Sydney

Bahía y puerto d

Fundada como una colonia penitenciaria británica, la ciudad de Sydney es la más cosmopolita y antigua de Australia.

La ciudad de Sydney se encuentra en la costa sudoriental de Australia, dominando la bahía de igual nombre. Su paisaje está demarcado por tres límites naturales: al sur, el casco urbano alcanza la bahía de Botany; al norte, se extiende hasta el lago Macquarie; al oeste, su trazado remonta el cauce del río Parramatta en busca de las estribaciones de las montañas Azules.

Tiene un clima de características subtropicales, con dos estaciones bien marcadas, en cuanto a pluviosidad, aunque con una temperatura media de 25 ºC a lo largo de todo el año. A pesar de ello, no es extraño que en verano la temperatura supere los 40 ºC cuando la urbe se ve azotada por el aire seco y caluroso del interior.

Administrativamente, Sydney es la capital del estado de Nueva Gales del Sur. Su área de influencia engloba a más de cuarenta organismos locales que poseen amplios poderes de decisión en diferentes áreas. De hecho, el parlamento y el gobierno del estado sólo tienen plenas competencias sobre el transporte y la policía. Igualmente, las normas y reglamentos emitidos desde el ayuntamiento de Sydney sólo afectan al centro comercial y los barrios interiores de la ciudad.

Su población asciende a más de cuatro millones de habitantes, conocidos popularmente como sydney-siders y de muy diferentes orígenes. Los mayoritarios, que se remontan a los orígenes de la ciudad, descienden de británicos e irlandeses. A ellos se suman grupos de italianos, griegos y asiáticos (libaneses y vietnamitas, sobre todo) llegados a la ciudad tras la Segunda Guerra Mundial. También se encuentran minorías aborígenes y chinas.

Aunque una cuarta parte de la población afirma ser no creyente, Sydney es un conglomerado de confesiones, entre las cuales sobresalen anglicanos, católicos y ortodoxos. Además, hay comunidades de musulmanes, hindúes, judíos, taoístas y budistas.

La ciudad de Sydney se distingue por ser el principal centro industrial y comercial del continente australiano. La producción se diversifica, principalmente, entre refinerías de petróleo, compuestos químicos, alimentos preparados, construcciones mecánicas y navales. El comercio se sustenta sobre la actividad del puerto marítimo y del aeropuerto, considerados como los más importantes de Australia. La actividad portuaria se distribuye entre las instalaciones de Jackson y las de Botany. La primera se encuentra en la misma bahía de Sydney y se dedica, fundamentalmente, al tráfico y exportación de las producciones de carne, trigo y lana. En Botany, se construyeron unas instalaciones específicas para el transporte de productos petrolíferos y sus derivados.

El turismo y el cine también proporcionan interesantes ingresos a la ciudad. Por un lado, en las últimas décadas, el negocio turístico ha ido ganando peso, mientras que la industria cinematográfica se deja sentir no sólo por el amplio número de salas existente, sino también por la actividad de la Fox Studios de Australia. A esta compañía se debe el rodaje de filmes tan celebrados como Matrix.

Bien comunicada por carretera y ferrocarril con las principales poblaciones del continente (Adelaida, Brisbane, Melbourne, Perth...), Sydney también cuenta con los servicios del aeropuerto internacional de Kingsford Smith, a sólo ocho kilómetros del casco urbano.

Historia

Aunque la zona había sido descubierta por James Cook a mediados del siglo XVIII, el origen de la ciudad de Sydney está íntimamente ligado a las exploraciones del capitán inglés Arthur Phillip. Éste llegó a la costa sudoriental de Australia en 1788, recalando en Port Jackson, en la bahía de Sydney. El primer asentamiento se desarrolló en las proximidades de una cueva donde manaba agua dulce y donde la profundidad de las aguas permitía el acceso de los buques. La gruta, que en la actualidad es el centro de la ciudad, fue bautizada con el nombre de Sydney Cove, homenajeando al primer ministro del interior Thomas Townshend, lord Sydney.

Muy pronto el asentamiento fue convertido en un centro penitenciario bajo el mando de un gobernador británico y recibió a los colonos y a buen número de reclusos. Las difíciles condiciones de vida derivadas de la escasez de alimentos y la pobreza del suelo ocasionaron constantes enfrentamientos entre los colonos libres y los presos.

