Clasificación climática de Miller

Sistema de categorización y tipificación de los climas ideado por el británico Austin Miller.

A. Miller propuso un modelo de clasificación de los climas terrestres basado en tres parámetros: precipitaciones, temperatura y flora. Esta clasificación tiene la virtud de describir cómo influye el clima en el comportamiento de los seres humanos.

Miller definió seis grandes grupos de climas: cálidos o intertropicales, templados cálidos o subtropicales, desérticos, oceánicos, continentales y polares. A continuación se describen detalladamente sus características principales.

Climas cálidos

Según Miller, estos climas se distinguen porque la temperatura anual media es de 21 °C. Se distinguen dos tipos: ecuatorial y tropical. En el primero, las temperaturas son elevadas y las lluvias abundantes y regulares. La vegetación es exuberante gracias a esas condiciones climáticas y destacan los bosques de hoja caduca. A partir de 49 m de altura, las grandes plantas forman un paraguas filtrante de agua y una capa de vapor que favorece las lluvias.

Las zonas con estos climas no son idóneas para el establecimiento humano debido a la gran vegetación. Además es complicado también para el ganado y para los humanos por las enfermedades tropicales que favorecen las condiciones ambientales y los insectos. El procedimiento aplicado comúnmente de quema de bosques y roza para implantar tierras agrícolas provoca la quiebra del equilibrio ecológico, como sucede actualmente en la región del Amazonas.

En el clima tropical cada zona tiene mayor amplitud térmica, con diferencias de hasta 10 °C entre mínimas y máximas. Las precipitaciones son más variables que las del clima ecuatorial y existe una estación seca más marcada, que llega a la aridez, según se aleja la región del ecuador. La población que habita en estos ámbitos vive la estación seca con una menor ocupación del suelo. Las plantas predominantes son las adaptadas a la estación seca y forman un paisaje más penetrable que el ecuatorial. Entre el bosque y la zona árida suele encontrarse un área de transición (sabana) en la que es posible la agricultura y la ganadería.

Climas templados cálidos

Estos climas establecen una transición entre los desiertos cálidos y los templados fríos. No tienen una estación fría y sus temperaturas son elevadas pero menos que en el trópico. Dependiendo de su ubicación se dan diferentes tipos como el clima mediterráneo o el clima chino. En la zona mediterránea, la vegetación está adaptada a la variación de precipitaciones y temperatura y dominan árboles como la encina, el olivo o el pino resinero.

En el clima chino, las mayores precipitaciones favorecen especies como arbustos de té, robles o hayas. En general, son zonas adecuadas para los asentamientos humanos, en las que se da la agricultura de secano en el clima mediterráneo (olivo, vid, cereales) y de cereales, que requieren más agua, en el clima chino (arroz, mijo).

Climas desérticos

Se caracterizan por la permanente influencia de series de anticiclones. En las zonas tropicales, en los desiertos apenas se producen precipitaciones (menos de 250 mm) y las temperaturas son muy elevadas, ya que no existe la vegetación necesaria para absorber el calor. Las zonas desérticas representan unos 25 millones de kilómetros cuadrados en el mundo y se encuentran especialmente en Australia, África, Asia y, en menor medida, en América. El paisaje es muy árido, compensado en parte por las aguas subterráneas de los oasis.

Las escasas plantas y animales que viven en estas zonas tienen la capacidad de aguantar largas temporadas sin agua y, durante las irregulares precipitaciones, cumplen con rapidez su ciclo vital. Las regiones desérticas sufren despoblación y suelen tener una densidad de población inferior a un habitante por kilómetro cuadrado. Existen también desiertos en zonas templadas, donde las temperaturas no son tan extremas como en las zonas desérticas tropicales.

Climas oceánicos

El principal rasgo distintivo de los climas oceánicos son las abundantes precipitaciones (más de 1.000 mm) bastante repartidas en el tiempo. Las temperaturas son muy moderadas en invierno (no bajan de los 6 °C) y verano (no superan los 25 °C) debido a la influencia moderadora de los océanos. Éstos son los responsables también de las numerosas nubes que pueblan sus cielos, ya que el 50% de los días suele ser nuboso.

Este tipo de clima está más presente en el hemisferio norte y en lugares próximos al mar. La vegetación la componen bosques de hoja perenne (eucaliptos, nogales, hayas, robles, etc.). Los pastos naturales se desarrollan bien y forman un amplio paisaje verde. Con estas características, la influencia sobre los seres humanos es muy notoria ya que son zonas en las que se concentran grandes densidades de población de los países desarrollados.

Climas continentales

Los llamados climas continentales tienen una estación invernal muy fría, con temperaturas inferiores a los 6 °C, y en las regiones más alejadas del mar la media térmica es más extrema, situándose en valores bajo cero. Por el contrario, en verano las temperaturas son muy elevadas y la oscilación térmica anual también lo es (más de 15 °C).

Según la lejanía del mar y la existencia de montañas, las lluvias oscilan entre 250 y 1.000 mm. Las especies vegetales de estas zonas están adaptadas al frío y a la sequedad del verano (coníferas, abetos). Estos lugares favorecen los asentamientos de población, ya que la actividad agraria es posible y el clima, soportable.

Climas polares

Ningún mes registra temperaturas medias que superen 10 °C, por lo que no existe una estación cálida. Estos climas se dan en las extensiones polares, sobre todo en la Antártida y en las zonas más septentrionales de América, Asia y Europa.

La cadena anticiclónica polar impide que se produzcan precipitaciones, por lo que éstas son muy poco abundantes. En la época de las heladas, apenas existe vegetación y tampoco asentamientos humanos. Los lugares sometidos al clima polar acogen únicamente al 0,02% de la población mundial.