China

China es el país más poblado de la tierra y una de las naciones más antiguas del mundo. La conservación de sus tradiciones, el temprano desarrollo de la escritura y el apego a los valores familiares han hecho posible su continuidad a través de los tiempos. Aunque China caminó en la antigüedad un paso por delante del resto del mundo, como demuestran algunos de sus inventos (el papel, el dinero o la pólvora, entre otros muchos), durante el siglo XIX y buena parte del XX se sumió en una lenta decadencia que desembocó en la revolución de finales de la década de 1940. De cara al nuevo milenio, China se ha situado como una de las potencias más influyentes del planeta y ha experimentado una modernización de sus estructuras políticas, sociales y educativas dentro de un sistema que ha dado en llamarse economía social de mercado.

Bandera de China.

Medio físico

China está situada en la mitad oriental de Asia. Su territorio comprende una extensión de 9.596.960 kilómetros cuadrados. Se trata de uno de los países más grandes del mundo, junto a Rusia, Canadá y los Estados Unidos. Limita al norte con Mongolia, Rusia y Corea del Norte; al sur, con Vietnam, Laos y Myanmar; al sudoeste, con la India, Bután y Nepal; y al oeste, con Pakistán, Afganistán, Tadzhikistán, Kirguizistán y Kazajstán. El resto del perímetro de la nación china da al mar: el litoral este está bañado por el mar Amarillo y el océano Pacífico, mientras que las costas del sur emergen sobre el mar de la China Meridional. En esta zona, el estrecho de Taiwán separa a China de la nación insular homónima, cuya independencia no es reconocida por las autoridades continentales, que reclaman la soberanía sobre la isla.

Orografía

A lo largo del territorio chino pueden encontrarse todas las formas de paisaje posibles: depresiones, llanuras, montes, altiplanos y zonas montañosas. La extraordinaria variedad del relieve de China se pone de manifiesto en un simple dato: China alberga el punto más alto de la tierra, el monte Everest, con 8.848 metros; al mismo tiempo, en territorio chino se encuentra uno de los lugares de más baja cota del planeta, la depresión de Turpan Pendi (situada en el centro-norte del país), que está a 154 metros bajo el nivel del mar. Entre ambos extremos, casi todos los escenarios posibles se hallan en China.

En la frontera entre Nepal y China se halla el punto más alto de la tierra, el monte Everest (en la imagen) que alcanza 8.848 metros.

Una de las características más destacadas de la orografía china la constituyen sus sistemas montañosos. Casi un tercio de la superficie del país está ocupada por montañas. El altiplano del Tíbet, en el sudoeste, es la región montañosa más elevada de la Tierra. Sus cumbres se alzan por término medio por encima de los 4.000 metros. Aparte del ya citado Everest, en esta región fronteriza con Nepal y Bután, llamada «el techo del mundo», se elevan picos como el Gongger (7.719 metros) y el Kula Kangri (7.554 metros).

Una segunda zona de alta montaña se extiende hasta los montes de Kunlun y Chi-lien, en el norte, y las sierras de Chiung-lai y Taliang, al este. La altitud en esta área se sitúa en torno a los 2.000 metros. Los altiplanos y las depresiones se suceden a lo largo de una extensa zona que incluye las cuencas de Tarim y Szechwan, la región montañosa de Yunnan-Kweichow y las mesetas de Mongolia y Loess.

Las cordilleras de Wu, Ta-lou y Tai-hang marcan el comienzo de una nueva zona diferenciada. Más allá, la altitud media desciende en dirección sur, hasta situarse en un promedio de 500 metros, en una sucesión de planicies y colinas hasta el mar de China.

De oeste a este, cabe diferenciar tres grandes regiones que comparten algunas características comunes. Se trata del noroeste, el sudoeste y el centro-este de China.

En la zona noroeste se encuentran dos grandes cuencas: la de Dzungaria y la de Tarim. La primera se extiende desde la frontera con Mongolia, en los montes Altai, hasta Tian Shan. Se trata de una extensión plana, con una elevación media de 400 metros, árida y sin apenas vegetación. En su mayor parte está constituida por un desierto de dunas que se extiende por el este hasta el desierto del Gobi.

La cuenca de Tarim, al norte del altiplano del Tíbet, está rodeada de formaciones montañosas: Tian Shan, Pamir y las montañas Kunlun. A sus pies se extiende el desierto de Takla Makan, uno de los más infecundos parajes de la tierra. Entre las áreas montañosas que rodean la cuenca destaca el sistema de Tian Shan, un conjunto de cordilleras y depresiones cuyas cumbres alcanzan alturas en torno a los 4.500 metros. En su vertiente oeste se pueden encontrar impresionantes glaciares de más de treinta kilómetros.

La zona sudoeste de China es la más elevada del país. Dentro de ella se encuentra la región de Yunnan-Kweichow, caracterizada por altiplanos y valles abruptos, cañones y desfiladeros. Al este de esta región, el relieve kárstico se adueña del paisaje. El efecto del agua se deja ver en el terreno calizo, donde abundan los barrancos, las depresiones y las corrientes subterráneas.

También en el sudoeste se eleva el gran altiplano del Tíbet, cuyas principales alturas ya se han consignado. En las cumbres tibetanas se originan buena parte de los grandes ríos de la región, como el Yangzi, el Brahmaputra o el Mekong.

El centro-este de China conforma una extensa área que se divide en varias zonas diferenciadas. Hacia el centro geográfico del país se hallan las montañas de Tsinling, segunda cadena montañosa del país, cuya máxima altura está representada por los 4.107 metros del monte Tai-pai. Estas montañas están situadas en la provincia de Shensi, y trazan una línea imaginaria que divide a China en dos mitades, una al norte y otra al sur. Su altitud media oscila entre los 900 y los 3.000 metros. En el norte de la provincia de Hunan se encuentra un espectacular paisaje montañoso inmerso en el parque forestal de Zhangjiajie.

Montañas del parque forestal de Zhangjiajie, ubicado en el centro-oriental de China, en la zona septentrional de la provincia de Hunan.

Más al sur, la cuenca de Sichuan se encuentra rodeada de sistemas montañosos que la protegen de los fríos vientos septentrionales. La bonanza del clima permite el aprovechamiento agrario de la cuenca. Las numerosas pendientes han sido acondicionadas para el cultivo con innumerables terrazas que dan a la cuenca un perfil característico.

La planicie de Manchuria, al nordeste del país, consiste en una enorme llanura de 350.000 kilómetros cuadrados, separada en dos mitades por una sucesión de pequeñas colinas de unos 200 metros de altura. El paisaje estepario domina Manchuria, aunque alternando con bosques, prados y tierras de cultivo. Los ríos Sungari, al norte, y Liao, al sur, forman extensos valles y terrazas sedimentarias.

Al sudeste de Manchuria se extiende una sucesión de cordilleras conocidas como Chang-pai Shan. Estas formaciones comprenden las montañas de Chang-pai, Wan-ta y Chang-kuang-tsai. La altitud media oscila entre los 500 y los 1.000 metros, y alcanza su techo en el Pai-tou, un volcán inactivo cuyo cráter alberga un lago volcánico. En esta zona, el paisaje alterna cumbres y barrancos escarpados, en los que crecen algunas de las mayores áreas forestales de China, con valles peraltados y dispersos.

También al este del país, la Gran Llanura china tiene una extensión semejante a Manchuria y está formada por los ingentes depósitos de los ríos Huai y Huanghe. Los terrenos pantanosos y los prados encharcados abundan en esta región. La Gran Llanura alberga la mayor proporción de tierras de cultivo de toda China.

La meseta del Loess se sitúa entre la Gran Llanura y las zonas desérticas del oeste. Se trata de una extensa y árida región de colinas y montes que se elevan entre 1.200 y 1.500 metros, hasta un máximo de 2.830 metros en el pico Liu-pan. El loess, un sedimento ocre transportado por el viento que da nombre a la región, cubre casi toda la meseta. El grosor de esta capa sedimentaria oscila entre los 40 y los 200 metros. La acción erosiva del agua sobre el loess ha ido esculpiendo con el tiempo los cañones y desfiladeros que caracterizan esta geografía.

Al sudeste, en la zona comprendida entre los ríos Yangzi y Pearl (Zhu Jiang), se encuentran las montañas Nan. Se trata de una extensa región montañosa con alturas cercanas a los 2.000 metros. En la región se halla el delta del Pearl, una de las áreas agrícolas más ricas de China. Los riscos y montañas se extienden hasta la línea de costa, formando un perfil accidentado frente al mar de la China Meridional. Este extenso territorio alberga las bahías de Hong Kong y Macao.

Hacia el nordeste, la costa china es menos abrupta. Al norte de la desembocadura del Yangzi, el litoral es llano y arenoso. El mar Amarillo y el mar de la China Oriental albergan centenares de islas, entre las que destacan las que conforman el archipiélago de Chusan.

Hidrografía

En China existen más de 50.000 ríos. Los más grandes, en su mayoría, fluyen hacia el este. El fenómeno es consecuencia de la diferente altitud media entre el occidente y el oriente del país. Por esta razón, las tierras más fértiles e irrigadas se encuentran en el cuadrante sudoriental del territorio. En la región del Tíbet nacen algunos ríos importantes como el Indo o el Brahmaputra, si bien su recorrido transcurre fuera de China.

El Tarim, que nace y muere en el norte del país, y el Amur, cuyo curso marca buena parte de la frontera con Rusia, son los ríos más importantes del norte de China.

En la cuenca sudoriental, los tres ríos principales son el Yangzi, el Huanghe y el Xijiang. El primero atraviesa gran parte del territorio chino, desde el Tíbet hasta Shanghai, donde forma un amplio delta junto al mar de la China Oriental. Sus 5.525 kilómetros de longitud lo convierten en el tercer río más largo del mundo. Tres de sus principales afluentes son el Han, el Huai y el Min. El Huanghe, o río Amarillo, se extiende a lo largo de 4.845 kilómetros, desde los montes Kunlun hasta el mar Amarillo. El curso del Xijiang recorre el sudoeste del país, hasta desembocar en el mar de la China Meridional. A este mismo mar, pero ya en territorio de Vietnam, vierte sus aguas también el Mekong.

Vista del río Yangzi, el tercero más largo del mundo y uno de los principales de la cuenca sudoriental china.

