Civilización

Una civilización es una cultura con un grado relativamente alto de complejidad social y desarrollo técnico, un estadio avanzado de sociedad que cuenta con una sólida trayectoria histórica y una unidad cultural. Las civilizaciones no son entidades estáticas, ya que están sujetas a una continua evolución. Su trayectoria presenta claras semejanzas con la de todo organismo vivo: una civilización nace, se desarrolla, llega a su apogeo, entra en decadencia y, finalmente, termina por desaparecer en la vorágine de la historia.

Las primeras civilizaciones surgieron entre hace ocho mil y seis mil años. La producción agrícola y ganadera, la actividad comercial, la forja de los metales, la escritura, la vida urbana, la división del trabajo y la existencia de una organización estatal fueron algunos de los aspectos definitorios de aquellas primeras civilizaciones. Ello no significa que todos estos aspectos se diesen en cada una de ellas, ya que ni el entorno en que se desarrollaron las civilizaciones ni su evolución histórica y cultural fueron los mismos. Por ejemplo, la civilización maya clásica no conocía la pólvora pero, en contrapartida, poseían un nivel avanzado de conocimientos astronómicos.

Los historiadores coinciden en señalar dentro de las más importantes civilizaciones antiguas a la andina, la mesoamericana, la china, la india, la egipcia, la sumeria, la babilonia, la cretense minoica, la semítica (fenicio-cartaginesa), la grecorromana y la bizantina. En la actualidad perviven, adaptadas a los nuevos tiempos, viejas civilizaciones como la china y la india, junto con otras nacidas más recientemente como la islámica (aparecida en el siglo VII en Arabia con la predicación del profeta Mahoma) y la occidental, producto básicamente de la fusión medieval de la herencia cultural grecorromana con el legado religioso judeocristiano.

Las civilizaciones, focos de irradiación cultural

El alto nivel de desarrollo de las civilizaciones convierte a estas de forma casi automática en importantes focos de irradiación o difusión cultural. De hecho, se puede considerar que la difusión cultural es un fenómeno intrínseco a toda civilización: los rasgos que la definen como tal superan las fronteras geográficas y sociales y son imitadas, en mayor o menor medida, por otros grupos humanos. Un ejemplo de ello es la influencia de la civilización occidental: aunque nació en torno al mundo mediterráneo (Grecia, Roma, Palestina), durante la edad media fue avanzando por Europa hasta que, a partir del siglo XV, “exportó” gran parte de sus valores a América, Oceanía y partes de África y Asia.

El grado de difusión cultural y de permeabilidad mostrada ante la irradiación de los rasgos característicos de una civilización depende de muchos factores. Por ejemplo, las civilizaciones precolombinas adoptaron muchas características culturales de los colonizadores españoles debido al largo contacto temporal y a la diferencia de progreso técnico entre ambas. Al contrario, la cultura china se mostró siempre reacia a adoptar características occidentales debido a su alto grado de desarrollo y a la escasez de contactos entre ambas culturas. La civilización occidental, a su vez, ha recibido la influencia de otras culturas y civilizaciones a pesar de su predominancia actual: el alfabeto de los fenicios, los números de la tradición hindú-islámica, el papel de China, etc. Todo ello quiere decir que la difusión no depende tanto de la hegemonía política o militar (los conquistadores germánicos se “convirtieron” en muchos casos a la derrotada cultura grecorromana) sino del diferente desarrollo entre unos y otros.