Averroísmo latino

    Se llama averroísmo latino al pensamiento encarnado principalmente por el pensador medieval del siglo XIII Sigerio Bravante, quien interpretó la filosofía de Aristóteles al margen de la ortodoxia escolástica. Esto lo llevó a ser condenado y se cree que murió asesinado.

    El análisis del pensamiento de Aristóteles había llevado a los filósofos escolásticos a una encrucijada intelectual. Si bien se admitía la mayor parte de las verdades procedentes del ideario aristotélico, como la de las cuatro causas o la de la sustancia, los escolásticos encontraron dificultades en todo lo referido al tema de la inmortalidad, piedra angular de su pensamiento y su doctrina.

    Aristóteles parecía admitir, tal como sostuvo Averroes, que el alma sólo era una imagen intelectual de Dios, una facultad que necesitaba del cuerpo para llevar a cabo su cometido, que era conocer; por lo que, una vez desaparecido el cuerpo, el alma carecía de sentido, podía perecer.

    Los averroístas latinos, como Sigerio Bravante, al sostener ideas muy similares, fueron tachados de averroístas y, en ocasiones, condenados por herejía.

    Por otro lado, el averroísmo latino suponía la asunción del principio de la doble verdad. Si la escolástica más ortodoxa trataba de unificar los esfuerzos de la filosofía y la religión para llegar a una sola verdad, los averroístas en general, y los averroístas latinos en particular, mantenían que debía contemplarse la posibilidad de que existiesen dos ámbitos de estudio y dos formas de verdad completamente heterogéneas e independientes. De un lado las verdades de la razón, del otro las de la fe.

    Según Sigerio Bravante, los dogmas de fe de la Iglesia católica impedían que la filosofía y la razón llegasen a unas conclusiones más certeras acerca de la naturaleza humana y su alma, por lo que lo más conveniente era que ambas instancias se separasen de manera definitiva para que cada una alcanzase sus propias certezas.

    La asunción filosófica y racional de la filosofía de Aristóteles suponía no sólo la negación de la inmortalidad del alma, sino también la idea de que el mundo no fue creado por Dios. Los averroístas creían que el mundo era eterno, lo que entraba en confrontación directa con lo que se relataba en las santas escrituras.