Junto a los ríos, en la hidrografía china desempeñan un importante papel las extensiones lacustres. De los numerosos lagos esparcidos por todo el territorio, en especial por las cuencas de la mitad oriental del país, destacan el Tungting, el Manosovarel y el Poyang. Su presencia contribuye de forma notable a regular las corrientes durante las frecuentes inundaciones. También garantizan en mayor medida los recursos hídricos durante las sequías.

Climatología

La enorme extensión de China y su particular relieve conforman uno de los países con mayor variedad climática del planeta. La mitad oeste de la nación tiene un clima frío y seco. Los fríos desiertos del norte y las temperaturas extremas del altiplano del Tíbet al sur caracterizan el clima de la zona. Las montañas de Tsinling, en el centro de China, establecen una divisoria natural entre esta área noroccidental y las zonas húmedas y cálidas del sur. La mitad oriental de China, por su parte, presenta un clima más benigno. La región de Manchuria, de clima continental, alterna inviernos rigurosos y veranos cálidos. Más al sur, el clima se vuelve subtropical: los veranos son más largos, húmedos y calurosos. En la mitad sudoriental de China predomina el clima monzónico.

Los vientos monzónicos, junto a la masa de aire siberiana, caracterizan en gran medida la climatología china. A lo largo del año, el viento monzónico cambia su orientación, soplando desde el oeste en invierno y desde el este en verano. Estos vientos, fríos y secos durante el invierno, se tornan muy cálidos cuando soplan de este a oeste. Por ello, el clima tropical caracteriza el sudeste de China. En toda la costa se dan abundantes precipitaciones, que con frecuencia originan tifones devastadores, con especial intensidad entre julio y septiembre. Por contraste, el efecto de la masa de aire siberiana en el norte del país produce un clima seco y frío. Si a esto se le une la enorme distancia al mar, la consecuencia es que el norte de China registra precipitaciones muy escasas la mayor parte del año. Los vientos siberianos alcanzan parte del centro y este de China durante el invierno, condicionando la climatología de esta zona en su pugna con los vientos monzónicos, que no consiguen superar los grandes sistemas montañosos del centro del país. Esta alternancia genera una gran variabilidad en el clima de las regiones centrales de China, en las que son tan frecuentes las inundaciones como los periodos de sequía prolongados.

Flora y fauna

China es uno de los países de mayor riqueza ecológica del mundo. Sus particularidades climáticas y su singular orografía le permiten albergar una buena representación de la mayor parte de los ecosistemas que se encuentran en nuestro planeta. La práctica totalidad de las especies vegetales del hemisferio norte se pueden hallar en algún punto de China, exceptuando tal vez algún ejemplar ártico. Las cifras dan cuenta de la extraordinaria riqueza de la flora del país. En China existen más de 2.700 géneros distintos de plantas con semilla, que se desdoblan hasta superar las 30.000 especies. Asimismo, es posible encontrar en torno a 2.500 tipos de árboles distintos.

El territorio chino presenta tres zonas diferenciadas en cuanto a su vegetación: el noroeste, seco y en general más pobre; el sudeste, húmedo y verde; y el área tropical, cuya vegetación se asemeja a la del resto del sudeste asiático.

Por especies, el árido noroeste apenas comprende algunos ejemplares esteparios adaptados a la sequía. Al sur del desierto del Gobi es posible encontrar zonas de pastos abriéndose camino hacia áreas más meridionales.

Los sistemas montañosos de la superficie central de China abundan en grandes bosques de coníferas. Entre otras especies, destacan por su valor económico el árbol de la laca, el árbol tung, el alcanfor y el árbol del anís estrellado, del que se extrae el principio activo del Tamiflu, un medicamento eficaz contra la gripe aviar.

El bambú (en la imagen) es una de las especies vegetales predominantes de la flora costera china.

En buena parte de China central, los bosques han dado paso a las tierras de cultivo, debido a la enorme presión demográfica. Más al sudeste, la acción de los vientos monzónicos propicia la aparición del bosque tropical. En esta zona son frecuentes diferentes especies de árboles tropicales. También predominan el bambú y los manglares en las zonas costeras.

Las mismas características que propician la variada flora china favorecen la diversidad y el exotismo de su fauna. Sin embargo, algunos de los más preciados animales, a veces especies únicas en el planeta, están en peligro de extinción. De los ejemplares endémicos del país pueden destacarse, entre otros muchos, el emblemático oso panda, el tigre chino y el extraño pez espátula del Yangzi. Junto a ellos, también existen especies autóctonas menos conocidas, como la salamandra gigante, el takin (un tipo de antílope estepario) y el pequeño caimán chino.

El oso panda es, probablemente, el animal más popular de todos los muchos que conforman la variada fauna china.

Las áreas tropicales del sudeste de China dan refugio a la fauna característica de este hábitat. Allí viven numerosos pavos reales e infinitas especies de reptiles y de anfibios. Entre los mamíferos de la selva debe destacarse al elefante de Xishuangbanna.

La extraordinaria fauna china se prolonga, asimismo, por el agua y por el aire. Los ríos chinos constituyen uno de los principales centros mundiales de reproducción y dispersión de las familias de las carpas y de los barbos del viejo mundo. Además, innumerables especies de peces, muchas también únicas, pueblan las cuencas hidrográficas del país. En cuanto a las aves, ha de reseñarse una gran variedad de zarzales, faisanes, tordos y otras muy diversas especies.

Población

Demografía

China, con cerca de 1.380 millones de habitantes, es el país más poblado de la Tierra. Esta espectacular cifra ha llevado en las últimas décadas la presión demográfica hasta límites insostenibles. El Gobierno de China se ha visto en la necesidad de establecer medidas encaminadas al control de la natalidad, entre otras la planificación familiar, el aborto legal y gratuito o la distribución generalizada de anticonceptivos. Asimismo, se ejercen fuertes presiones para limitar el número de hijos a uno por matrimonio, penalizando a quienes superan esa cifra. Estas y otras disposiciones han conseguido disminuir el número de nacimientos a 1,6 por mujer en la actualidad. Del mismo modo, la tasa de natalidad se ha situado en 12,3 nacimientos por cada 1.000 habitantes. La población de China, pese a todo, es joven. Cerca del 90 % tiene menos de 65 años, y más del 17 % no llega a 14. La esperanza de vida es bastante elevada, situándose por encima de los 75 años para el conjunto de la población.

La población se distribuye de manera desigual por todo el territorio de China. Las regiones desérticas del norte y la zona del altiplano del Tíbet apenas están habitadas, mientras que las regiones orientales presentan la mayor densidad de población. También las cuencas de los grandes ríos en el centro del país, donde existe un fuerte desarrollo agrícola, albergan un gran número de habitantes. En China hay más de cuarenta ciudades que superan el millón de personas, concentradas en su mayor parte en la mitad oriental del país, especialmente en las zonas costeras. Aparte de la capital, Beijing (o Pekín), una municipalidad que cuenta con más de catorce millones de habitantes, otras ciudades importantes son Shanghai, Tianjin, Wuhan, Shenyang y Cantón. La población urbana supera actualmente el 55 % del total. En la actualidad, las ciudades crecen a un mayor ritmo que las áreas rurales, aunque en éstas sigue habitando cerca del 45 % de la población.

Entre los numerosos grupos étnicos que habitan China, el han es el mayoritario en todo el territorio, con excepción de la región de Sinkiang, de mayoría hui, y el Tíbet, donde predominan los tibetanos. La aplastante mayoría de la etnia han, que constituye casi el 96 % de la población, hace que con frecuencia se crea que China es un país étnicamente homogéneo. Nada más lejos de la realidad. Existen más de cincuenta razas diferenciadas, la mayor parte de las cuales conservan su lengua propia. Entre los grupos étnicos más numerosos destacan, además de los ya citados tibetanos y hui, los thai, zhuang, uigur, yi, miao, kazajos, manchúes y mongoles. A pesar de tanta variedad, estas etnias presentan escasas diferencias raciales: sus mayores señas de identidad son culturales e idiomáticas.

Lengua

En consonancia con la gran variedad étnica de China, existen también numerosas lenguas y dialectos. Todas estas lenguas provienen de cuatro familias lingüísticas: la chinotibetana, la altaica, la indoeuropea y la austroasiática.

El idioma oficial del país es el chino, que deriva de la familia chinotibetana. El mandarín, una variante dialéctica del chino, es el más utilizado y el empleado en el sistema educativo. La escritura en chino es también mayoritaria. Otros dialectos del chino muy extendidos son el sanganés y el cantonés, este último hablado en Hong Kong y muy usado por la población emigrante. También de la familia chinotibetana son el dialecto hunan y el kan.

Las lenguas altaicas más importantes son las habladas por las minorías mongol y uigur. Las familias indoeuropea y austroasiática están representadas por lenguas minoritarias, como la de los kawa o los tadzhik.

De las más de cincuenta lenguas minoritarias que existen en China, apenas veinte conservan alguna forma de escritura. En muchos casos, el lenguaje escrito está reservado a determinadas personas significativas, con propósitos rituales o religiosos.

Religión

La mayoría de la población de China no practica ninguna religión. El Partido Comunista Chino (PCC) propugna el ateísmo oficial, y durante mucho tiempo prohibió cualquier manifestación religiosa. No obstante, desde la Constitución de 1978 la libertad de religión está garantizada por el Estado.

Entre las confesiones practicadas en China en la actualidad, las que cuentan con un mayor número de fieles son el confucianismo y el budismo. La primera es más bien una corriente filosófica, que se basa en mensajes éticos y morales antes que religiosos. El budismo, por su parte, se practica en la región del Tíbet desde la antigüedad.

El confucianismo es una corriente de pensamiento, cuyas enseñanzas son practicadas por gran parte de la población china. En la imagen, estatua de Confucio, el filósofo creador de esta corriente, ubicada en el templo erigido en su honor, en Pekín.

El islam es seguido por algunos grupos étnicos, como los uigur y los hui, que en conjunto apenas representan el 2 % de la población. En menor medida se practican también religiones animistas de carácter local.

Economía y comunicación

Datos económicos

La china se define como una economía social de mercado. El Estado ejerce un control importante sobre el sistema económico con una creciente adecuación a las reglas del libre mercado y de los intercambios comerciales. No obstante, tras la muerte de Mao Zedong(Mao Tse-tung) se sucedieron una serie de cambios progresivos que se han visto acelerados en las últimas décadas. El continuo incremento de la inversión extranjera y el mayor intercambio comercial con otros países han propiciado un mayor protagonismo de la economía china. Especial importancia ha tenido en la economía familiar la descolectivización de las explotaciones agrarias, que ha dado paso a una pujante privatización de los cultivos.

