Eclecticismo

    Desde un punto de vista general, se llama eclecticismo al hecho de mezclar dentro de una misma doctrina filosófica una serie de corrientes e ideas dispares y heterogéneas, dando lugar a un pensamiento poco coherente o contradictorio.

    De esta manera, se puede llamar ecléctica a la filosofía de un gran número de pensadores de todos los momentos de la historia de la filosofía, como el personalismo comunitario de Mounier o el evolucionismo espiritualista y vitalista de Henri Bergson, que mezcla elementos procedentes de doctrinas tan dispares como el evolucionismo, el hegelianismo y el vitalismo.

    Sin embargo, también se conoce como eclecticismo al pensamiento desarrollado por una serie de pensadores entre el siglo segundo a.C. y el final de la edad media. Esto se debe a que a partir del siglo primero de la era moderna se trataron de ajustar las viejas ideas procedentes de la filosofía clásica griega al nuevo e incipiente paradigma cristiano.

    Orígenes, por ejemplo, tuvo que forzar su lectura de Platón y Aristóteles para encontrar una base filosófica sólida que hiciese creíble el proyecto religioso e intelectual cristiano.

    Un tanto de lo mismo se podría decir de la obra de san Agustín, que aúna la teología cristiana a la metafísica y la ética platónicas; sin embargo, la brillantez de sus propuestas hizo que se le llamase ecléctico dejando a un lado cualquier forma de consideración peyorativa.

    Los neoplatónicos, que también trataron de aunar pensamiento y religión, se caracterizaron asimismo por su eclecticismo, que consistió en mezclar el pensamiento de Platón con la magia y libros sagrados de dudosa procedencia.

    A finales de la edad media destaca también por su profundo eclecticismo Eckhart, quien intentó unificar bajo una misma doctrina el pensamiento aristotélico, la cábala, el neoplatonismo, la mística hebrea y los autores musulmanes.

    Otros autores eclécticos son Clemente de Alejandría, Antíoco de Ascalón, Benito Jerónimo Feijoo o el filósofo moderno Víctor Cousin, además de la mayor parte de los pensadores de la antigua Roma, que al no poseer un pensamiento propio se apropiaban de la filosofía clásica griega a partir de unos prejuicios y unas interpretaciones poco sólidas.

    El origen del concepto de eclecticismo se halla por primera vez en la obra de Diógenes Laercio, historiador de la filosofía clásica griega que empleó el término para hacer referencia al pensamiento de Potámones, filósofo nacido en Alejandría, que quiso dar lugar a una nueva doctrina a partir de la fusión de un gran número de corrientes antiguas.

    Por otro lado, cabe señalar que el eclecticismo, comprendido desde un punto de vista general, no tiene por qué conducir necesariamente a la falta de coherencia, y que es habitual encontrar en la obra de los grandes pensadores extrañas conexiones entre ideas tradicionales.

    Es el caso, por ejemplo, de la obra de Arthur Schopenhauer, quien reúne bajo su voluntarismo el pensamiento de Platón, el criticismo de Immanuel Kant o las ideas más elementales de las religiones védicas.

    En consecuencia, se puede afirmar que el eclecticismo, comprendido de forma peyorativa, no tiene por qué ser el resultado necesario de la mezcla indiscriminada de corrientes e ideas, sino más bien de falta de claridad y talento para dotar de coherencia a lo que, en principio, es completamente dispar o inconexo.