el Ural y el Proto-Thetys, desaparecieron a medida que los diferentes continentes se unieron para formar Pangea.

    A mediados del periodo se produjo un descenso del nivel de los océanos, el cual, junto a la discontinuidad de estratos que provocó, marca el límite entre los subperiodos pensilvaniense y misisipiense. La bajada de las aguas provocó importantes consecuencias; en primer lugar, fue la causa de la extinción de gran número de especies marinas. Por otro lado, quedaron al descubierto extensas zonas bajas de los continentes donde se desarrollaron los grandes bosques que posteriormente dieron lugar a los lechos de carbón característicos del periodo. Otro factor de enorme influencia en la formación de los yacimientos de carbón fue el desarrollo de las plantas provistas de corteza.

    El clima predominante durante el carbonífero fue cálido, si bien experimentó un enfriamiento hacia el final del periodo, que concluyó con una edad de hielo. Como consecuencia de la abundante fauna vegetal, el contenido de oxígeno del aire alcanzó el 35%, frente al 21% actual. Esto trajo consigo que proliferaran los incendios forestales, así como el gigantismo de determinadas especies animales, en especial de insectos y anfibios, animales cuyo desarrollo se encuentra acotado en la actualidad por la limitada capacidad de sus organismos para procesar el oxígeno.

    Entre las formas de vida marina destacaron los foraminíferos, los anélidos, los gasterópodos, los equinodermos y, entre los peces, los elasmobranquios (tiburones y sus parientes). Los trilobites continuaron su declive. En el medio terrestre, los anfibios se desarrollaron y diversificaron, llegando a alcanzar en algunas especies los seis metros de longitud. Los reptiles prosiguieron también su desarrollo. Uno de los mayores acontecimientos evolutivos del periodo fue la aparición de huevos de tipo amniótico, que permitían la reproducción en el medio terrestre sin riesgo de desecación para el embrión. Este hecho permitió la notable evolución de los reptiles, la cual culminaría durante el periodo jurásico.