Petrología

    Rama de la geología dedicada al estudio de las rocas, abarcando sus condiciones de formación, así como sus propiedades físicas, mecánicas, térmicas, eléctricas y magnéticas, entre otras. La petrografía es, a su vez, una rama de la petrología que se ocupa de la descripción minuciosa de las rocas, desde su composición mineral hasta su textura. Por otra parte, la petrología experimental estudia las rocas mediante aparatos que reproducen condiciones de elevada temperatura y presión, lo que resulta útil para la investigación de materiales provenientes del manto o zonas profundas de la corteza, donde imperan tales condiciones. No hay que olvidar que las rocas son agregados naturales de uno o varios minerales, y que constituyen las unidades básicas de las que se compone la Tierra.

    Las principales divisiones de la petrología corresponden a los tres tipos existentes de rocas: sedimentarias, ígneas y metamórficas. La petrología sedimentaria se centra en el estudio de rocas formadas a partir de fragmentos de rocas preexistentes. Tales fragmentos son arrancados de la roca origen por los diversos agentes meteorizantes: el viento, la lluvia, los glaciares, los seres vivos, etc. A continuación, se ven transportados, a menudo por los mismos agentes, hasta las cuencas de sedimentación. Éstas corresponden a zonas bajas del terreno, como el fondo de los mares, y pueden hallarse a grandes distancias del lugar de origen de los fragmentos rocosos. En las cuencas, los sedimentos se depositan en forma de capas, que quedan enterradas a medida que sobre ellas se acumulan nuevos materiales. Se produce así una compactación de los sedimentos que conduce a la formación de una roca sedimentaria. Ejemplos de rocas sedimentarías son la caliza y el carbón.

    El campo de estudio de la petrología ígnea son las rocas de este tipo. Se forman cuando una masa de magma procedente del interior de la Tierra encuentra una vía para ascender a la superficie. Durante su recorrido, el magma experimenta un descenso de temperatura y puede solidificarse antes de alcanzar la atmósfera. Si ocurre así, se genera un tipo especial de rocas ígneas, denominadas intrusivas. Éstas ocupan huecos existentes en el terreno. Si tales huecos son de gran tamaño, se formarán grandes masas de roca intrusiva, que, en este caso particular, reciben el nombre de plutónicas. Si por el contrario los huecos son de reducido tamaño, como grietas o fracturas, las rocas ígneas intrusivas se conocen como filonianas. Un ejemplo familiar de roca intrusiva es el granito. Por otra parte, puede suceder que el magma alcance la superficie; por ejemplo, a través de un volcán. En este caso experimenta un enfriamiento brusco y da lugar a unas rocas ígneas denominadas extrusivas. Éstas se caracterizan por su gran porosidad, puesto que durante el enfriamiento el magma libera los gases que portaba en disolución. La piedra pómez y el basalto son ejemplos de este tipo de rocas.

    Por último, la petrología metamórfica se ocupa de las rocas generadas a partir de la transformación de otras rocas ya preexistentes. Tales transformaciones son consecuencia de un cambio en las condiciones del medio donde se ubica la roca; principalmente, aumentos de la temperatura y la presión. Por ejemplo, puede suceder que una roca sedimentaria, a medida que se hunde más y más debido a los nuevos materiales que se depositan sobre ella, alcance tal profundidad que la temperatura y la presión asciendan lo bastante como para originar en ella una serie de cambios. Puede ocurrir también que una roca se vea atacada por una corriente líquida que actúe como disolvente. En cualquier caso, la nueva roca presenta una composición y características más estables y apropiadas para las nuevas condiciones del medio. La pizarra, que proviene de la arcilla, y el mármol, fruto de la metamorfosis de la caliza, son ejemplos de rocas metamórficas.