Ciudad-estado

    El término ciudad-estado fue acuñado por los historiadores británicos de finales del siglo XIX para definir un tipo de ciudad independiente que domina política, cultural y económicamente un territorio circundante. Los historiadores de este periodo encontraron que, en determinadas áreas y periodos, como en la antigua Grecia, Fenicia o la Italia medieval, no se puede hablar de grandes imperios o estados que integren extensos y diversos territorios y pueblos, sino de este tipo de ciudades dominantes.

    Originalmente, el concepto de ciudad-estado se acuñó para referirse a las ciudades de la Grecia antigua, como una actualización del término polis, con el que los mismos griegos definían este mismo tipo de estructura política. Para los griegos, la polis era un centro administrativo, que dominaba un territorio definido y se distinguía de otras estructuras políticas como la nación, en su tamaño y su organización interna.

    Los orígenes de las ciudades-estado griegas son confusos y se pierden en el tiempo. Probablemente surgen cuando se produce una decadencia de los grupos tribales, que tienden a dividirse y a concentrarse en torno a núcleos urbanos independientes, hacia el año 1000 a.C. Esta fórmula se irá extendiendo por el área del Egeo, la Grecia peninsular, el mar Negro y el occidente del Asia Menor. A medida que estas ciudades-estado fueron creciendo en tamaño y población, las necesidades de subsistencia las empujaron a expandirse por otras áreas, enviando contingentes de colonos que, a su vez, hacían surgir nuevas ciudades-estado. Este proceso tiene lugar entre 700 y 500 a.C., fundándose nuevos asentamientos por todo el Mediterráneo.

    Cada ciudad-estado era políticamente independiente, siendo frecuente que en ocasiones se produjeran enfrentamientos entre ellas. A veces, una amenaza exterior podía provocar el surgimiento de una federación o alianza, como en el caso de la guerra entre griegos y persas. Sin embargo, las disputas y la división facilitaron la entrada o la conquista de otros pueblos, como macedonios, cartagineses y romanos.

    Con todo, el fenómeno de la ciudad-estado no es exclusivo de la cultura griega, estando presente en muchas otras regiones y periodos. La misma Roma fue, en sus comienzos, una ciudad-estado. Con el advenimiento del imperio romano la fórmula decae en Europa, no siendo hasta el siglo XI cuando comienza a resurgir, igualmente en Italia. En ese momento, varias ciudades comienzan a experimentar un notable desarrollo económico, fundamentalmente comercial, que les lleva a experimentar un gran desarrollo urbano, político, militar y administrativo. Ejemplos de este periodo son Venecia, Florencia, Pisa, Milán, etc. Su organización estatal incluye instituciones como un consejo político, una asamblea general, magistrados, cónsules, etc.