Convertida en 2010 en la principal nación exportadora del mundo, y en la segunda principal economía del planeta, tras superar a Japón y sólo por detrás de Estados Unidos, China se erigió en un elemento fundamental del devenir económico global. Para alcanzar esta situación, sus dirigentes combinaron un sistema político monopartidista con una economía en fase de creciente liberalización de precios, mayor autonomía de las empresas estatales, desarrollo de los mercados bursátiles, creación de un pujante y diversificado sector bancario y políticas de impulso del consumo privado y de la inversión extranjera, aunque de forma controlada.

El sector primario representa el 8,6 % del producto interno (interior) bruto (PIB). La superficie destinada a los cultivos en China apenas alcanza un escaso 15 % del territorio, que se localiza en su mayor parte en las regiones centrales y orientales. Esto se debe a la compleja orografía del país y a los factores climáticos. La superficie útil para tierras de cultivo se divide a partes iguales entre áreas de secano y regadío. En las pequeñas explotaciones familiares, las frutas, patatas y hortalizas constituyen la principal producción. Entre los cultivos de regadío, el arroz ocupa un lugar protagonista. Su cultivo abarca un tercio de las tierras irrigadas del país y convierte a China en el primer productor mundial. La mayor parte de los arrozales se encuentran en el extremo oriental y constituyen la base de la alimentación del país.

Además del arroz, son importantes los cultivos de trigo (en extensas áreas del centro de la nación), maíz, avena, cacahuete y soja (de la que China es el tercer productor del mundo). También son relevantes los cultivos de remolacha y caña de azúcar, junto con el té. Además de éstos, otros cultivos como el lino, el algodón o el yute sirven para abastecer la industria textil.

Unida a la agricultura, la ganadería constituye también una fuente de riqueza en las economías familiares. Al oeste del país, la cría y el pastoreo de cabras y ovejas son una ocupación característica entre los grupos nómadas. A destacar de igual manera el papel del yak, un bóvido de gran tamaño, en la economía de subsistencia de importantes núcleos de población en la provincia autónoma del Tíbet.

La ganadería de explotación ocupa también un lugar destacado. El país lidera la producción mundial de cerdo, con un 40 % de la total. También es el primer productor de huevos y pollos. Otra importante fuente de recursos la constituye la cría de gusanos para la confección de seda, cuya factura tiene una larga tradición en China. Asimismo, cuenta con una cabaña importante de ganado bovino y ovino.

La pesca en China supone una fuente importante de recursos para la alimentación del país. A pesar de la extensión de sus costas, las capturas en aguas interiores tienen casi tanta importancia como la pesca marítima. Los grandes ríos, en especial el Yangzi, además de los lagos, los canales y los pantanos, son un recurso pesquero de primer orden. Entre los productos pesqueros de explotación cabe mencionar la captura de gambas y camarones.

Con toda probabilidad, las reservas minerales de China se encuentran entre las más abundantes del mundo. y tanto su explotación como el procesamiento industrial están en continuo desarrollo. China se halla entre los principales productores de hierro, tungsteno y antimonio. De las demás reservas con las que cuenta el país destacan los fosfatos, el cinc, el manganeso y el azufre.

En cuanto a las reservas energéticas, China es el primer productor mundial de carbón y tiene importantes yacimientos de petróleo crudo, muchos aún sin explotar en las áridas regiones del norte. Estas reservas son suficientes para cubrir la demanda interna. La mayor parte de la energía para consumo se obtiene de las centrales térmicas, en las que se procesan las enormes reservas de carbón que posee el país. China cuenta también con una cantidad indeterminada de reservas de gas natural. El potencial hidroeléctrico de su sistema hidrológico está entre los mayores del mundo. En el año 2006 se terminó la construcción de la presa de las Tres Gargantas, en el río Yangzi; con un dique de más de 2 kilómetros de longitud y 185 metros de altura, es el mayor proyecto hidrológico del mundo. Esta magna obra, además de un mayor aprovechamiento de la energía hidroeléctrica, pretende regular las crecidas del río para evitar inundaciones.

En las últimas décadas, la producción industrial china ha crecido a un ritmo espectacular, en torno a un 10 % anual. No obstante, este acelerado crecimiento pareció ralentizarse a mediados de la década de 2010. Por otra parte, el país cuenta con una ingente mano de obra, muy superior al resto de países industrializados. Estos dos factores, unidos a las reformas introducidas por el Gobierno en los procesos de producción, dan cuenta del gran incremento de su potencial industrial.

La metalurgia es la principal industria pesada del país. Su producción abastece la fabricación de maquinaria y equipamiento. Entre los principales productos destacan los medios de transporte (que incluyen desde automóviles, trenes, aviones y barcos hasta bicicletas) y la fabricación de maquinaria industrial y agrícola. También son importantes las industrias armamentística y química. Dentro de este último sector destaca la producción de fibras sintéticas, cemento, plásticos y fertilizantes, así como la industria petroquímica.

Por otra parte, en los últimos años, China se ha situado entre los principales productores mundiales de diversos artículos de consumo. La industria textil (de manera especial la producción de prendas de algodón y seda) y la del calzado lideran el sector. También los artículos electrónicos, de imagen, sonido y telecomunicaciones, así como la industria del juguete, ocupan un lugar destacado.

Las principales exportaciones del país son el petróleo y sus derivados, el carbón, el arroz, la seda y el té. Los productos textiles y manufacturados merecen mención aparte, ya que constituyen por sí solos cerca del 70 % de todas las exportaciones. Al mercado del textil le siguen el comercio de la soja, el tungsteno, el antimonio y la carne de cerdo. Los principales receptores de estas exportaciones son los países industrializados, de manera especial los Estados Unidos y Japón.

Por otra parte, China importa maquinaria y material industrial, fertilizantes, bienes de consumo y materias primas esenciales para cubrir su demanda interna y las necesidades de su industria. Las fibras sintéticas para su industria textil o determinados productos químicos forman parte de este tipo de importaciones.

Una actividad económica que ha experimentado un importante incremento en los últimos años es el turismo. En este sentido, el Gobierno ha hecho un notable esfuerzo de inversión en equipamiento en los lugares más accesibles para los visitantes extranjeros.

Respecto a la red de transportes, el Gobierno chino tiene un gran interés en su desarrollo, cuya rápida mejora guarda una estrecha relación con el comercio, la cohesión territorial y la defensa del país. El principal medio de transporte es el tren, cuya red abarca unos 124.000 kilómetros de vías férreas. La consolidación y ampliación de esta red es una preocupación permanente del Gobierno chino, como muestra la llegada del primer ferrocarril al Tíbet en julio de 2006. Las enormes reservas de carbón con que cuenta China son una de las razones de la supremacía del tren como transporte de mercancías. Asimismo, ésa es la razón por la que gran parte de los trenes operan aún con locomotoras de carbón.

Una segunda alternativa de transporte interno la constituyen los cerca de 110.000 kilómetros de vías fluviales navegables. La navegación tiene una particular utilidad en las áreas rurales, en las que supone una eficaz y barata forma de desplazamiento para personas y mercancías (sobre todo, madera y bambú). Los principales ríos navegables son el Amur y el Yangzi. El Gran Canal, que fluye desde Beijing hasta Hangzhou uniendo los ríos Yangzi y Huanghe, es una de las rutas de mayor tránsito. Este canal recorre unos 1.800 kilómetros de norte a sur del país y atraviesa algunas de las cuencas más importantes de China.

Frente a las líneas férreas y navegables, la carretera ocupa un lugar secundario en el transporte chino. A pesar de que la red principal de carreteras ronda los cuatro millones de kilómetros, su uso es claramente inferior al del ferrocarril, pese a abarcar buena parte del territorio, adentrándose incluso en el aislado Tíbet. Salvo las grandes rutas estatales, provinciales o regionales, la mayor parte de las vías de importancia responden a propósitos concretos, como el acceso a explotaciones, áreas forestales, minas o emplazamientos militares.

China cuenta también con una importante flota aérea, que incluye varias líneas nacionales de transporte de pasajeros y mercancías entre las principales provincias del país y que une entre sí a noventa ciudades importantes. Entre los aeropuertos internacionales destacan los de Beijing y Shanghai. El transporte aéreo constituye una buena alternativa a otros medios, dada la extensión del territorio y su compleja orografía.

Las necesidades del transporte marítimo exceden la capacidad de la flota nacional, a pesar de que ésta cuenta con cerca de dos mil embarcaciones mercantes. La aportación de buques extranjeros suple este déficit. Entre los principales puertos del país cabe mencionar los de Shanghai, Dalian, Cantón o Fuzhou.

Comunicación

Las principales ciudades del país están enlazadas entre sí por una red de telecomunicaciones centrada en Beijing. A partir de 1980, toda la red ha experimentado un notable impulso, de manera especial tras la incorporación de la tecnología y los recursos de Hong Kong. En la actualidad, existen más de 200 millones de líneas telefónicas fijas y casi 1.400 millones de teléfonos celulares. Internet, por su parte, es utilizado por unos 730 millones de usuarios. La distribución de estas líneas es bastante desigual, con un predominio de su uso institucional y comercial, si bien la tendencia apunta a un incremento aún mayor del uso privado.

Entre los medios de comunicación, la televisión es más popular en China. De su importancia y aceptación dan fe los más de mil millones de espectadores que la contemplan, los cuales convierten al país en un enorme mercado potencial para la televisión privada. El Gobierno ha comenzado a incorporar emisiones de grandes empresas extranjeras, si bien controla los contenidos, asegurándose de que no afectan a la estabilidad política o a la seguridad nacional. La emisora estatal Televisión Central de China es la principal cadena de la nación.

En prensa son de destacar el Periódico del Pueblo, que se publica en todas las ciudades del país, y el Diario de la Juventud. Otros periódicos notables son el Diario de China, el Diario de los Trabajadores y el Diario del Sur.

En cuanto a las emisoras de radio, existen más de dos mil a lo largo y ancho del país. La Radio Nacional de China y la Radio Internacional de China, que emite en más de cuarenta idiomas, son las más importantes.

