Factor biótico

    Al carecer de posibilidad de desplazamiento, las plantas superiores y los hongos deben adaptarse a la variación de temperaturas en su medio.

    Iguana verde o común. Entre los animales poiquilotermos, o de sangre fría, los reptiles se distinguen por su capacidad de alcanzar una temperatura corporal superior a la del medio.

    En ecología, se entiende por factores abióticos al conjunto de relaciones que se establecen entre todos los seres vivos de un ecosistema. Entre dichas relaciones se pueden encontrar las encaminadas a la reproducción, la convivencia en un mismo espacio y, sobre todo, aquellas surgidas de la necesidad de alimentarse. El concepto de factor biótico complementa así al de factor abiótico, el cual se refiere a cada uno de los componentes inanimados del ecosistema (la luz, el agua, etc.).

    Al transpirar a través de la piel, los animales propios del desierto, como el dromedario, logran reducir la pérdida de humedad.

    Dado que son organismos estenohalinos, los corales toleran mal las variaciones de concentración de sales.

    Probablemente el factor biótico más importante se basa en el hecho de que las comunidades de organismos vivos tienen una estructura básica de interdependencia, que se fundamenta en primer lugar en las formas de aprovechamiento de la energía. En función de la forma de asimilación de energía, los organismos se dividen en autótrofos y heterótrofos.

    Las arañas son ejemplos característicos de seres heterótrofos secundarios de pequeño tamaño. En sus redes atrapan a los insectos que les sirven de alimento.

    Todos los procesos vitales que se producen en nuestro planeta son activados por la luz solar. La energía del Sol es la que aprovechan determinados organismos para, a través casi siempre de la fotosíntesis, formar moléculas orgánicas complejas a partir de sustancias inorgánicas simples, como el dióxido de carbono o el agua. Estos organismos son los seres autótrofos (término que en griego significa que se alimenta por sí mismo) o productores. Los productores terrestres son las plantas, mientras que los del medio acuático son las algas y determinadas cianobacterias. Casos particulares dentro de esta categoría son, por ejemplo, las especies que habitan en las chimeneas hidrotermales de los fondos oceánicos, en las que los productores son bacterias no fotosintéticas que aprovechan la energía química en vez de la solar para la activación de su ciclo vital.

    Las púas y espinas del cactus tienen como función defender a la planta de las agresiones de otros seres vivos.

    Todos los demás seres vivos obtienen energía de la materia orgánica producida por otros organismos de los que se alimentan. Son los heterótrofos (en griego, que se alimentan de otros), o consumidores. Éstos, a su vez, se diferencian en primarios, si sólo comen plantas (animales herbívoros), y secundarios, que se alimentan de los primarios. Los consumidores secundarios son los carnívoros de tamaño proporcionalmente pequeño o medio, como las arañas, los pájaros insectívoros (entre ellos el petirrojo, el jilguero o el mirlo), o algunos peces (por ejemplo, la carpa). Por último, los consumidores terciarios son aquellos que pueden alimentarse de herbívoros o de otros carnívoros y entre ellos se cuentan todos los grandes predadores, como el león, el cocodrilo o el tiburón.

    Hay otras categorías complementarias dentro de esta ordenación jerárquica. Los consumidores omnívoros, por ejemplo, pueden alimentarse de productores y consumidores primarios y secundarios. Se trata de animales que comen tanto vegetales como otros animales, y entre ellos se cuentan mamíferos como el oso, el cerdo, el zorro o el ser humano; aves como la gaviota, el avestruz o el ñandú, y reptiles como la iguana y algunas tortugas.

    El mimetismo es un mecanismo de defensa por el que algunos seres, como el insecto hoja de la imagen, se confunden con su entorno.

    Existen además otros consumidores que se alimentan de materia orgánica en descomposición. Son los llamados detritívoros, entre los que hay animales terrestres, como la lombriz de tierra o ciertos escarabajos y termitas, y acuáticos, como los caracoles marinos y las almejas. Afines a los detritívoros son los descomponedores o desintegradores, que degradan la materia orgánica y aprovechan los productos de la descomposición como fuente de energía. Ejemplo de este tipo de organismos son los hongos, que descomponen tanto los azúcares simples como la celulosa de la madera.

    La potente toxicidad de sus cardenólidos ahuyenta a los depredadores de las mariposas Monarca.

    Enmarcados dentro de estas interacciones se encuentran las relaciones que fijan los individuos de una misma especie, llamadas relaciones intraespecíficas, y las que se establecen entre especies distintas, conocidas como relaciones interespecíficas. Las primeras favorecen actividades como la reproducción, mientras que en las segundas la cooperación intenta obtener beneficios para ambas especies, como la simbiosis, o busca establecer la competencia, por ejemplo la depredación, donde una especie se aprovecha de otra.

    En este contexto, se puede afirmar que las tres principales interacciones bióticas que se establecen en el seno de una comunidad ecológica y de un ecosistema son:

    La depredación, interrelación ecológica en virtud de la cual una especie, la depredadora, da muerte a otra, para alimentarse de la materia orgánica que ésta aporta

    Diversas especies emplean el agrupamiento de un gran número de individuos como defensa ante sus depredadores. Esta táctica es habitual entre los peces pequeños.

    Aunque la depredación es propia del reino animal, algunas plantas han desarrollado mecanismos que les permiten alimentarse de pequeños insectos. Una de ellas es la Drosera filaformis que se muestra en la imagen.

    La simbiosis, una relación biótica entre dos especímenes que supone una interacción estrecha y duradera entre ambos, a los que se llama simbiontes. En sentido estricto, la simbiosis debe reportar beneficio para las dos especies asociadas (mutualismo), aunque también se suelen considerar como tales el comensalismo, en el que uno de los simbiontes obtiene beneficio y el otro permanece sin alteraciones, y el parasitismo, en el que una de las especies se beneficia a costa de la otra.

    El mutualismo es una relación simbiótica que reporta beneficios para las dos especies que la practican. Es el caso, por ejemplo, de la fusión de hongos y algas, cuya simbiosis genera una nueva especie vegetal llamada liquen o de la asociación del pez payaso y las anémonas, que sirve de protección mutua para ambos seres.

    La competencia, interrelación biótica que se produce cuando dos o más especímenes de una población o una comunidad ecológicas utilizan un mismo recurso, como el alimento, el agua o el espacio vital.

    En una zona boscosa, los árboles de mayor porte, al recibir más cantidad de luz, limitan el crecimiento de los ejemplares de menor tamaño. Entre ambas especies se produce una competencia por interferencia.