Infiltración hidrológica

    Río subterráneo de las grutas eslovenas de Postojna. El agua subterránea erosiona los terrenos por donde pasa, modelando en ocasiones espectaculares formas geológicas en los suelos y los techos de cuevas ocultas en el interior de la tierra.

    Proceso en el cual una parte del agua de lluvia que llega al suelo se filtra a través del mismo para quedar recogida en depósitos subterráneos.

    La proporción del agua infiltrada depende de varios factores. En primer lugar, del grado de permeabilidad que posea el terreno. Para que el agua pueda penetrar en una roca, ésta debe contar con poros, los cuales tienen además que estar comunicados entre sí.

    En segundo lugar, esta proporción depende de la inclinación de la superficie, ya que, cuanto mayor sea ésta, el agua tenderá a correr por la pendiente hacia zonas de menor altura, sin tener tiempo para filtrarse. Finalmente, depende de la cantidad de vegetación que exista, pues cuanto mayor sea más será el agua que capte para su nutrición, y menos, por tanto, la que pueda llegar a filtrarse.

    La mayoría del agua presente en los continentes es subterránea. Los depósitos de agua subterránea reciben la denominación de acuíferos. En ellos el agua puede permanecer estancada, o bien circular lentamente, impulsada por la fuerza gravitatoria, hacia ríos y lagos, o directamente hacia el mar. Cuando el terreno se encuentra saturado por completo, viéndose superada su capacidad para contener agua, ésta es desplazada hacia la superficie por capilaridad. Este proceso, inverso al de infiltración, se denomina surgencia.

    El límite que separa la zona del terreno que se encuentra saturada de agua de la que no lo está es el nivel freático. La posición de este nivel es variable. Puede subir o bajar, dependiendo de las precipitaciones y, en general, de los aportes de agua al suelo.

    Grupo de estalactitas de las grutas eslovenas de Postojna