Administración y política

División territorial

A pesar de su enorme dimensión, China es un estado unitario. Con fines administrativos, el país se divide en 23 provincias (entre las que las autoridades chinas incluyen Taiwán, territorio insular sobre el que reclaman la soberanía), 5 regiones autónomas (Tíbet, Xinjiang, Mongolia interior, Ningxia y Guangxi) y 4 municipalidades especiales (Beijing, Shanghai, Tianjin y Chongking). Hong Kong y Macao, territorios recuperados por China a finales de la pasada centuria, tienen la consideración de regiones administrativas especiales.

Bahía de Hong Kong; al fondo, vista panorámica de la ciudad homónima.

Por debajo de estas divisiones se encuentran las prefecturas, los distritos y los municipios. En todos los niveles de la administración territorial existen asambleas populares encargadas de elegir sus representantes dentro del PCC.

Beijing es la capital nacional y el centro de la vida política, cultural y económica del país. Hong Kong, por su parte, es el centro del comercio y las comunicaciones exteriores.

Forma de gobierno

En la República Popular China el poder legislativo se ejerce mediante una sola cámara representativa: el Congreso Nacional del Pueblo (CNP). Sus 2.987 escaños son elegidos por un periodo de cinco años a través de un sistema de congresos municipales, regionales y provinciales del PCC que culminan en el Congreso Nacional del Pueblo. Al frente de este congreso está el primer ministro.

El presidente del país es elegido por el CNP, también por un tiempo de cinco años. Además del presidente, conforman el Gobierno un número indeterminado de consejeros, ministros y comisionados integrados en un Consejo de Estado que se reúne de forma periódica en un comité permanente. Junto a los órganos gubernativos, también ejercen el poder el secretario general del PCC y los altos cargos del partido. Este poder se distribuye de forma piramidal: las atribuciones que no están delegadas a niveles inferiores de forma explícita corresponden a los niveles superiores de la estructura. Esto da lugar a una compleja burocracia que incluye organizaciones especializadas (como sindicatos, uniones profesionales o secciones juveniles) que abarcan todos los ámbitos y sectores de la vida cotidiana.

El sufragio es universal, aunque está limitado a la elección de los miembros de los sucesivos congresos hasta el nivel provincial. Por encima, son los delegados electos quienes votan a los representantes de los niveles superiores de la estructura.

El máximo órgano del poder judicial es la Corte Suprema del Pueblo. Por debajo se sitúan los tribunales locales y las cortes especiales, con jurisdicción en ámbitos específicos, como el militar o el transporte.

El sistema legal chino está basado en leyes civiles. La Constitución de 1982 introdujo algunas modificaciones formales en el poder judicial. Entre las más significativas estaban el reconocimiento de los mismos derechos a los defendidos, con independencia de su clase social. No obstante, el poder legislativo mantiene la facultad de interpretar las decisiones judiciales en última instancia.

El PCC es el único partido político de China. Se trata de la organización política más grande del mundo. Su estructura es muy compleja y está basada en una cascada descendente de comités locales organizados según su circunscripción o su actividad.

Servicios del Estado

La tradición china atribuye a la educación una gran importancia como instrumento de superación personal. Tres son los principios que rigen el sistema educativo chino: la orientación práctica de la enseñanza, su utilización como vehículo de socialización y un alto nivel de especialización en los niveles superiores. Todos los centros educativos urbanos corren por cuenta del Estado. En las últimas décadas, el sistema educativo chino se ha enriquecido con un número creciente de intercambios de estudiantes con entidades de formación media y universitaria en numerosos países. Esta orientación persigue favorecer los contactos culturales, mejorar la oferta y calidad educativa y fortalecer la influencia de la cultura china en el exterior.

La enseñanza se estructura en varios niveles. El más inferior consiste en una formación preescolar hasta los seis años y una enseñanza primaria que dura otros seis años más. La enseñanza media se divide en dos ciclos, medio y superior, de tres años cada uno. La duración media de los estudios universitarios es de cuatro años. El sistema formativo chino concede una gran importancia a la práctica profesional, sobre todo en los niveles educativos medio y superior.

El acceso a los niveles superiores de educación está reservado a los alumnos más brillantes. En general, la enseñanza universitaria está orientada a la formación técnica y científica. Las ciencias sociales despiertan un mayor recelo entre los dirigentes del PCC. La enseñanza universitaria en China corre a cargo del Estado. Como contrapartida, los graduados tienen que aceptar los trabajos que el Estado determine en virtud de sus propias necesidades.

La Universidad Popular de China es uno de los centros de altos estudios más importantes del país. Junto a ella deben destacarse las universidades de Beijing, Shanghai, Hong Kong y Cantón.

La sanidad en China corre a cargo del Estado. El Consejo de Estado supervisa el sistema sanitario a través del Ministerio de Salud Pública. La supervisión del sistema sanitario, así como la cobertura de las necesidades sanitarias básicas de la población, resulta una tarea ingente en un país con más de 1.300 millones de habitantes. Además, el sistema se enfrenta a dificultades añadidas que guardan relación, entre otros factores, con la desigual distribución de los recursos sanitarios en los diferentes territorios, especialmente notable en el ámbito rural. A esto se añade el debate abierto entre los partidarios de la medicina tradicional china y aquéllos que defienden los beneficios de la medicina occidental. De forma aproximada, existen cinco médicos tradicionalistas por cada especialista en medicina occidental.

Actualmente, la orientación sanitaria china persigue una combinación de técnicas tradicionales y contemporáneas en busca de las mejores soluciones globales para la población. La investigación en medicina, biología y ciencias afines se ha fomentado extraordinariamente en el país durante las últimas décadas, por lo que la salud de la población ha experimentado una notable mejora. Enfermedades como la viruela, el tifus o el cólera han sido erradicadas o controladas de manera eficaz. En contraposición, el progresivo cambio experimentado en el estilo de vida de la población ha dado lugar a un incremento de otras enfermedades, como las cardiovasculares, las oncológicas o las respiratorias, que se sitúan ahora entre las principales causas de muerte.

Todos los empleados estatales en China tienen garantizada una pensión al término de su vida laboral. Sin embargo, no ocurre lo mismo con el resto de trabajadores. Los servicios sociales tienen un reparto desigual en China. En las áreas urbanas existen servicios especializados que incluyen diversos tipos de ayuda. Estos servicios incluyen subsidios que cubren las necesidades básicas de alimentación, vivienda o educación de las personas más necesitadas. La calidad de estos servicios está en relación con el trabajo desempeñado con anterioridad por quienes los demandan. En China existe, además, la obligación legal por parte de las familias de cuidar a los ancianos. Junto a esta norma, también hay algunas residencias que atienden a ancianos sin familia.

En las áreas rurales, la calidad y extensión de estos servicios, en general, dependen de las unidades locales y están en función de los niveles de desarrollo concretos de cada región. Las cooperativas rurales suelen ofrecer algún servicio de ayuda para los más necesitados, si bien éstos varían de forma considerable de unos lugares a otros.

Existe, por último, un dispositivo de ayuda de emergencia, bajo la responsabilidad del Ministerio de Asuntos Civiles. Este organismo coordina al resto de los sistemas públicos ante situaciones catastróficas, tales como inundaciones o sismos. Entre las ayudas se incluye la compensación por las pérdidas que estos desastres producen en las cosechas.

Historia

Los orígenes: prehistoria y primeras dinastías

En China se han hallado vestigios humanos que datan de hace 200.000 años. Las primeras sociedades estables, dotadas de las técnicas básicas de agricultura y ganadería, aparecieron en el Neolítico, en torno al año 4000 a.C. Esta primera civilización se estableció en la región de Yangshao y es conocida por su producción cerámica característica.

El comienzo de la Edad del Bronce, en torno al 2000 a.C., trajo consigo la expansión de la civilización en China. La sociedad se fue haciendo cada vez más compleja y dio lugar a una nobleza emergente en torno a los núcleos urbanos. En el siglo XVIII a.C., apareció el primer soberano de la dinastía Shang, y con él la primera de las grandes dinastías. El poder de los Shang se mantuvo hasta el siglo XII a.C., extendiéndose por un territorio considerable al norte del Yangzi. Durante este tiempo los chinos perfeccionaron la fabricación del bronce, utilizaron un elaborado lenguaje escrito y usaron su primer calendario conocido.

A comienzos del siglo XII a.C., la dinastía Shang fue debilitándose hasta ser derrotada, en el 1111 a.C., por la dinastía Zhou. La capital fue trasladada entonces a Luoyang. La dinastía Zhou gobernó durante más de 800 años, hasta el 221 a.C. Durante su reinado, la civilización china se extendió hacia el curso medio del Huanghe. Fue un periodo turbulento, sacudido por luchas cruentas entre distintas facciones y contra los mongoles del norte y otros pueblos bárbaros. El descubrimiento del hierro supuso una gran baza militar, que permitió reestablecer el control de las fronteras. Paradójicamente, en este estado de permanente conflicto se establecieron las bases principales de la historia del pensamiento chino: las dos grandes escuelas filosóficas chinas, confucianismo y taoísmo, surgieron en este periodo. Ambas corrientes establecieron una serie de principios éticos y morales que han sobrevivido hasta nuestros días.

La creación del Imperio chino

La progresiva debilidad de la dinastía Zhou culminó en su derrota final a manos de la dinastía Qin (Chin) en el 221 a.C. Aunque sólo gobernaron durante quince años, los Qin establecieron las bases del Imperio chino: la unidad política y religiosa de un vasto territorio gobernado por un único emperador. Como parte de este empeño, la dinastía Qin acometió una costosa política de infraestructuras, que incluía el inicio de la construcción de la Gran Muralla. Los Qin, de quienes proviene el nombre del país, cayeron tras una revuelta de sus súbditos, incapaces de soportar la continua presión económica.

La siguiente dinastía, Han, gobernó entre el 206 a.C. y el 220 de nuestra era. Durante su mandato el imperio se estabilizó y se desarrolló una compleja y eficaz burocracia. La antigua aristocracia dio paso a una burguesía emergente, formada por comerciantes y terratenientes. El comercio y la agricultura experimentaron un gran desarrollo, lo que fortaleció la economía del imperio. También las ciencias tuvieron un desarrollo notable, con la aparición del papel y de un primitivo sismógrafo. Asimismo, el confucianismo se convirtió en doctrina oficial del Estado. Esta prosperidad permitió a los Han extender el Imperio chino hasta los límites de la región desértica de Ordos y el norte de la actual Corea. Por el sur, las conquistas llegaron hasta la región de Cantón.

