Fósil vegetal

    Elementos vegetales conservados en una piedra de ámbar.

    Estructura de origen vegetal conservada en un sedimento o estrato.

    Por sus propias características, los tejidos vegetales fosilizan con más dificultad que los animales. Los frutos o las flores, por ejemplo, no suelen conservarse en el registro fósil y sólo lo hacen partes más fuertes como los tallos leñosos o las hojas, elementos que pueden resistir la descomposición orgánica.

    Las plantas tienen dos formas elementales de fosilización: mineralización e incrustación. En el proceso de mineralización, las sustancias vegetales se transforman en minerales. En cambio, el proceso de incrustación se produce con los vegetales acuáticos, gracias al efecto fosilizador que ejerce el agua que contiene carbonato cálcico sobre los organismos cuando su concentración es suficientemente elevada. Una vez convertidos en fósiles, los restos vegetales pueden formar la mayor parte de muchas rocas, como en el caso del carbón, las rocas calcáreas de origen orgánico vegetal o el petróleo.

    Dado que raramente se mantiene un organismo vegetal entero y sólo se conservan partes o impresiones de sus formas, resulta muy complicado establecer una clasificación de los fósiles vegetales. Por este motivo puede suceder que una misma especie se denomine de diferentes formas según los diversos estudios realizados sobre las partes encontradas.