Iraq

Encrucijada de caminos entre Oriente y Occidente, Iraq remonta sus raíces a los mismos principios de la historia de la humanidad. Sobre su territorio se asentó la antigua Mesopotamia, topónimo que significa «entre ríos», en alusión al Tigris y al Éufrates, las dos grandes cuencas hidrográficas que avenan la nación. Sumerios, acadios y babilonios en la antigüedad y árabes a partir de la Edad Media poblaron estas tierras, que vieron nacer actividades decisivas para el ser humano como la escritura y la agricultura.

Declarada su independencia en la primera mitad del siglo XX, los avatares políticos e históricos han provocado que Iraq se encuentre actualmente sumida en un nuevo y dramático proceso de reconstrucción nacional.

Bandera de Iraq.

Medio físico

Situado en el sudoeste de Asia, en pleno Oriente Medio, Iraq ocupa una superficie de 437.072 kilómetros cuadrados. El país se encuentra encerrado en la punta oeste del golfo Pérsico, al que se asoma a través de un minúsculo litoral de apenas 60 kilómetros. Limita al norte con Turquía; al este, con Irán; al sudeste, con Kuwait; al sur, con Arabia Saudí; y al este, con Jordania y Siria. La capital es Bagdad.

La distribución geográfica de Iraq está condicionada por el trazado de los ríos Tigris y Éufrates, cuyos cauces delimitan de manera clara las diferentes regiones naturales.

Toda la zona central del país está ocupada por las llanuras fluviales. En el norte, la meseta de Al-Jazira, que en árabe significa «la isla», se extiende entre los dos grandes ríos, en la zona que corresponde a la antigua Mesopotamia. Desde Bagdad y Al-Ramadi hacia el sur, la llanura prosigue 600 kilómetros hasta llegar al mar. Es ésta una zona de muy bajo relieve, que apenas alcanza los 100 metros sobre el nivel del mar, y que consiste fundamentalmente en zonas pantanosas sujetas a ciclos estacionales de inundaciones y sequías.

En el área oeste de Iraq, y ocupando dos quintas partes de su territorio, se encuentra el gran desierto de Siria, que comparte con este país, Jordania y Arabia Saudí. Se trata de un terreno árido, accidentado, donde se alternan depresiones con mesetas calcáreas de escasa altura (entre 100 y 500 metros). A medida que se extiende hacia el sur, el territorio se convierte en un páramo más arenoso y llano.

Paisaje desértico característico del occidente iraquí.

En el noreste de Iraq encontramos la única zona montañosa del país. Partiendo del valle del Tigris, el terreno asciende y decae por colinas cada vez más pronunciadas, hasta llegar a las altas montañas del Kurdistán, que conforman la frontera natural con Irán y Turquía. La cordillera, compartida por los tres países, continúa después hacia los Zagros iraníes. La altura media de esta zona es de casi 3.000 metros, con picos que rebasan la cota como el Rawanduz y el Ghundah Zhur. Los ríos que discurren desde las cumbres, posteriores tributarios del Tigris, han esculpido a lo largo de su camino caprichosos cañones y desfiladeros, como el Ru Kuchuk o el Bekma.

Cadena montañosa en la zona de Kurdistán.

Los grandes protagonistas de la geografía iraquí son, sin duda alguna, el Tigris y el Éufrates, los míticos ríos que delimitaron la antigua Mesopotamia. Ambos nacen en Turquía, y penetran en Iraq por el noroeste, donde recorren todo el país en dirección sudeste. Antes de su desembocadura convergen para formar el Shatt al-Arab, y juntos continúan el trayecto durante unos 100 kilómetros más hacia el mar de Omán, en cuya orilla forman un inmenso estuario.

El Tigris, o Dijlah, atraviesa el país por su lado este, en las inmediaciones de los montes del Kurdistán y los Zagros iraníes. A lo largo de los más de 1.400 kilómetros de recorrido iraquí (más de 1.800 en toda su extensión) recoge las aguas de numerosos afluentes procedentes de las montañas: el Gran Zab, el Pequeño Zab, el Diyala…

El río Tigris, uno de los dos cauces fluviales más importantes del país, a su paso por la ciudad de Bagdad.