Sin embargo, la expansión provocó nuevos conflictos fronterizos. Los ataques de los pueblos nómadas del norte se recrudecieron. Ante esta situación, el imperio fue descentralizándose, y los grandes señores de las regiones fronterizas incrementaron su poder frente al emperador. Fue entonces cuando el budismo traspasó las fronteras chinas, propagándose con rapidez. Entre el 220 y el 581, las presiones fronterizas se hicieron cada vez más insostenibles. Los continuos ataques de tibetanos y mongoles debilitaron y fragmentaron el imperio, que hubo de desplazarse hacia el sur.

El segundo Imperio

En medio de esta inestabilidad, el reino Zhou del norte emprendió la conquista de Nankín y estableció la dinastía Sui. La nueva dinastía consiguió recuperar la unidad territorial y fue responsable de la construcción del Gran Canal. Pero la guerra continuaba en las fronteras. Li Yuan, comandante de los ejércitos del norte, encabezó una rebelión que asesinó al emperador y dio paso a la dinastía Tang.

Los Tang gobernaron entre el 618 y el 907. Su reinado puso fin a las revueltas fronterizas y anexionó la región del Tíbet. Durante un siglo, la dinastía Tang proporcionó un nuevo periodo de estabilidad al Imperio chino, que experimentó un notable avance cultural y social. Las ciencias y las artes se vieron impulsadas y enriquecidas con el contacto con otras culturas vecinas. Sin embargo, la derrota en el norte, en el 751, a manos de los árabes, marcó el comienzo de una nueva época de debilidad. En el 907, la dinastía Tang fue despojada del poder. Su final dio paso a un periodo de desconcierto absoluto. El caos trajo consigo la sucesión de cinco dinastías en menos de sesenta años, que fragmentaron y debilitaron el imperio.

La llegada de los mongoles

A partir del 960, la dinastía Song consiguió recuperar la normalidad. Su política fiscal dio un nuevo impulso a la cultura y al comercio. Pero las regiones del norte continuaron siendo fuente de conflictos. La presión del reino mongol de Kitan provocó la división del imperio en dos territorios independientes: la dinastía Song se vio confinada al sur del país, mientras que la mitad norte quedó bajo la soberanía de Kitan, primero, y del reino Jin (Chin), después.

Vista aérea de la Gran Muralla China, que comenzó a construirse bajo la dinastía Qin (siglo III antes de Cristo) y se concluyó durante la dinastía Ming.

Entre tanto, el poder de Gengis Kan se iba extendiendo entre los reinos mongoles. En 1211 su ejército invadió China, conquistando de manera definitiva el territorio ocupado por los Jin en 1234. Por el sur, la dinastía Song consiguió oponer una dura resistencia a los ataques mongoles hasta 1279. Ese año, todo el antiguo territorio del Imperio chino quedó unificado bajo el mando de una nueva dinastía mongola: los Yuan. El nuevo imperio comprendía un extenso territorio desde Asia central hasta el mar Amarillo. La capital fue trasladada a Beijing, llamada entonces Khanbaliq. Los años siguientes fueron de una extraordinaria prosperidad, con la apertura de las grandes rutas comerciales hacia occidente. Precisamente, aprovechando una de estas vías arribó al país asiático la delegación político-comercial del célebre viajero veneciano Marco Polo. Pese a todo, los mongoles no lograron integrarse en la cultura china. Los sentimientos mutuos de rechazo se fueron recrudeciendo, hasta que una revuelta consiguió derrotar al último emperador mongol en 1368.

La dinastía Ming

Tras la expulsión de los mongoles, un monje budista llamado Zhu Yuanzhang estableció una nueva dinastía: la de los Ming. Durante los dos siglos siguientes, China protagonizó uno de sus periodos históricos de mayor relieve artístico. El estímulo de la dinastía Ming al desarrollo de las bellas artes consiguió sus máximas cotas en la producción de cerámicas, que alcanzaron un nivel insuperable de perfección. Al mismo tiempo, las rutas comerciales se ampliaron, abriéndose nuevos caminos a través del mar. En el siglo XVI, la llegada de los portugueses a Macao dio lugar a la primera colonia europea en China.

A finales del siglo XVI, la dinastía Ming se enfrentó a dos grandes problemas: las revueltas de los manchúes y los permanentes ataques de los piratas provenientes de Japón a sus rutas comerciales de oriente. En 1644, la situación culminó con la conquista del imperio por los ejércitos manchúes, que establecieron la dinastía Qing.

La dinastía Qing

El dominio de la nueva dinastía manchú trajo una nueva época de prosperidad que duró hasta finales del siglo XVIII. Los Qing (Ch’ing) armonizaban las mejores virtudes de las culturas china y manchú. Bajo su poder, China alcanzó su máxima extensión territorial. Su dominio comprendía desde la región del Tíbet, en la frontera occidental, hasta la isla de Formosa, la actual Taiwán, en el extremo oriental. La agricultura experimentó un notable cambio durante este periodo, y la población creció de forma notable, hasta alcanzar los 400 millones de habitantes a principios del siglo XIX.

Pero las potencias europeas, con el Reino Unido y los Países Bajos a la cabeza, miraban con ambición el extenso mercado chino. A finales del siglo XVIII, la dinastía Qing atravesó un periodo de crisis en todos los ámbitos. Los europeos aprovecharon la situación de debilidad del imperio para intentar conquistar sus rutas comerciales. En 1839, la destrucción de un cargamento británico de opio sirvió de pretexto para que el Reino Unido declarara la guerra a China. Tras su derrota, los chinos se vieron forzados a abrir cinco de sus puertos más importantes a las naves comerciales británicas. El Tratado de Nankín, que puso fin a la llamada primera guerra del Opio, establecía además la soberanía del Reino Unido sobre el territorio de Hong Kong.

El declive del Imperio

En las décadas siguientes, el país comenzó una lenta pero inexorable decadencia. Las sublevaciones se sucedieron en regiones como Yunnan, Nankín y Xinjiang. El actual Vietnam pasó a manos francesas y Japón se anexionó Corea y Taiwán. Al mismo tiempo, la presión europea forzó la apertura de nuevos puertos a las flotas extranjeras.

La tensión entre China y las potencias europeas desencadenó la llamada rebelión de los bóxers. Éstos, que conformaban un grupo radicalmente opuesto a las influencias foráneas sobre la nación china, llegaron a sitiar en 1900 a las delegaciones europeas establecidas en Beijing. La rebelión fue reprimida con dureza por una fuerza conjunta de las principales potencias extranjeras: Japón, Rusia, el Reino Unido, Francia, Alemania y los Estados Unidos. Ello supuso el comienzo del fin para la dinastía Qing, que se vio obligada a realizar nuevas concesiones. En 1905, la región de Manchuria, disputada entre Japón y Rusia, quedó bajo la soberanía japonesa.

La revolución de 1911 y las guerras civiles

Los acontecimientos de principios del siglo XX mermaron por completo la autoridad de los Qing. En 1911, un movimiento revolucionario encabezado por Sun Zhongshan (Sun Yat-sen), fundador del Partido Nacionalista Chino, consiguió un amplio respaldo de trabajadores y estudiantes. La revolución provocó la abdicación de Xuantong, el último emperador. Sun Zhongshan se proclamó presidente de la recién nacida República China, cargo que cedió a continuación al general Yuan Shikai. La presidencia de Shikai, convertida a la postre en una dictadura, se extendió hasta su muerte en 1916. Los años siguientes se convirtieron en una sucesión interminable de revueltas que culminaron con una guerra civil generalizada.

En 1923, Sun Zhongshan reapareció conquistando la región de Cantón con apoyo soviético. Durante dos años realizó diversas reformas, pero a su muerte, acaecida en 1925, un golpe de Estado llevó al poder al general Chiang Kai-shek. Éste se distanció de los soviéticos y extendió su poder por las distintas regiones, consiguiendo una nueva reunificación. En 1927 emprendió la persecución de los comunistas, lo que provocó el estallido de otra guerra civil. Durante los nueve años siguientes las fuerzas comunistas, debilitadas por la contienda, se vieron obligadas a retroceder hasta Jiangxi. Allí Mao Zedong, que había fundado en 1923 el PCC junto a Chen Duxio, estableció, en 1931, una república soviética. No obstante, la victoria de los nacionalistas obligó al ejército de Mao a proseguir su retirada hasta la remota región de Shenxi.

Estatua del dirigente chino Mao Zedong, cofundador del Partido Comunista Chino, artífice de la Revolución Cultural y fundador en 1949 de la actual República Popular China.

La guerra chino-japonesa

En medio del caos, Japón consiguió anexionarse los territorios de Shanghai, Manchuria y Jehol, tras lo cual continuó su política de expansión, llegándose a apoderar de Beijing y de otras grandes ciudades en 1936. El ejército de Chiang Kai-shek se vio forzado a recurrir a la ayuda soviética para tratar de contener la ofensiva. Sin embargo, el inicio de la Segunda Guerra Mundial en 1939 se convirtió en una baza inesperada a favor de los chinos. Los japoneses se vieron obligados a retroceder para hacer frente a los acontecimientos que se sucedían en la contienda mundial. La nueva situación permitió a las tropas nacionalistas chinas recuperar el control sobre amplias zonas del noroeste de la nación.

La República Popular China

Al final de la Segunda Guerra Mundial, en 1945, las tropas de Mao Zedong, apoyadas por unidades soviéticas, reanudaron la confrontación civil con Chiang Kai-shek. A pesar de la superioridad del ejército nacionalista, la gran ofensiva de 1947 permitió a los seguidores de Mao acceder al control de todos los territorios del norte del país. Contando cada vez con más apoyos entre las clases dirigentes de la nación, las tropas de Mao se apoderaron de Nankín y Shanghai en 1949. Ese mismo año, Mao Zedong proclamó la República Popular China. El Gobierno de Chiang Kai-shek se trasladó a Taiwán, único lugar que permaneció fuera del control de los comunistas.

Mao Zedong se convirtió en el primer presidente de la nueva república. Su Gobierno acometió una serie de medidas que transformaron los recursos del país. Las instituciones financieras fueron nacionalizadas. En apenas tres años, una profunda reforma agraria, encaminada a transformar el sistema latifundista, logró estabilizar la economía. En la escena internacional, la República Popular China quedó alineada en el llamado bloque del este, junto a la Unión Soviética y el resto de países comunistas de Europa.

