Fósil animal

Caparazón de un ammonite, molusco del devónico.

Estructura o huella de origen animal conservada en un sedimento o estrato.

Los diferentes restos que han dejado los animales que vivieron en la Tierra hace millones de años son abundantes y variados. A través de los estudios científicos que se han realizado sobre los fósiles hallados es posible hacerse una idea de las características de la fauna del pasado y, por tanto, de las condiciones ambientales y los cambios que se produjeron en el planeta.

Atendiendo a los diversos tipos de fósiles encontrados se puede establecer una clasificación sistemática de los mismos. La más elemental distingue entre animales vertebrados e invertebrados, donde estos últimos presentan una rica variedad y diversificación de especies.

Fósiles vertebrados

La variedad de fósiles vertebrados se encuentra escasas veces de forma aislada y nunca en posición de vida. En el registro geológico, estos fósiles no son muy abundantes y tienen gran interés para la paleontología. En el grupo se encuentran los anfibios, los reptiles, las aves y los mamíferos. Como tipos de fósiles de vertebrados pueden referirse los fragmentados (huesos sueltos) y los ejemplares completos, con todos los huesos.

El género humano se considera parte de este conjunto. Se llama homínidos fósiles a los restos encontrados de seres humanos que habitaron la Tierra desde hace más de cuatro millones de años. Se trata de unos hallazgos de gran valor notablemente difíciles de encontrar.

Estos restos permiten plantear una aproximación a la evolución de la especie humana. En la actualidad no existe un acuerdo unánime en la comunidad científica para establecer cuál sería el árbol genealógico definitivo de la evolución del hombre, fruto de la relación entre los homínidos fósiles y la especie humana tal como se conoce. Sin embargo, los diferentes estudios y teorías surgidos de las investigaciones permiten comprender mejor la especie y su desarrollo.

Los científicos consideran que los restos de homínidos fósiles corresponden a los antepasados de la especie actual. Se agrupan en dos géneros: Australopithecus, los más antiguos y con resemblanzas de los grandes simios, y Homo, que aparecieron hace unos dos millones de años. La evolución humana se extiende durante el cuaternario, y el desarrollo cultural tuvo lugar en el holoceno.

El resto de homínido más antiguo del que se tiene conocimiento fue encontrado por el paleontólogo Michel Brunet en el Chad en el año 2002. Es un cráneo de unos seis o siete millones de años de antigüedad, al que se bautizó como Toumaï. Aunque posee gran parecido con el cráneo de un chimpancé, presenta los dientes caninos pequeños y el esmalte de mayor grosor que el de un simio. Además, en la base del cráneo tiene una zona en la que se anclaban los músculos, lo que hace pensar que probablemente caminaba erguido.

Fósil de dinosaurio carnívoro (Museo Ernesto Bachmann, El Chocón, Neuquén, Argentina).

Fósiles invertebrados

Dentro de los invertebrados adquieren especial relevancia los fósiles de moluscos. Este grupo del reino animal es muy abundante en el registro fósil, con hallazgos desde el cámbrico superior. Sus miembros poseen el cuerpo compuesto por la cabeza, el pie y una masa visceral en un pliegue del manto que, además, tiene un caparazón interno calcáreo. Los bivalvos, encuadrados en ellos, son moluscos con caparazón externo de dos valvas. Se tiene conocimiento de ejemplares desde el silúrico y en la época actual cuentan con numerosos representantes.

Dentro de los invertebrados se encuentran también los equinodermos y los foraminíferos. Los primeros son invertebrados marinos con una variada morfología, compuesta por formas de flor, estrelladas o fusiformes, entre otros ejemplos. En la época del cámbrico inferior surgieron los primeros ejemplares, que se conocen desde ese momento hasta la actualidad. Por su parte, los foraminíferos son organismos unicelulares cuya principal característica son los pseudópodos que utilizan para moverse, comer y construir el caparazón que les envuelve.

En otro grupo figuran los celentéreos o cnidarios. Hay restos de ellos desde el cámbrico y, en la actualidad, tienen representantes vivos. Por su parte, los braquiópodos, invertebrados de vida marina, se conocen desde el cámbrico inferior; alcanzaron una gran distribución durante el paleozoico, pero muchos grupos se extinguieron ya en el mesozoico. En el jurásico comenzó su declive. Hoy existen unos setenta géneros, frente a los dos mil géneros fósiles que se han analizado.

Briozoos, cefalópodos, poríferos y gasterópodos son grupos de animales vivos que poseen un rico registro de fosilización. Los briozoos son invertebrados celomados que poseen una masa visceral y una corona de tentáculos. Han aparecido restos fósiles desde el ordovícico en sedimentos marinos. Los cefalópodos son moluscos con simetría bilateral y tentáculos cefálicos, con restos desde el cámbrico superior.

A su vez, los poríferos son metazoos simples y acuáticos. Son las clásicas esponjas, cuyos fósiles se remontan al menos al periodo cámbrico. Se han conservado por su esqueleto interno, formado por sustancias minerales o córneas. Finalmente, los gasterópodos, como los caracoles comunes, son moluscos fósiles de gran diversidad cuyos restos se remontan al ordovícico.