El Éufrates, también llamado Firat, es un interminable río cuyo recorrido por Iraq es apenas la mitad de toda su extensión (en total alcanza los 2.780 kilómetros). Su caudal, sin embargo, es menos abundante de lo que cabría imaginar, ya que discurre en su mayor parte por terrenos secos y áridos. En su parte iraquí, no dispone de afluentes, al atravesar mayoritariamente el desierto occidental.

Además de los ya mencionados afluentes del Tigris, deben citarse otros ríos iraquíes de relevancia, como el Al-Tharthar, que atraviesa la llanura norteña de Al-Jazira, y el Al-Batin, que marca con su profundo cauce la frontera meridional.

La hidrografía del país se completa con las aguas que proporcionan varios lagos de diferente tamaño. Los tres más importantes son el Al-Tharthar, ubicado en la llanura que separa los dos grandes ríos iraquíes; el Ar-Razazah, que se extiende al oeste del Éufrates; y el Al-Hammar, situado cerca de la unión de los dos cauces.

Iraq presenta en general un clima de tipo continental, caluroso y seco, con importantes variaciones estacionales de las temperaturas y muy escasas precipitaciones. Pueden distinguirse tres zonas climáticas diferenciadas.

En el norte, con la influencia de las montañas, las temperaturas son extremas, cálidas en verano y frías en invierno, debido a los vientos continentales procedentes de Asia central. Es la zona del país donde las lluvias son más abundantes, a pesar de lo cual no deja de ser un área seca.

La llanura central disfruta de suaves inviernos, con temperaturas en torno a los 12 ºC, a costa de veranos asfixiantes, tanto por las elevadas temperaturas como por la prácticamente total ausencia de precipitaciones.

En la zona oeste, en el desierto, el clima es aún más árido y seco, y presenta además acusadas oscilaciones térmicas entre la noche y el día.

Flora y fauna

Las cuencas de los ríos Tigris y Éufrates conforman un territorio históricamente fértil, generosamente regado por las aguas de ambos cauces. En la zona norte, las moderadas lluvias permiten el cultivo, mientras que en la baja Mesopotamia se han utilizado desde tiempos inmemoriales avanzados sistemas de irrigación para optimizar la agricultura.

A ambos lados de este vergel, sin embargo, el resto del país se compone de desierto y tierras poco fecundas. El suelo es en general arenoso, alcalino y muy salino, complicación provocada por el abuso de los sistemas de regadío. La deforestación y la erosión contribuyen además a dificultar el desarrollo de la vida vegetal.

Dadas las condiciones del suelo, a las que se une la elevada sequedad del clima, la mayor parte del territorio iraquí carece prácticamente de vegetación. Algunas zonas del desierto occidental consiguen sustentar matorrales y plantas espinosas, muy resistentes a la sequedad.

La presencia de vegetación aumenta a medida que el terreno asciende en altitud. En la cadena montañosa del norte, lo que podría considerarse la zona húmeda del país, las laderas se encuentran cubiertas de una amplia variedad de hierbas y arbustos. En las cumbres se halla vegetación de tipo estepario, como bosques de robles, chopos, enebros, espino blanco, etcétera.

También en las riberas de los grandes ríos, fundamentalmente en la zona sur, pueden encontrarse árboles como sauces, álamos o el árbol del regaliz. La desembocadura del Shatt al-Arab crea amplias zonas de marismas, donde crecen juncos y otras plantas acuáticas. No obstante, medidas de desecación aplicadas en los últimos tiempos están poniendo en peligro la supervivencia de este hábitat y de su flora particular.

La desecación de las marismas ha afectado también a las aves migratorias, que utilizan esta zona como parada de descanso en sus largos viajes. En todo el país residen de manera permanente numerosas especies de pájaros, que constituyen la familia animal más numerosa del país.