En 1953, China desarrolló un plan quinquenal de inspiración soviética. El plan incluía una serie de profundas reformas en los sistemas de producción. Las cooperativas se convirtieron a partir de entonces en el principal modelo de desarrollo industrial y agrario. El éxito de estas reformas dio lugar a un segundo plan en 1958, conocido como el «gran salto adelante». Las reformas contemplaban una profunda reestructuración de la sociedad, que vio extenderse el fenómeno de la colectivización en todos sus ámbitos. Sin embargo, a diferencia de lo sucedido en 1953, el plan de 1958 no obtuvo los resultados pretendidos.

La Revolución Cultural

A partir de ese año, China se vio sumergida en un clima de cierta inestabilidad, dividida entre un sector liderado por Mao Zedong, partidario de un comunismo radical, y un sector tecnocrático encabezado por Liu Shaoqi y Deng Xiaoping. En 1959 tuvo lugar una sublevación en el Tíbet, al tiempo que aumentaba la tensión a lo largo de la frontera con la Unión Soviética. A estos factores se unió la disputa por el liderazgo comunista internacional. En 1960, las relaciones entre la URSS y China quedaron rotas.

Esta tensa situación desembocó en 1966 en la denominada Revolución Cultural. El movimiento, liderado por el sector más radical de la sociedad china, trató de dar un nuevo impulso al modelo revolucionario. La Revolución Cultural se opuso a los aspectos reformistas y, en la escena política, alejó del poder al sector tecnocrático, lo que sirvió para consolidar el poder y estabilizar la situación interna del país.

La muerte de Mao y el inicio de la apertura

Tras la Revolución Cultural, China emprendió una política internacional de distensión. Durante la década de 1970 fue readmitida en las Naciones Unidas y normalizó sus relaciones con una buena parte de los países del bloque occidental, incluidos los Estados Unidos.

En 1975, la nueva Constitución supuso una reafirmación de los principios que habían inspirado la Revolución Cultural. Esta línea ideológica se prolongó con la destitución de Deng Xiaoping, la figura más señalada de los tecnócratas, en abril de 1976. Sin embargo, la situación política dio un nuevo giro sólo unos meses más tarde, cuando, en septiembre, fallecía Mao Zedong.

Tras la muerte del hombre que había dirigido de manera personalista los destinos del país durante un cuarto de siglo, Hua Guofeng, hasta entonces primer ministro, pasó a ser el nuevo líder de China. En los años siguientes, Hua Guofeng abandonó los principios de la Revolución Cultural, mandó encarcelar a los elementos más radicales y recuperó para la vida política a la figura de Deng Xiaoping.

La China posterior a Mao

En 1978 se proclamó una nueva Constitución que abandonaba los principios más radicales del maoísmo. Desde la sombra, Deng Xiaoping llevó el control de la nación, situando a dos de sus colaboradores a la cabeza del Ejecutivo: Zhao Ziyang, en 1980, y Hu Yaobang, en 1981. El propio Deng impulsó, en 1982, una completa transformación del PCC. En los años siguientes, China continuó su acercamiento a los países occidentales, al tiempo que emprendía una serie de profundas reformas económicas. En 1985 el Reino Unido se comprometió a devolver Hong Kong a cambio del compromiso chino de respetar el sistema económico de la colonia. Dos años después, las autoridades chinas establecieron un compromiso con Portugal para la reincorporación de Macao.

En el ámbito interno, la nueva política aperturista generó una progresiva demanda de mayor democracia y libertad por parte de la ciudadanía. La tensión generada por esta situación culminó en 1989: a comienzos de junio, las Fuerzas Armadas sofocaron las concentraciones que, desde dos meses antes, miles de jóvenes estaban llevando a cabo en la plaza de Tiananmen de Beijing en solicitud de una profunda reforma del sistema. Los sucesos de Tiananmen pusieron de manifiesto que la apertura se orientaría predominantemente a los aspectos relacionados con la economía y las relaciones internacionales.

La década de 1990 supuso el despegue definitivo de la economía china, que alcanzó una de las mayores tasas de crecimiento del mundo. En 1992 China estableció relaciones diplomáticas con Corea del Sur. Ese mismo año se firmó una declaración de amistad con Rusia. En 1993, Zhao Ziyang, que ocupaba de nuevo el cargo de primer ministro, fue sustituido por Jiang Zemin, quien continuó con la política de liberalización de amplios sectores económicos. También ese año se puso en libertad a los líderes de la revuelta de Tiananmen que continuaban encarcelados, en un gesto que fue muy bien recibido por la comunidad internacional. En 1997, China recuperó la soberanía de Hong Kong, lo que supuso un enorme impulso a su comercio exterior. Dos años más tarde, Macao siguió el mismo proceso.

En 2001 China recibió dos fuertes impulsos en la escena internacional: la elección de Beijing como sede de los Juegos Olímpicos de 2008 y la admisión del país como miembro de la Organización Mundial del Comercio (OMC). En 2003 Jiang Zemin fue sucedido en la presidencia de la República por Hu Jintao, secretario general del PCC, al tiempo que Wen Jibao era nombrado primer ministro. Ese mismo año, China llegó a un acuerdo con la India sobre el estatus de la región autónoma del Tíbet. También ese año, una epidemia del llamado síndrome respiratorio agudo severo, o SARS, ocasionó centenares de muertes, especialmente en Hong Kong.

En 2004, Hu Jintao sumó a sus cargos de máximo mandatario de la nación y del PCC el de la jefatura de la Comisión Militar Central, con lo que asumió el control de los órganos del Estado. Hu estableció, a lo largo de 2004 y 2005, diferentes acuerdos comerciales que consolidaron la progresiva influencia económica de China en el planeta. Durante este último año se produjeron en el país las primeras víctimas por contagio humano de la gripe aviar. En el plano internacional, en 2006 se estrecharon las relaciones entre China y Japón, con la visita al país del recién nombrado primer ministro nipón, Shinzo Abe, pero sufrió un cierto deterioro el tradicional apoyo de los chinos a los norcoreanos, al condenar las autoridades chinas los ensayos nucleares de Corea del Norte.

En el plano económico, el Gobierno chino trabajó por ampliar la capacidad de producción energética del país, para sumar a las tradicionales fuentes de carbón y petróleo el desarrollo de la energía nuclear. Este sector era clave para mantener el acusado crecimiento económico, que alcanzó el 13 % de crecimiento del producto interno (interior) bruto (PIB) en 2007 y el 9 % en 2008. La crisis económica global agudizada durante 2009 redujo las demandas de exportaciones chinas, invirtiendo así una prolongada tendencia de incrementos. El Ejecutivo señaló la importancia del consumo interno como motor de la economía, en un intento por reducir el peso en el balance de las exportaciones al exterior.

En el ámbito diplomático, China fortaleció su papel de potencia mundial, sobre todo en África y la región latinoamericana. Destacó especialmente la visita oficial realizada en febrero de 2007 por el presidente Hu Jintao a ocho estados africanos para impulsar las inversiones y los acuerdos comerciales. Durante 2008, China y Taiwán suavizaron sus desavenencias por medio de la apertura de las primeras conversaciones bilaterales formales desde 1999. El Gobierno chino reforzó asimismo sus relaciones con Japón y Rusia.

En el verano de 2008 se celebraron en Beijing los Juegos Olímpicos. Este evento sirvió para exhibir ante el mundo la pujanza y la creciente fortaleza de la sociedad china. Otro hecho destacado en este sentido fue el avance en la carrera espacial china con varios hechos significativos. En septiembre de 2008, Zhai Zhigang se convirtió en el primer astronauta chino en completar un paseo espacial a bordo de la tercera misión tripulada del país, Shenzou VII.

En octubre de 2009 se celebraron con congregaciones populares masivas los actos de conmemoración del 60º aniversario de la creación del Partido Comunista de China. En enero de 2010 se hizo público un aumento en las exportaciones chinas del 17,7 %, lo que situaba al país asiático como principal exportador del mundo por delante de Alemania. El auge de China se corroboró poco después cuando esta nación asiática superó a Japón como segunda mayor economía del mundo en términos de producto interno (interior) bruto (PIB).

Precisamente, las relaciones entre China y Japón atravesaron por un periodo de dificultades desde 2010. En septiembre de ese año, una embarcación china fue detenida por patrullas navales japonesas en el mar de la China Oriental, una zona en la que ambos países mantenían disputas territoriales por el archipiélago de las islas Senkaku (en japonés) o Diaoyu (en chino).

El caso de Bo Xilai, antiguo ministro de Comercio de la república e hijo de uno de los Ocho Inmortales del Partido Comunista Chino (las ocho personalidades más importantes de este partido en las décadas de 1980 y 1990) centró la atención pública nacional durante los años 2012 y 2013. Considerado uno de los políticos más prometedores del partido, Bo Xilai cayó en desgracia a causa de la supuesta implicación de su mujer, Gu Kailai, en el asesinato de un empresario británico. En julio de 2012, Gu Kailai fue considerada culpable de los cargos y condenada a pena de muerte suspendida. Ese mismo mes, Bo Xilai fue acusado de corrupción y abuso de poder en el ejercicio de su cargo, al haber aceptado dinero y propiedades en operaciones comerciales poco claras. Bo Xilai fue sometido a juicio en agosto de 2013 en el Tribunal Popular de Jinan y condenado a cadena perpetua.

En el terreno político, en marzo de 2013, el vicepresidente Xi Jinpingtomó posesión como nuevo presidente de la República Popular China, en sustitución de su predecesor en el cargo, Hu Jintao. Xi Jinping era considerado el representante más destacado de una nueva generación de dirigentes políticos en China. Li Keqiang fue nombrado primer ministro.

Imagen de Xi Jinping, presidente de China desde 2013.

A mediados de la década de 2010 se hizo patente la progresiva transformación de China en una potencia hegemónica. Las décadas acumuladas de rápido crecimiento llevaron al país asiático a convertirse en la segunda mayor economía del mundo e incluso, según los parámetros de paridad del poder de compra, en 2015 llegó a superar a los Estados Unidos. Sin embargo, este auge económico se produjo de forma desigual. Mientras las provincias costeras chinas disfrutaban del mismo en su mayor medida, el interior agrario se hallaba todavía en vías de mayor desarrollo. Este desequilibrio motivó una masiva emigración hacia las zonas más prósperas, que movilizó a unos 274 millones de personas.

