Lluvia ácida

    Efectos de la lluvia ácida en un bosque.

    Descarga acuosa con contenido de ácidos, especialmente los derivados de los óxidos de azufre debidos a la contaminación atmosférica.

    Los combustibles fósiles, carbón y petróleo, proceden de seres vivos, animales y plantas de otras épocas, que, en condiciones especiales, quedaron sometidos a determinados procesos anaerobios de carbonización. Aquellas plantas y animales presentaban en la constitución de su materia diversas proteínas, con contenido en nitrógeno y, con muchísima frecuencia, también azufre, elementos que, por consiguiente, se hallan presentes en dichos combustibles fósiles. Por otra parte, el carbón y el petróleo son rocas carbonosas, lo que implica que el carbono se encuentra presente en ellas en grandes proporciones. Como consecuencia, cuando arde un combustible fósil o cualquier derivado de ellos, se producen en grandes cantidades dióxido de carbono y óxidos de azufre y nitrógeno.

    En cualquier caso, la emisión de los óxidos de azufre y de nitrógeno va a ser la causante de la lluvia ácida, mientras que la producción de dióxido de carbono va a potenciar el llamado efecto invernadero.

    Es importante destacar que tanto el nitrógeno como el azufre se hallan ampliamente difundidos en la naturaleza (sólo el nitrógeno constituye el 80% del aire) y que lo que es verdaderamente contaminante son sus combinaciones oxigenadas, sobre todo, como sucede en las proximidades de zonas fabriles y de grandes ciudades, cuando se alcanzan altas concentraciones de estos productos.

    Al arder, el azufre origina dióxido de azufre, SO2. Gran parte de él termina por caer sobre la tierra, siendo absorbido por animales y plantas y realizándose así la llamada deposición seca, aun cuando la superficie receptora esté húmeda. El depósito se realiza con esta sustancia en forma gaseosa o mediante pequeñas partículas de la misma. Pero otra parte del SO2 emitido se oxida, es decir, se une al oxígeno, originándose así trióxido de azufre, SO3, el cual, con el vapor de agua siempre presente en la atmósfera, produce ácido sulfúrico.

    Otro tanto sucede con el nitrógeno presente en los combustibles fósiles. Al arder, origina óxidos de nitrógeno, NOx, que, también con el agua, dan lugar al ácido nítrico.

    En consecuencia, las descargas acuosas en las zonas en cuya atmósfera abundan los dos anteriores ácidos llevan disueltas diversas cantidades de ambos, constituyendo así la llamada lluvia ácida. Los efectos descritos no se circunscriben sólo a zonas industriales o urbanas en las que se queman grandes cantidades de derivados del petróleo, ya que esa deposición húmeda que es la lluvia ácida puede descargar en parajes alejados de su lugar de producción, al ser trasladados por los vientos los óxidos de azufre y nitrógeno generados.

    Por tanto, la lluvia ácida no es un problema local, sino nacional e, incluso, internacional, lo que significa que la lucha contra ella sólo tendrá resultados positivos en el marco de los acuerdos entre diferentes países desarrollados.

    La consideración de la lluvia ácida como agente contaminante y degradador del medio ambiente se inició en 1979 en la Conferencia de las Naciones Unidas celebrada en Ginebra, pero fue en 1982 cuando se publicó el documento, titulado "Acidificación del Medio Ambiente", en el que se exponía por vez primera y con absoluta claridad la necesidad de limitar el consumo de combustibles fósiles y, en general, la importancia de controlar el vertido a la atmósfera de gases sulfurosos y nitrosos. Del mismo modo, en 1981, otro informe elaborado por científicos norteamericanos alertaba de la gravedad del problema, advirtiendo que podía ser causa en un futuro no muy lejano de una drástica disminución en la producción de alimentos, lo que acarrearía, sin duda, graves problemas de tipo económico, político y social. Desde luego, parece indiscutible que la lluvia ácida tiene unos indeseables efectos en suelos y aguas.

    En el caso de los suelos, dejando al margen el grado de negatividad de su incidencia, ya que en él influyen las características geológicas y bioquímicas de cada terreno, resulta claro que, en todo caso, se registra una pérdida de elementos nutritivos, como el calcio, el magnesio y el potasio, todos los cuales son fundamentales para el desarrollo de los cultivos de las plantas.

    La polución de gases sulfurosos y nitrosos tiene efectos negativos sobre masas boscosas, al provocar cambios fisiológicos en los árboles que pueden inhibir su crecimiento y, además, la mencionada disminución de elementos nutritivos impide la proliferación de la vegetación, amenazando así la existencia de la fauna herbívora del entorno.

    Con respecto a las aguas, la acidificación es aún más grave, ya que éstas, a veces, tienen menor poder de regeneración que los suelos. El aumento de componentes ácidos en arroyos, ríos y lagunas altera el equilibrio de los iones presentes en estas masas acuosas y provoca un incremento en el depósito de metales pesados. Especialmente importante es la contaminación de aguas subterráneas, en las que se han encontrado concentraciones de aluminio, cinc, cobre y cadmio entre 10 y 100 veces mayores que las presentes en capas freáticas no contaminadas.

    Del mismo modo, la acidificación de las aguas ha supuesto en muchas zonas una disminución constatada de crustáceos, moluscos y peces, motivada, sin duda, porque éstos y los diversos invertebrados acuáticos son muy sensibles a los cambios de acidez. También se ha demostrado que se origina una disminución de algas verdes y un aumento de algas filamentosas y musgos, que, al constituir un verdadero manto, no dejan pasar la luz, impidiendo así la fotosíntesis de plantas subacuáticas, que constituyen el alimento para diversas especies pobladoras del medio. Consecuentemente, la destrucción de la flora y fauna superficial es especialmente nociva para los anfibios, auténticos depredadores de insectos, y, a su vez, fuente de proteínas para algunas aves y mamíferos.

    La contaminación, provocada por la quema de combustibles fósiles como el petróleo o la emisión a la atmósfera de gases contaminantes procedentes de las industrias, es la principal causante de la polución atmosférica de ciertas regiones del planeta.