Fósil

    Centro Paleontológico Lago Barreales (Provincia de Neuquén, Argentina).

    Estructura o huella de un ser vivo conservada en un sedimento o estrato. Como norma general, se consideran fósiles sólo aquellos restos cuya procedencia es de más de diez mil años de antigüedad.

    Desde la antigüedad se han encontrado fósiles de animales marinos lejos de las costas, un hecho que llevó a los filósofos griegos a pensar que esas zonas habían estado cubiertas por el mar en otras épocas. Aristóteles y otros miembros de su escuela filosófica observaron que determinadas rocas parecían imitar curiosamente algunas siluetas de seres vivos.

    Con el triunfo del cristianismo, estos restos fósiles pasaron a considerarse como testimonio del Diluvio Universal. La idea de que los fósiles son restos de organismos que existieron en el pasado no empezó a cuajar en la mentalidad occidental hasta entrada la edad moderna.

    El naturalista francés Georges Cuvier, que vivió a caballo entre los siglos XVIII y XIX, se interesó por indagar en los seres del pasado y descubrió que a través del estudio de los fósiles se pueden enunciar ciertas leyes sobre la evolución de la vida. Estos restos se empezaron a utilizar como indicadores de la antigüedad de los estratos geológicos: si se ordenaban los restos fósiles cronológicamente, era posible desarrollar una escala de edad relativa específica para los grupos de estratos.

    El francés Georges Cuvier (en la imagen, condecorado) y el inglés William Smith fueron dos de los primeros naturalistas que se ocuparon del estudio de los fósiles. El primero fue un precursor de la paleobiología, mientras que el segundo realizó importantes estudios de bioestratigrafía.

    Cuvier fue un precursor de la paleobiología, o estudio de los seres vivos de periodos geológicos pasados. En la misma época, el inglés William Smith impulsó la bioestratigrafía, ciencia que aplica la biología histórica a la geología con el fin de asignar a cada estrato una edad relativa. Para ello se sirvió de los fósiles como indicadores cronológicos y llegó a la conclusión de que las diversas especies vivieron en la Tierra durante un periodo de tiempo limitado y no volvieron a reaparecer. Sólo un razonamiento semejante podría explicar que figuraran únicamente en un espesor de estratos.

    Estos hallazgos llevaron a formular la ley de la sucesión faunística, que sostiene que cada estrato puede ser identificado según los tipos de fósiles que tiene. De esta forma, los fósiles permiten datar los estratos terrestres, aportando una idea de su edad.

    Argentinosaurius (Museo Carmen Funes , Plaza Huincul, Provincia de Neuquén, Argentina).

    Entre los diversos tipos de fósiles tienen especial relevancia los llamados fósiles característicos o guía, muy útiles para establecer correlaciones entre los estratos. Algunos de ellos se encuentran en estratos superpuestos, mientras que otros aparecen únicamente en uno concreto; además, los presentes en las capas superior e inferior son diferentes, pertenecen a distintos periodos de la historia de la Tierra.

    De este modo, si se encuentran los mismos fósiles en regiones lejanas entre sí, se podría afirmar que corresponden a un mismo periodo. Estos restos reciben, por razones obvias, el nombre de fósiles guía. Así sucede, por ejemplo, con los nummulites hallados en las rocas del terciario inferior, los dinosaurios del mesozoico o los trilobites del paleozoico.

    Esqueleto de un dinosaurio joven del cretácico conservado en una roca sedimentaria.

    Fósil de trilobite, uno de los animales más característicos del paleozoico.

    Entre los fósiles que más interés han despertado se sitúan los dinosaurios, que desaparecieron súbitamente de la faz de la Tierra hace unos 65 millones de años. Durante los siglos XIX y XX, una verdadera edad de oro para la búsqueda de fósiles, los científicos y los aficionados se embarcaron en peligrosas expediciones para localizar nuevos restos, que les llevaron incluso a realizar excavaciones en desiertos inhóspitos de Asia y otros lugares del globo.

    Actualmente persiste el interés por estos restos, a lo que contribuye la acumulación permanente de nuevos hallazgos. El misterio de los dinosaurios ha alimentado la imaginación popular, tal como demuestran las aproximaciones a estos animales extintos en numerosas series documentales y películas cinematográficas.