Durante esta misma década, cabe destacar los importantes éxitos logrados por las misiones astronáuticas chinas. Uno de los acontecimientos más relevantes tuvo lugar en diciembre de 2013, cuando llegó a suelo lunar el vehículo robótico Yutu. Este robot exploró la superficie de la Luna durante varias semanas, aunque hubo de recortar su tiempo de funcionamiento previsto al sufrir problemas mecánicos. La misión puso fin a un periodo de 37 años sin que ninguna nave espacial se posara sobre el satélite natural de la Tierra.

El rápido deterioro ambiental asociado a la actividad industrial y a la acelerada emigración hacia las ciudades, así como el envejecimiento de la población derivado de la política de control de la natalidad (suavizada con una redefinición del marco legal en octubre de 2015), fueron signos evidentes de los problemas inherentes al explosivo desarrollo chino. Beijing y otras grandes urbes se vieron obligadas a imponer restricciones a las industrias y al consumo energético para frenar los reiterados episodios de intensa contaminación. La erosión del suelo y el descenso continuado de los recursos hídricos subterráneos, especialmente en el norte del país, constituían otros problemas amenazadores a medio plazo. Las autoridades chinas apostaron por una progresiva reducción del uso de combustibles fósiles (carbón, petróleo) y por el recurso de la fisión nuclear y formas alternativas de generación de energía para frenar el deterioro medioambiental.

La activa participación de China en la Conferencia del Cambio Climático celebrada en París en diciembre de 2015 puso de relieve la creciente preocupación del Gobierno del país asiático por el medio ambiente. Por otra parte, a lo largo de este año se apreciaron signos de ralentización de la economía china, relacionados con una conjunción de factores: la caída de los precios de las materias primas y, en particular, del petróleo en los mercados internacionales; el exceso de producción industrial en una fase económica recesiva a escala mundial; las perturbaciones en los mercados financieros, con especial incidencia del desmesurado crecimiento de la deuda pública de los países, y la lenta recuperación de los principales socios comerciales de China. La confluencia de estas circunstancias se tradujo en una abrupta caída de los mercados bursátiles chinos a finales de 2015. Estos movimientos tuvieron repercusiones importantes a escala mundial.

En política exterior, el discreto expansionismo chino de décadas precedentes dejó paso a algunas acciones que suscitaron enfrentamientos diplomáticos abiertos. De especial gravedad fue el aumento de la tensión entre Japón y China en torno a la soberanía sobre las islas Diaoyu (Senkaku, en japonés). Otras iniciativas chinas, como la declaración unilateral de una zona de identificación para la defensa aérea en el mar de la China oriental, se encontraron con la frontal oposición de Japón, Taiwán y Corea del Sur.

La disputa sobre las islas Spratly y diversos islotes y arrecifes en el mar de la China meridional, afectó también a varios países, que denunciaron la expansión china y la extensión unilateral de su frontera marítima. Filipinas, Malasia, Vietnam, Taiwán y Brunei contaron con el apoyo de los Estados Unidos para mantener la libre circulación de embarcaciones en aguas hasta entonces consideradas internacionales. Todos los contendientes reclamaban sus derechos históricos sobre estos enclaves, sustentados en su mayor parte en el perjuicio infligido a sus actividades pesqueras y al tráfico marítimo. En julio de 2016, el Tribunal de Arbitraje de La Haya rechazó las alegaciones chinas y dictaminó que la expansión de China en esos territorios había interferido con los derechos seculares de Filipinas y otros países y había causado daños injustificados en los arrecifes de coral con la construcción de islotes artificiales. El Gobierno chino expresó su disconformidad y declaró que no respetaría las conclusiones del dictamen de dicho tribunal.

En otro sentido, China estrechó lazos comerciales con Rusia mediante un acuerdo estratégico de suministro de gas natural por parte de la compañía rusa Gazprom a la China National Petroleum Corp. para un periodo de treinta años. En pugna por la hegemonía regional y mundial con los Estados Unidos, los choques diplomáticos entre estas dos grandes potencias fueron frecuentes, sobre todo en el contexto del “ciberespionaje” del que ambas se acusaron mutuamente. No obstante, el presidente chino Xi Jinping realizó una visita oficial a territorio estadounidense en septiembre de 2015 para reforzar los intercambios bilaterales de comercio e inversión. En este año se produjo también una distensión en las relaciones entre China y Taiwán.

Por otra parte, en septiembre de 2016 la ciudad china de Hangzhou acogió la celebración de la undécima cumbre de jefes de Estado y de gobierno del llamado Grupo de los Veinte (G-20). Por primera vez en su historia, el encuentro tuvo su sede en territorio chino, como reflejo de la creciente influencia del país asiático en las relaciones económicas y diplomáticas internacionales. La lucha contra la evasión fiscal, las medidas de estímulo de la economía y el comercio, el problema de los flujos de refugiados, el calentamiento global y el auge del populismo en diversas partes del mundo centraron la agenda de esta reunión.

Sociedad y cultura

Aportaciones chinas universales

Desde la más remota antigüedad, China ha contribuido con importantes descubrimientos y avances al progreso de la humanidad. Hace casi dos mil años, los chinos habían descubierto el efecto de orientación de un imán. Mil años antes confeccionaron el primer calendario de 365 días. De esa época data también su primer tratado de aritmética. China es la cuna de los cuatro inventos que, a juicio de Francis Bacon, contribuyeron a transformar el mundo después de la Edad Media: el papel, surgido en el año 105; la brújula, inventada en el siglo IV; la pólvora, descubierta en el siglo IX; y la imprenta, utilizada en China también desde el siglo IX. Asimismo, el sistema métrico decimal, adoptado de forma universal por la ciencia contemporánea, tiene su origen en la China del siglo XIV.

Literatura

China tiene una larga y rica tradición literaria. Los primeros registros escritos se remontan a la dinastía Shang, que reinó entre los siglos XVIII y XII a.C. Entre los siglos V y III a.C. florecieron en China tres escuelas de pensamiento cuyos principios perduran en el presente. Son el confucianismo, el taoísmo y el legismo. En el año 500 a.C. apareció el Shi jing, o Libro de las odas, colección de poemas, canciones y salmos que constituye una de las más antiguas obras literarias de la cultura china.

Con la dinastía Han, que se prolongó durante cuatro siglos (hasta el año 220 de nuestra era), surgió el wen-yan, un modelo de lenguaje escrito refinado y culto que se distanció mucho del lenguaje hablado. La hermosa prosa del periodo Han fue imitada en tratados filosóficos y políticos posteriores. De esta época destaca el Shi ji, o Archivos históricos.

Entre los siglos IV y V sobresalió la figura del gran poeta Tao Qian, claro precedente de la edad de oro de la poesía china, la cual coincide aproximadamente con el periodo de la dinastía Tang (siglos VII al X). Entre los líricos más destacados del periodo deben citarse a Li Bo (el poeta chino de la época que alcanzó más repercusión en occidente), Wang Wei y Du Fu.

A partir del siglo XI, la lírica china se escindió en dos géneros: el shi, en el que destacó Lu You, y el ci, donde sobresalió la poetisa Li Quingzhao. Bajo la dinastía Yuan (siglos XIII-XIV), el género más floreciente fue el teatro, que siguió desarrollándose con fuerza hasta el siglo XVII, durante el periodo de dominio Ming.

Por su parte, la narrativa china figura entre las más ricas y antiguas del mundo. Las crónicas de las 25 dinastías chinas se conservan en un incomparable registro que se extiende desde el siglo XXII a.C. hasta el XIX de nuestra era. Estas novelas históricas han sido la base de la enseñanza de la lectura en China desde la aparición de la imprenta.

Durante el primer tercio de la pasada centuria surgieron autores que incorporaron las formas occidentales. Para ello, los novelistas se distanciaron del lenguaje clásico y empezaron a escribir una prosa más coloquial. Sobresalió entonces la figura de Lu Xun (seudónimo bajo el cual firmó sus obras Zhou Shuzen), autor que alcanzó el reconocimiento internacional con La verdadera historia de Ah Q. Su legado fue recogido por escritores como Mao Dun y Ba Jin, a los que posteriormente se unieron Xiao Jun y el dramaturgo Cao Yu, todos ellos renovadores del panorama literario chino.

El comunismo propició una literatura utilizada como vehículo de transmisión de las nuevas ideas políticas (el propio Mao Zedong escribió textos poéticos y propagandísticos). De esta época sobresalieron nombres como el dramaturgo Lao She, el novelista Ding Ling y, sobre todo, el también novelista Lin Yutang, quien se estableció en los Estados Unidos. Tras la muerte de Mao, una tímida apertura propició el surgimiento de nuevos autores. Este periodo aperturista culminó con la concesión del Premio Nobel de Literatura del año 2000 a Gao Xinjiang, autor de la magistral novela La montaña del alma. En 2012, Mo Yang, considerado uno de los grandes maestros de la literatura china contemporánea, con obras como Sorgo rojo o Las baladas del ajo, fue reconocido también con este mismo galardón.

Artes plásticas

Pocas naciones en el mundo tienen una tradición cultural tan antigua y fecunda como China. La producción artística china se ha mantenido diferenciada de la de otros países y culturas durante miles de años. La especial sensibilidad del pueblo chino ha concedido desde siempre una gran importancia al arte y sus manifestaciones.

Durante la dinastía Shang se dieron las primeras expresiones artísticas en el país. De esta época datan interesantes figuras en barro, bronce o cerámica, así como sofisticados tejidos de seda para adornar a los emperadores. También aparecieron entonces las primeras piezas de porcelana, que se convertirían a lo largo de los siglos en una de las manifestaciones artísticas más representativas del arte chino.

A lo largo de nueve siglos (entre el 1111 y el 221 a.C.) la dinastía Zhou introdujo elementos artísticos como el grabado y la escultura. Las figuras escultóricas y relieves son frecuentes en los enterramientos y ritos funerarios. También en esta época se definieron las líneas maestras de la arquitectura tradicional china: sencillez, funcionalidad y armonía con la naturaleza. El material de construcción por excelencia era la madera, razón por la cual apenas quedan muestras arquitectónicas de este periodo.