El resto de la fauna iraquí se encuentra un tanto mermada. Se extinguieron tanto el león como la gacela orix, y ejemplares como el avestruz y el asno salvaje se encuentran en peligro. Sí existe, por el contrario, un mayor número de carnívoros, como leopardos, zorros, lobos, chacales o hienas; de herbívoros, como antílopes; y de pequeños mamíferos, como martas, tejones, nutrias y puercoespines.

Por su parte, en los ríos, arroyos y lagos se crían numerosas especies de peces, entre los que destacan barbos y carpas.

Población

Demografía

Los últimos años de la historia de Iraq, desde el largo periodo de gobierno autoritario de Saddam Hussein hasta la posguerra, han tenido un gran impacto en la situación demográfica del país. El bloqueo económico y los conflictos bélicos provocaron no sólo una excesiva mortalidad, sino también la modificación de las tendencias migratorias a causa de los exilios, expulsiones y reubicaciones forzosas de amplios grupos de población.

Otro de los efectos de esta situación es la ausencia de datos fidedignos o actualizados. Se maneja la cifra de unos 37 millones de habitantes, que hacen de Iraq uno de los países árabes más poblados, por detrás sólo de Irán, Egipto y Turquía. La población es bastante joven, pues apenas supera los 21 años de media (se estima que un 37 % tiene menos de 15 años). La esperanza de vida se acerca a los 71 años.

A pesar de su numerosa población, cuya tasa de crecimiento es del 2,93 %, Iraq presenta unas bajas cifras de densidad demográfica, dato que se relativiza en función de las áreas examinadas. Mientras que una gran parte del territorio se encuentra prácticamente despoblada, casi el 75 % de la población reside en las cuencas fluviales del interior del país, con una altísima concentración en la zona sur.

No es casualidad que en esta zona de elevada densidad se encuentren la mayoría de las grandes ciudades del país, ya que las tres cuartas partes de la población iraquí son urbanitas. Bagdad, la capital, es, con mucho, la ciudad más poblada; la guerra y la posguerra recientes han incrementado las dificultades de infraestructura para atender a sus más de cinco millones de habitantes, muchos de ellos provenientes de la emigración rural o desplazados por los acontecimientos bélicos. Del resto de ciudades con población entre el medio millón y el millón de habitantes destacan las norteñas Mosul, Irbil, Kirkuk y Sulaymaniya. Basora es la mayor metrópoli del sur.

La población rural se asienta de manera bastante dispersa por el resto del territorio, en pequeños pueblos cercanos generalmente a las cuencas fluviales. También las montañas son zonas de asentamientos, aunque aquí las villas son más pequeñas y aisladas. En la zona oeste, en el desierto, la población es muy escasa, y en su mayoría practica el nomadismo.

La gran mayoría de los iraquíes (entre el 75 y el 80 %) son de origen árabe; la minoría más importante está conformada por los kurdos (15 % - 20 %).

Los árabes, llegados en el siglo VII, mantienen con orgullo los valores tradicionales de su sociedad. Por encima incluso de la nacionalidad o la religión valoran la familia, concepto que se extiende más allá de los lazos de sangre, para simbolizar la pertenencia al clan o la tribu, grupo de carácter patriarcal que puede llegar a reunir a decenas de miles de individuos. Aún hoy en día, las relaciones personales, económicas o políticas se realizan basándose en gran medida en la afiliación familiar.

La práctica totalidad de la población kurda se concentra en las montañas del noreste del país, donde vive casi aislada, manteniendo así sus costumbres y modos de vida tradicionales, basados en la existencia de una fuerte estructura tribal. Pueblo sin nación que reside en diferentes países de la zona, luchan por la reivindicación de su autonomía desde hace años. En Iraq han sufrido represión, deportaciones y masacres, hasta que, gracias a la intervención internacional, han conseguido hacerse escuchar y disfrutar del reconocimiento de parte de sus derechos.

Los históricos habitantes de estas tierras (caldeos, asirios, persas, turcos, armenios…) significan hoy en día un mínimo porcentaje de la población, que no llega, en conjunto, al 5 %.

