Calvinismo

El calvinismo es una doctrina religiosa cristiana que parte de la negación de algunos de los presupuestos fundamentales del catolicismo. Como la mayor parte de las formas de reformismo, el calvinismo nació en el siglo XVI, y fue condenado por la Iglesia católica en el concilio de Trento, que se celebró entre los años 1545 y 1563 y que pretendía afirmar la ortodoxia cristiana ante el empuje del luteranismo y el calvinismo.

El calvinismo recibe su nombre de su principal representante y creador, Juan Calvino.

Vida de Juan Calvino

Juan Calvino, o Jean Cauvin, nació en Noyon, Francia, en el año 1509. Estudió teología, derecho y humanidades en Orleans, París y Bourges, y pronto expresó públicamente su adhesión a la Reforma emprendida años atrás por Martín Lutero, quien se opuso frontalmente a la Iglesia católica a propósito de la venta de indulgencias para expiar los pecados.

La heterodoxia de la que hacía gala Juan Calvino lo condujo al exilio, trasladándose a Basilea, ciudad en la que publicó su obra más representativa e importante, Institutio religionis christianae, que escribió primero en latín para luego traducirla al francés. Aunque la obra contenía en su edición original de 1536 la mayor parte de las tesis que integran el calvinismo, fue objeto de un gran número de revisiones por parte de Calvino, que fue introduciendo a lo largo de los años diversas modificaciones y matizaciones.

Una vez alcanzó cierta notoriedad e influido por otros simpatizantes del protestantismo, Calvino decidió trasladar su lugar de residencia a Ginebra invitado por el también teólogo Farel, ciudad en la que el movimiento protestante estaba completamente implantado. El teólogo reformista aprovechó esta tesitura para implantar en la ciudad un nuevo estado religioso, que se caracterizó por la rigidez y la intolerancia. Así, negaba cualquier forma de enriquecimiento o comodidad y persiguió a los herejes a través de su consistorio, un órgano similar a la Inquisición, que acabó con la vida de un gran número de personajes relevantes, como el pensador y médico de origen español Miguel Servet, que fue quemado en la hoguera.

Otras obras relevantes de Juan Calvino fueron Confessions de foi, Petit traité de la Sainte Cene o De Scandales.

En los últimos años de su vida Calvino continuó con una actividad frenética, que lo condujo a fundar la Academia de Ginebra, ciudad que se convirtió en un reducto experimental donde el calvinismo pudo poner en práctica la mayor parte de sus doctrinas morales y políticas.

Murió en Ginebra en el año 1564.

El surgimiento del calvinismo

Al igual que sucedió con el luteranismo, el calvinismo surgió en medio de un periodo religioso decadente. Desde el siglo XII, año en el que la Iglesia católica instauró su sede en Roma, el cristianismo institucional había entrado en un proceso de decadencia. Los sacerdotes y los papas vivían rodeados de la más exagerada riqueza y la iglesia llegaba al siglo XV sumida en la incultura y la corrupción.

No en vano, la mayor parte de los dogmas impuestos a los creyentes, como la existencia del purgatorio, no se basaban ya en la lectura directa de las Sagradas Escrituras, sino en la interpretación interesada de textos vagos.

De esta manera, la Iglesia de Roma empezó a fundamentar su funcionamiento y su riqueza en una nueva política religiosa, basada en expandir el miedo a la condena eterna entre el vulgo. El pago de indulgencias supuso una importante fuente de ingresos para el clero, como lo demuestra la construcción de gran parte del Vaticano.

Esta situación institucional y religiosa partía de un dogma de fe, de una interpretación forzada de las escrituras según la cual la gracia de Dios se podía ganar a través del trabajo para la Iglesia. En otras palabras: los pecados y la salvación de las almas no dependían ya de forma exclusiva de los planes divinos, sino de la mediación de la Iglesia, que ponía precio a la salvación.

Esto suponía una interpretación débil del pecado original, según el cual todos los hombres nacen condenados y sólo Dios decide quién se salva, al margen de las acciones que se hagan en vida.

