Lago

    El Gran Lago Salado de Utah tiene una salinidad seis veces mayor que la del agua marina.

    Masa de agua rodeada de tierra que ocupa una depresión del terreno. Este término abarca tanto enormes extensiones de agua, como el mar Caspio o el lago Superior, como pequeñas acumulaciones de agua de carácter estacional, que desaparecen durante los meses cálidos.

    El aporte de agua a los lagos puede venir de ríos o bien de acuíferos subterráneos, que afloran cuando el nivel freático supera la superficie del terreno.

    Atendiendo a su origen los lagos se dividen en: tectónicos, cuando son generados por procesos geológicos de la corteza terrestre, como la apertura de fallas; volcánicos, producidos por volcanes; fluviales, por aporte de ríos y acumulación de sus aguas, como por ejemplo, en valles obstruidos; eólicos, generados por el viento, como es el caso de ciertos oasis del Sahara, y erosivos, causados, por ejemplo, por el paso de un glaciar, entre otros tipos posibles. De entre todos ellos, los más habituales son los volcánicos y los erosivos. Los lagos volcánicos ocupan cráteres de volcanes extinguidos, mientras que los lagos erosivos se hallan en su mayor parte en los lechos de antiguos glaciares, en cavidades excavadas por la fricción de la lengua de hielo contra el terreno.

    Lago Mascardi, en el parque nacional argentino de Nahuel Huapí.

    Existen otros diversos criterios en base a los cuales se pueden clasificar los lagos, como su profundidad, los tipos de sedimentos que contienen (clásticos, carbonatos, sulfatos, etc.), la cantidad de nutrientes y oxígeno presentes en ellos (lagos oligotróficos y eutróficos), el modo en que circulan sus aguas (polimíticos, monomícticos y meromícticos), o su salinidad (lagos dulces y salados).

    Ejemplos de lagos importantes, además de los ya citados, son el Victoria y el Tanganica, en África; el Maracaibo y el Titicaca, en Sudamérica; y el Míchigan y el Hurón, en Norteamérica.

    Representación morfológica de los principales lagos del mundo.