Lengua

El idioma oficial de Iraq es el árabe. Aunque son varios los dialectos hablados, y en ocasiones con notables diferencias, la comprensión es factible entre las diversas regiones. El árabe moderno normativo es el punto de referencia para la enseñanza oficial.

La lengua kurda, hablada por los miembros de esa etnia, ha logrado la oficialidad en su región. Los kurdos iraquíes hablan uno de los dos dialectos de los que consta. Asirio, armenio, parsi y turco son otras de las lenguas que se hablan minoritariamente en Iraq. En general, y sobre todo entre las minorías, el bilingüismo es frecuente. A estos idiomas locales se les une el inglés, lengua internacional por excelencia.

Religión

La práctica totalidad de los iraquíes practica la religión islámica. Una mayoría, alrededor del

65 %, sigue la corriente chiita y considera sagradas algunas ciudades vinculadas con la vida del Profeta, como Al-Najaf, Karbala y Al-Kufah. Los chiitas son fundamentalmente de origen árabe, mientras que los seguidores de la otra gran corriente islámica, los suníes, son tanto árabes como kurdos. A pesar de ser menos numerosos (en torno a un 30 %), los suníes han sido la clase dirigente en Iraq desde su independencia.

Una pequeña porción del 3 % de los iraquíes son cristianos: asirios, caldeos y ortodoxos, en su mayoría descendientes de aquéllos que, en el siglo VII, se negaron a convertirse al islam. Judíos, yazidíes y bahaístas apenas llegan al 1 %.

Mezquita chiita. El chiismo es la corriente islámica seguida por más de la mitad de la población de Iraq.

Economía y comunicación

Datos económicos

En la década de 1980, Iraq encabezaba, junto con Arabia Saudí, el progreso y desarrollo de los países árabes. Sin embargo, su devenir histórico puso freno a ese esperanzador futuro, sumiendo al país en una crisis cercana a la más absoluta bancarrota. Durante varios años, las guerras y las sanciones internacionales han mantenido a la población sobreviviendo en medio de grandes privaciones. La puesta en marcha del programa «petróleo por alimentos» intentó mejorar los niveles de vida de los iraquíes, aunque los resultados efectivos fueron bastante escasos.

Actualmente, sumido en las secuelas de la última guerra y del cambio de régimen, la economía iraquí debe enfrentarse a la inestabilidad política, la falta de infraestructuras y desarrollo tecnológico, la deuda externa y la inflación si quiere recuperar los prometedores niveles de antaño. No obstante, desde los inicios de la década de 2010, experimentó un ligero repunte, merced a la mejora en las condiciones de seguridad y al aumento de la producción petrolífera y las inversiones extranjeras.

En el sector primario, la agricultura, de gran peso histórico en el devenir del país, no alcanza actualmente a cubrir las necesidades de la población. La escasez de suelo cultivable, la falta de medios técnicos y la disminución de la población rural han hecho decaer la importancia de esta tradicional fuente de ingresos. Los cultivos de mayor peso son los de trigo, cebada, arroz, caña de azúcar, maíz y algodón. Además, Iraq es uno de los principales productores mundiales de dátiles.

La ganadería, actividad en la que destaca tradicionalmente la población kurda, está muy extendida. Ovejas, cabras y ganado bovino proporcionan productos lácteos, carne, cuero y lana, que se destinan al mercado nacional y a la exportación. Los productos extraídos de la pesca son mucho más escasos, por lo que cubren tan sólo el consumo interno.

Dentro del sector primario, y elemento clave de la economía nacional, se sitúa la explotación del petróleo, la gran fuente de ingresos del estado iraquí. La extracción y venta de crudo, iniciada en la década de 1930, contribuyó de manera esencial a la industrialización y al desarrollo del país.

En la actualidad, sus reservas, estimadas en algo más de 110.000 millones de barriles y localizadas fundamentalmente en la zona noroeste y en el sur (en la orilla izquierda del Tigris), ocupan el segundo puesto mundial tras Arabia Saudí. Oleoductos, gasoductos y refinerías se diseminan por todo el territorio nacional, facilitando así la explotación y el comercio del hidrocarburo.