Pese a su breve reinado (entre el 221 y el 206 a.C.), la dinastía Chin fue la responsable del comienzo de la Gran Muralla. La magna obra fue concebida para defender al país de las incursiones de las tribus nómadas. Su construcción continuó con posterioridad durante más de mil años, a lo largo de los cuales se sucedieron varias dinastías. Con sus 7.300 kilómetros de longitud, la Gran Muralla es la mayor obra arquitectónica emprendida jamás por el hombre.

Durante la dinastía Han, entre el 206 a.C. y el 220 d.C., aparecieron las primeras muestras de pintura decorativa. En este periodo, con la llegada del budismo a China, la escultura alcanzó su mayor impulso. Las estatuas de Budaproliferaron por miles durante las dinastías Han y Tang. El santuario de Mogao en Ynungang, con sus numerosas grutas, es la muestra más representativa del periodo. A la dinastía Tang también le pertenecen algunas piezas de porcelana de gran belleza. Los pintores comenzaron a popularizarse a partir del siglo VI, cuando llegaron incluso a vender copias en serie de sus obras más admiradas.

Entre los años 960 y 1644, durante las dinastías Song y Ming, la pintura paisajista alcanzó su máximo esplendor. Multitud de paisajes detallistas, realizados a carboncillo con trazo fino sobre papel y con apenas una sutil pincelada de color, compiten en belleza y armonía.

Junto a la pintura, la caligrafía adquirió una gran importancia. La riqueza visual del alfabeto chino se plasmó en poemas caligrafiados con tal destreza que su belleza plástica a veces eclipsó el contenido literario.

Durante la dinastía Ming se erigieron las obras más notables y representativas de la arquitectura china: el Templo del Cielo, la Ciudad Prohibida (el conjunto arquitectónico de madera más antiguo del mundo) y el Palacio de Verano, todas ellas en Beijing. La conclusión de la Gran Muralla se produjo asimismo dentro de este periodo. También de la dinastía Ming son algunas de las más sofisticadas y admirables porcelanas fabricadas jamás en China.

Palacio de Verano y Templo del Cielo (detalle), ambos en Pekín, dos de las obras más representativas de la arquitectura Ming.

Palacio de Verano y Templo del Cielo (detalle), ambos en Pekín, dos de las obras más representativas de la arquitectura Ming.

En centurias posteriores, el arte chino comenzó un largo periodo de decadencia. Durante el siglo XIX comenzaron a llegar influencias artísticas de otras naciones. En ciudades como Shanghai, las corrientes artísticas y arquitectónicas se vieron sometidas a la influencia de estilos y tendencias occidentales, lo que dio lugar a una confusa mezcla de estilos.

La Revolución Cultural propugnada por Mao Zedong supuso un estancamiento en el mundo de las artes chinas así como la pérdida de parte del fabuloso patrimonio histórico-artístico de este país.

A mediados del siglo XX, el realismo social transformó las escenas pictóricas, que centraron su atención en situaciones de la vida social y laboral. Grupos de trabajadores, campesinos o escenas industriales comenzaron a captar la atención de los artistas. También la arquitectura sufrió una profunda transformación al incorporar materiales modernos como el hormigón o el acero. A partir de entonces, el arte chino ha tratado de conjugar sus viejas tradiciones estéticas con otros elementos más modernos de clara ascendencia occidental.

Tras la muerte de Mao Zedong en 1976, se ha venido produciendo una tímida reivindicación de los valores artísticos tradicionales que permanece vigente en nuestros días.

Patrimonio cultural

La riqueza patrimonial de China se encuentra entre las mayores del mundo. Los diversos lugares del país incluidos en la lista del Patrimonio de la Humanidad elaborada por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) superan la treintena (China ocupa el tercer lugar del mundo en dicha lista, por detrás de Italia y España). Entre los más emblemáticos destacan el Templo del Cielo y la Ciudad Prohibida, ambos en Beijing, y la Gran Muralla, en las inmediaciones de la capital. Sobresalen, asimismo, las ciudades antiguas de Lijiang y Pin Yao, que conservan su trazado intacto desde épocas remotas; las grutas de Longmen y Yungang, espléndidas muestras del arte budista; el templo y mausoleo de Confucio, en la ciudad de Qufu; los palacios y las tumbas imperiales de las dinastías Ming y Qin; y el conjunto tibetano del palacio de Potala.

Vista aérea de la Ciudad Prohibida, antigua sede imperial y el conjunto arquitectónico más emblemático de Pekín (y el mayor del mundo construido en madera). Forma parte del Patrimonio de la Humanidad según la UNESCO.

Los diferentes museos repartidos por el territorio chino albergan las piezas arqueológico-artísticas halladas con posterioridad a 1950. Las anteriores a esta fecha fueron trasladadas por los nacionalistas de Chiang Kai-shek a la isla de Taiwán (donde se exponen en el Palacio-Museo Nacional de Taipei) al abandonar el continente.

De los numerosos museos chinos sobresale por su espectacularidad el de los Guerreros de Xian, que exhibe el ejército de figuras de terracota hallado en la tumba del primer emperador de la dinastía Qin. El tesoro, descubierto en 1974, está compuesto por cerca de ocho mil figuras de terracota a tamaño natural, cada una de las cuales está dotada de una expresión y una postura diferentes. El ejército también contiene reproducciones a tamaño real de animales y carros de combate. Las figuras que acompañaron al emperador a su túmulo fueron realizadas en el siglo III de nuestra era.

Figuras de terracota del ejército de Guerreros de Xian, conjunto de alrededor de 8.000 estatuas, cada una de ellas con características diferentes, halladas en el mausoleo del primer emperador de la dinastía Qin.

Artes escénicas y música

El teatro ocupa un lugar de primer orden entre las artes populares en China. Desde la antigüedad se han escenificado rituales religiosos, ceremoniales y festivos de toda índole. Hay constancia de representaciones teatrales en China al menos desde la dinastía Tang. Durante el gobierno de los Yuan, en torno al 1300, se introdujeron los elementos definitivos en las piezas teatrales, también llamadas óperas chinas. Estas óperas incluían bailes y cánticos de gran virtuosismo, basadas en historias reales de la época.

Escena de una representación de ópera, género musical muy cultivado y apreciado en la china imperial y que, tras su represión durante la Revolución Cultural, ha vuelto a ganar una gran popularidad.

Las óperas eran representadas con todo lujo, en cuidados y costosos escenarios. Con el tiempo fueron surgiendo variantes locales que introducían algún elemento distintivo. Las óperas de Beijing (en la que la representación se acompañaba de un ritmo musical) y de Cantón alcanzaron una gran fama.

Durante la Revolución Cultural se prohibieron muchas de estas representaciones y algunos de los grandes teatros fueron destruidos y saqueados. Sin embargo, en la década de 1980 se recuperaron algunos de los elementos más significativos de la tradición china. En la actualidad, la ópera china ha vuelto a ser un espectáculo muy popular, e incluye, además de las representaciones tradicionales, exhibiciones acrobáticas y de artes marciales.

La música y la danza son las expresiones culturales más antiguas de China, y la cítara (en la imagen), uno de los instrumentos musicales más característicos.

La música y la danza son las expresiones culturales más antiguas de China. Hallazgos arqueológicos con más de cinco mil años de antigüedad han puesto de manifiesto representaciones de escenas de danza. La música ha sido siempre un elemento inseparable de las ceremonias rituales chinas, algunas de las cuales se acompañan con el sonido de campanas rituales de bronce. Los yacimientos arqueológicos de Hupeh, datados en el 430 a.C., pusieron de manifiesto la existencia de más de 120 instrumentos musicales distintos, entre ellos cítaras, armónicas, flautas o tambores. En la China imperial la música gozó de una gran consideración y estuvo íntimamente ligada a la poesía.

Cinematografía

El cine en China ha gozado siempre de una gran popularidad. No obstante, esta cinematografía, nutrida de una estética tradicional basada en la cultura y las costumbres autóctonas, apenas encontró reconocimiento en occidente hasta la década de 1980, cuando el cine chino logró adherirse a los movimientos aperturistas de la nación y aproximó su estética y su contenido al gusto occidental.

A partir de entonces consiguió diversos premios y la aprobación internacional. En 1988, el director Zhang Yimou ganó el Oso de Oro del Festival de Berlín con su película Sorgo rojo. Dos años después, otro filme de este realizador, Semilla de crisantemo, se convirtió en la primera cinta china nominada al Óscar de Hollywood a la mejor película extranjera. En otras dos ocasiones, sendos filmes del mismo realizador consiguieron la misma nominación.

Wong Kar-wai es la otra gran figura de la cinematografía china actual. Premiado en 2001 con el César a la mejor película extranjera por Deseando amar, el realizador chino consiguió en 2004 uno de los mayores éxitos internacionales de crítica y público para el cine de su país con la película 2046.

Deportes

China es una de las mayores potencias mundiales en deporte. Los deportistas chinos se han proclamado campeones del mundo en diferentes disciplinas y categorías más de 1.800 veces y han establecido en más de 1.000 ocasiones otras tantas marcas mundiales. En los Juegos Olímpicos de Atenas de 2004, inmediatos predecesores de los que se celebrarían en Beijing en 2008, China consiguió 32 medallas de oro, 17 de plata y 14 de bronce, situándose segunda en el medallero, en su mejor resultado en unas olimpiadas. A lo largo de sus diversas participaciones, China ha conseguido más de 300 medallas olímpicas.

El primer campeón mundial de la historia de China fue Rong Guotuan, quien obtuvo el título de tenis de mesa en 1959. A partir de la primera medalla de oro en gimnasia, lograda por Ma Yanhong en 1979, se sucedieron los éxitos chinos en esta disciplina. Li Ning, con seis oros en 1982, confirmó de manera definitiva la hegemonía china en este deporte.

Los deportistas chinos también se sitúan en la élite mundial en natación. Tanto en ésta como en las diferentes pruebas de salto, China cuenta con numerosos campeones del mundo.

Consciente de la importancia de formar parte de la comunidad olímpica internacional, China ha ido implicándose cada vez más en la preparación de diferentes competiciones. Entre otras, ha celebrado los XI Juegos Asiáticos de Verano, los III Juegos Asiáticos de Invierno y los I Juegos Deportivos de Asia Oriental. Este esfuerzo obtuvo su recompensa con la designación en 2001 de Beijing como sede de los Juegos Olímpicos de 2008. Estos juegos, al igual que la Exposición Universal de Shanghai de 2010, se celebraron con extraordinaria brillantez y supusieron una exitosa carta de presentación de la nueva y pujante sociedad china ante el mundo.