Arrecife

    Toda roca, línea de arena u obstáculo situado bajo la superficie del agua pero a distancia lo bastante próxima de ésta como para representar un peligro para la navegación.

    Los arrecifes pueden poseer origen inorgánico, siendo el resultado, por ejemplo, de procesos de erosión y acumulación de sedimentos, o bien ser de naturaleza orgánica. En este último caso, el ejemplo más característico lo constituyen los arrecifes de coral.

    Los arrecifes coralinos están formados por un armazón sólido de coral, si bien el responsable del crecimiento del conjunto son las algas calcáreas. Los corales no son capaces de realizar el proceso de fotosíntesis, por lo que viven en una relación simbiótica con estas algas, que sí lo efectúan. Para que un arrecife de coral pueda desarrollarse la temperatura del agua debe estar entre los 20 y los 28 ºC, por lo que estos arrecifes sólo se dan en áreas tropicales y dentro en la zona fótica, a profundidades inferiores a los 50 m, donde las algas reciben la luz necesaria para su supervivencia. Existen arrecifes coralinos fósiles, constituidos por especies de coral ya extinguidas, como el Rugosa y el Tabulata. Otros arrecifes de naturaleza orgánica son los formados por acumulaciones de restos de organismos marinos. Ejemplos de este último son los amontonamientos de esqueletos de Archaeocyatha, un organismo ya extinto, que vivió en el periodo cambriano, y que poseía un esqueleto de forma cónica o tubular.

    Arrecifes notables son la Gran Barrera de Coral de Australia y el arrecife de Belice.

    Arrecife en la isla Amedée, en Melanesia.