Desde su fundación, Iraq es miembro de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), aunque la política de producción iraquí no siempre ha seguido los principios de la organización.

La explotación del petróleo es el principal motor económico del país. Las reservas petrolíferas iraquíes ocupan en la actualidad el segundo puesto mundial, detrás de Arabia Saudí.

Además de petróleo, Iraq dispone de reservas de gas natural, fosfatos y otros minerales, si bien su explotación es, de momento, bastante limitada. Las reservas de energía iraquíes son escasas, y las centrales térmicas e hidroeléctricas no cubren toda la demanda.

En lo que respecta al sector secundario, debe reseñarse el rápido impulso obtenido por la industria iraquí desde la década de 1970, merced a los beneficios obtenidos por el petróleo y a la ayuda externa en materia tecnológica. Tras la reciente crisis, la recuperación está siendo lenta, aunque la mayoría de los sectores industriales vuelven poco a poco a sus niveles de funcionamiento anterior. Además de las empresas petroquímicas, la industria textil, cementera, papelera y alimentaria son las áreas de mayor desarrollo. La antigua centralización y férreo control de la economía por parte del Estado está dejando paso a una incipiente participación privada.

También las finanzas estaban nacionalizadas en su totalidad con el antiguo Gobierno, situación que se ha modificado actualmente. El Banco Central Árabe, creado en 1947, supervisa ahora las transacciones comerciales realizadas por los nuevos bancos privados.

Tras el cese del embargo internacional en 2003, Iraq ha recuperado las exportaciones de crudo y productos derivados. Sus importaciones consisten sobre todo en bienes de consumo y alimentos. Iraq es miembro del Mercado Común Árabe.

En cuanto al transporte, éste utiliza preferentemente las vías de comunicación terrestres, que fueron ampliadas y mejoradas en la década de 1980. A pesar de los grandes destrozos bélicos, carreteras y ferrocarriles continúan cumpliendo su función de manera eficaz. Las tres zonas del país, norte, centro y sur, se comunican rápidamente por ambos medios, y también las comunicaciones exteriores, sobre todo con Kuwait y Jordania, son de calidad. En los desiertos y regiones montañosas, además, se mantiene el uso de las bestias de carga como medio de desplazamiento en zonas de orografía especialmente difícil.

Iraq dispone de aeropuertos internacionales en Bagdad, Basora y Mosul, además de cuatro regionales y otros muchos de carácter militar. Sus líneas aéreas fueron fundadas en 1945.

El río Tigris es navegable, mientras que el Éufrates sólo permite la navegación en algunos tramos, y con embarcaciones muy pequeñas, dado su escaso caudal. También puede navegarse por lagos y canales. En la actualidad, el puerto marítimo de mayor importancia es Umm Qasr, en detrimento de Basora, que lo fue antaño. Debido a su diminuta costa, Iraq ha recurrido de manera sistemática a puertos jordanos o sirios para el transporte de mercancías.

Comunicación

La red de telecomunicaciones iraquí ha resultado devastada por los conflictos bélicos. Teléfonos, televisores e incluso radios son un bien escaso en Iraq, justo cuando, tras el fin del exhaustivo control mediático por el régimen de Saddam Hussein, se ha producido una explosión de nuevos medios dando la bienvenida a la recién recuperada libertad de expresión. Aun así, se estima que quedan en pie más de 1,7 millones de líneas telefónicas fijas y que los teléfonos móviles que circulan por el país superan los 27 millones. Igualmente se baraja en torno a los 325.000 el número de usuarios iraquíes de Internet.

Administración y política

División territorial

Iraq se organiza administrativamente en 18 gubernaturas o muhafazat, cada una de las cuales se divide en distritos o aqdiyyah, que comprenden a su vez unidades administrativas más pequeñas, denominadas nahiyat. La entidad mínima de organización es la municipalidad.

Una estructura federal confiere a estas gubernaturas una amplia autonomía con respecto al poder central, tanto en el aspecto político como en el económico. Tres de ellas (Dahuk, Irbil y Sulaymaniya) componen, desde 1974, la Región Autónoma del Kurdistán, lo que les otorga una mayor cuota de autogobierno y un parlamento regional propio.