En 1813, los colonos se dirigieron hacia el oeste, explorando y colonizando las montañas Azules y las llanuras de Nueva Gales del Sur. El desarrollo de la ciudad al incorporar estos nuevos territorios propició un aumento de las labores agrícolas, cuyos excedentes se dedicaron a la exportación. Se levantaron entonces escuelas, iglesias, hospitales y parques y se propició un crecimiento urbano que seguía las directrices del arquitecto Francis Greenway, condenado en Londres por un delito de falsificación. A finales del siglo XIX, Sydney había multiplicado por siete su población, contando con cuatrocientos mil habitantes. Además, en 1855, se terminó la vía férrea que conectaba la ciudad con Parramatta.

A pesar de que la “fiebre del oro” favoreció durante unos años el crecimiento de Melbourne, Sydney recuperó su protagonismo a partir de 1920. En 1932, se abrió el Harbour Bridge, un impresionante puente que une el norte y el sur de la bahía con una longitud de medio kilómetro. Por él circulan dos líneas férreas, una carretera de ocho carriles y dos vías de peatones. La inauguración coincidía con el fin de la depresión de 1929, acompañada por una intensa actividad del sector de la construcción y el aumento de los precios internacionales de la lana. La Segunda Guerra Mundial marcó una nueva etapa para la ciudad. Muchos europeos se refugiaron en esta urbe, que se extendió hacia el oeste. En 1988, Sydney celebró su bicentenario llevando a cabo un profundo proceso de remodelación. Entre las diferentes obras que se realizaron, destaca el barrio de Darling Harbour y las instalaciones creadas para albergar los Juegos Olímpicos del año 2000.

Cultura, ocio y servicios

La capital de Nueva Gales del Sur cuenta con los servicios culturales de tres universidades: la de Sydney, la de Nueva Gales del Sur y la de Macquarie. Museos, salas de exposiciones, teatros y cines son los escenarios elegidos para desarrollar una intensa actividad cultural. Entre las manifestaciones culturales más destacadas se encuentra el festival de Sydney, celebrado en verano y en el cual sobresalen los conciertos de jazz. No menos importantes son la Bienal, que acoge diferentes muestras de arte contemporáneo donde no faltan obras multimedia; el Festival de Cine y el Gay & Lesbian Mardi Gras Parade, festejo homosexual que tiene lugar en el barrio de Darlinghurst.

Entre los museos de la ciudad destaca el Australian Museum, donde se expone la mejor colección de historia natural del continente. A él se suman el Museo de Arte Contemporáneo, la Galería de Arte de Nueva Gales del Sur y el Museo Marítimo Nacional Australiano. La Biblioteca del Estado de Nueva Gales del Sur reúne un magnífico fondo documental y bibliográfico, mientas que la Opera House es un espectacular escenario donde se dan cita las compañías de danza Sydney Dance Company, el Australian Ballet y la Bangarra Dance Theatre.

Sydney cuenta con numerosas zonas verdes y deportivas. El Royal Botanic Gardens, fundado en 1816, Hyde Park, el Domain, el Chinese Garden y el Centennial Parklands son los parques más concurridos por los sydney-siders. La población se adorna con uno de los mejores acuarios del mundo, donde se reproduce la Gran Barrera de coral; un interesante zoológico, el Taronga Zoo, y un santuario especialmente dedicado a los koalas, uno de los animales más representativos del continente.

Entre los servicios que ofrece la ciudad, destaca la completa red sanitaria y la calidad de los transportes públicos. El más espectacular es posiblemente el tren monorraíl que permite llegar al centro urbano desde el barrio de Darling Harbour.

Un recorrido por Sydney descubre un limitado patrimonio monumental debido a la juventud de la ciudad. De hecho, los rascacielos, como la Torre de Sydney, y los edificios de oficinas ocupan el centro urbano, dedicado a las actividades financieras. El núcleo vital de la urbe lo constituye Circular Quay, donde se encuentra Sydney Cove. Entre los edificios más añejos, destaca la catedral de Santa María, levantada en 1868, así como la Casa de Gobierno, el Parlamento, el Sydney Hospital, los cuarteles de Hyde Park, el Mint Building, la Biblioteca del Estado y la iglesia de St. James. No obstante, los auténticos emblemas de la ciudad son el Harbour Bridge y la Opera House.

Otros puntos de interés son el barrio de Darling Harbour, convertido en un centro de ocio; las calles de Kings Cross, posiblemente las más cosmopolitas de la ciudad, donde se encuentra el conocido como “distrito rojo”; y los barrios de Darlinghurst y Paddington, ornado este último por numerosas tiendas de moda, galerías de arte y terrazas de estilo victoriano. Al sur de Harbour Bridge, se encuentra The Rocks, una aldea del siglo XIX convenientemente restaurada y que es el primer asentamiento europeo de la isla.