Si el luteranismo nació de la crítica al enriquecimiento de la Iglesia a partir de la interpretación interesada de las escrituras, el pecado original y la gracia de Dios, el calvinismo hizo algo similar, aunque llevando sus consecuencias hasta unos extremos más radicales.

La doctrina del calvinismo

El calvinismo se basa en cuatro principios fundamentales, que se oponen en mayor o menor medida a la ortodoxia establecida por la Iglesia de Roma. Estos cuatro principios se pueden resumir de la siguiente manera:

1. La absoluta soberanía de Dios.

El calvinismo parte de una idea elemental: Dios es el absoluto soberano de todo lo que sucede en el universo. Esto quiere decir que no hay que comprender al Dios cristiano como a un padre amoroso en el que se puede influir mediante el pago de indulgencias o el mero arrepentimiento; Dios es más bien un Dios justiciero, similar al Pantocrátor medieval, cuyas decisiones y cuyos designios son completamente inquebrantables.

Esta rígida y austera concepción de Dios contrasta con la católica, que se basa en el perdón, el amor y la comprensión de los asuntos y los errores humanos.

2. El principio de la doble predestinación.

Según el calvinismo, los hombres están predestinados, desde que nacen, a dos destinos opuestos: el de la salvación en los cielos y el de la condenación en los infiernos. Esto implica que no existe ninguna clase de obra que pueda cambiar lo que ya está decidido desde el principio de los tiempos.

Dios elige a quién da la gracia y a quién se la niega, de tal forma que ya sabe quién va a ser capaz de escapar al pecado original y quién está predestinado al error y a la condenación.

Esta concepción de la gracia y el pecado comprometen gravemente la libertad del hombre, que está completamente predestinado a actuar correcta o incorrectamente de forma invariable.

Un ejemplo de esta forma de comprender la libertad humana se halla en la obra del pensador racionalista alemán Leibniz, según el cual Dios ya sabe desde que imaginó el mundo quiénes se salvarían y quiénes se condenarían. Lo que sucede, dice Leibniz, es que el hombre no es consciente de esta predestinación, por lo que, a efectos prácticos, actúa siempre desde la libertad.

3. La perversión del hombre

Otra de las características elementales del calvinismo es su consideración peyorativa de la naturaleza humana. Para Juan Calvino, el hombre, por culpa del pecado original, está completamente corrupto, y su tendencia natural es la de la perversión y el pecado.

Esto explica la intolerancia de la que hizo gala el propio Calvino en el estado protestante de Ginebra.

4. El carácter implacable de la gracia de Dios.

Como ya se ha expuesto anteriormente, la gracia de Dios es infalible, y no hay nada que varíe su determinación, que hace que unos hombres se salven y otros se condenen eternamente.

Por ello, de la misma forma que es inevitable la presencia del mal y el error en la vida de la mayor parte de los hombres, también es completamente ineludible la santidad de unos pocos elegidos.

El calvinismo negó la realidad de cinco de los siete sacramentos de la Iglesia católica, y sólo reconoció la validez y la verdad del bautismo y la eucaristía. Además se basó en la consideración de que la Bibliaera la única fuente capaz de suministrar las verdades de fe, negando todos aquellos dogmas que habían surgido a partir de la interpretación de los textos, así como las verdades de fe que se impusieron en los distintos concilios celebrados por la Iglesia de Roma.

Consecuencias del calvinismo

Gracias a su austeridad y a su comprensión del trabajo y la fortuna, el calvinismo se extendió con rapidez por toda Europa, a pesar de la oposición de los católicos, que llegaron a masacrar a los hugonotes (protestantes calvinistas franceses). Según el calvinismo, la fortuna y las riquezas son una especie de adelanto de la gloria de Dios, y el hecho de que una persona triunfe en los negocios implica que está tocado por la mano de la divinidad.

Esta forma de comprender la riqueza y el desarrollo egoísta e individualista de la propia persona ha conducido a que muchos pensadores e intérpretes hayan visto en el calvinismo el origen del capitalismo.

En la actualidad existen diversos movimientos calvinistas, que se hallan presentes en medio mundo. Sin embargo, aunque se respetan determinadas ideas como la de la predestinación y la fortuna procedente de la gracia, se han dejado a un lado las ideas más radicales.