Atomismo

    El concepto de atomismo hace referencia a tres realidades distintas:

    Atomismo filosófico. Formado por los filósofos de la naturaleza griegos Leucipo, Demócrito y los epicúreos del siglo V a.C.

    Atomismo científico. Desarrollado en la época contemporánea a partir de los estudios del átomo llevados a cabo por científicos como John Dalton <BIO1138>.

    Atomismo psicológico. Afirma que todos los fenómenos psicológicos hallan su razón de ser en la existencia de fenómenos atómicos, aislados, que puestos en relación dan lugar a la vida psíquica del sujeto.

    Desde un punto de vista filosófico, el atomismo que goza de una mayor relevancia es el elaborado por los primeros filósofos de la naturaleza griegos, quienes trataron de explicar la totalidad de lo real a partir de la existencia de dos elementos: los átomos y el vacío.

    Según Leucipo y Demócrito, los átomos son cuerpos materiales, tan pequeños que no pueden ser percibidos a simple vista. Estos corpúsculos se caracterizan además porque no son divisibles, de tal forma que constituyen la base de todo lo que existe.

    Además, los átomos son en sí objetivos, por sí mismos no dan lugar a nada. Sólo a través de su combinación y su composición terminan generando los objetos y las realidades que conforman el mundo tal y como éste es percibido por el ser humano.

    Los átomos se disponen sobre el vacío, lo que permite su libre movimiento; y dan lugar tanto a la generación de la vida como a su extinción.

    Las cualidades de los cuerpos vienen siempre determinadas por los movimientos y las formaciones de los átomos, y pueden producir tanto cualidades objetivas, que no dependen de la percepción humana, como cualidades subjetivas, circunstanciales, como son el color o el sabor.

    Por último, según este atomismo clásico, los átomos se mueven siguiendo unas leyes universales e inmutables, comunes a todos los cuerpos, que hacen que los corpúsculos se reúnan formando torbellinos en los que las partes más pesadas son llevadas hacia el centro. Tanto los epicúreos como Aristóteles, quien comparó los átomos a las letras del alfabeto, heredaron esta visión de los átomos. Posteriormente, Gassendi hizo una lectura cristiana del atomismo griego y dio la espalda al materialismo de los antiguos filósofos de la naturaleza.