La capital, Bagdad, centro político, económico y social del país, constituye, junto con su territorio circundante, una provincia por sí misma, que disfruta también de un estatus especial.

Vista aérea de Bagdad, la capital de Iraq, en 2009.

Forma de gobierno y partidos políticos

Tras más de veinte años de gobierno autocrático de la mano de Saddam Hussein y una breve administración provisional encargada de supervisar el proceso de transición democrática, la nueva Constitución aprobada en 2005 define a Iraq como una república parlamentaria federal.

La jefatura del Estado está encomendada al presidente de la república, quien es asistido por dos vicepresidentes, elegidos por el Parlamento, que componen el Consejo Presidencial. Aunque sus funciones, en principio, son de carácter representativo y protocolario, como la firma de decretos y reglamentos y la ratificación de las leyes, el Consejo Presidencial tiene la trascendente función de proponer al primer ministro del Ejecutivo.

Éste es quien detenta en la práctica la autoridad, al desempeñar el puesto de jefe del Gobierno y comandante en jefe de las Fuerzas Armadas. El equipo de Gobierno está formado por 37 ministros. El poder legislativo lo ejerce el Parlamento, que recibe el nombre de Consejo de Representantes y se compone de 275 parlamentarios elegidos por sufragio universal. La Constitución recoge la creación de un Consejo de la Unión, cámara formada por delegados provinciales cuya función será examinar proyectos de ley que afecten a las diferentes gubernaturas.

Tras décadas de hegemonía del partido Baat, que en la práctica ejercía una política de partido único, su caída en 2003 ha propiciado la creación y recuperación de otras formaciones políticas, la mayoría de las cuales han regresado del forzoso exilio. A las elecciones de 2005 concurrieron más de una veintena de partidos, que cubrían un amplio abanico de opciones ideológicas: representaciones religiosas (chiitas y suníes), grupos étnicos (árabes, kurdos o asirios) y opciones políticas (monárquicos, republicanos, defensores de la revolución islámica...). Los resultados de las elecciones dieron la mayoría absoluta a la Alianza Unida Iraquí.

La transición democrática que vive Iraq se encuentra bajo influencia de numerosos y variados grupos de presión. A la ocupación extranjera se une la presencia de observadores internacionales y organizaciones humanitarias que vigilan la limpieza de los procesos electorales. La mayor y más dramática influencia, sin embargo, la está ejerciendo la insurgencia interna, presente en el proceso mediante acciones armadas.

Servicios del Estado

Aunque los servicios ciudadanos conocieron un desarrollo casi inusitado entre los países de la región durante la época de bonanza económica, la situación actual se encuentra a años luz de aquel estado del bienestar, que incluía amplias coberturas sociales y sanidad gratuita.

Los largos años de guerras e invasiones han inutilizado gran parte de los servicios mínimos, incluidos el acceso normalizado al agua o la electricidad. Numerosas zonas se encuentran devastadas, mientras que otras muchas han sufrido el hacinamiento de las movilizaciones poblacionales y se muestran incapaces de abastecer a la población. Es el caso de Bagdad, cuya superpoblación ha creado a su alrededor poblados chabolistas de deficientes condiciones vitales.

Los servicios sanitarios ya no son gratuitos, aunque sí accesibles para la mayoría de los ciudadanos. Tras la escasez de medios sufrida durante los primeros años del embargo, que tuvo graves consecuencias en las tasas de salud, nutrición y mortalidad, sobre todo infantil, la situación actual ha mejorado en cierta medida. Continúan, no obstante, las restricciones en la distribución de medicinas y en la posibilidad de disponer de personal médico cualificado.

La educación es obligatoria entre los 6 y los 12 años, y en condiciones de normalidad resulta accesible para la población cursar estudios secundarios. Todos los niveles educativos son gratuitos. El absentismo escolar fue muy elevado durante la guerra, debido entre otras cosas a la necesidad de las familias de obtener aportaciones económicas de todos sus miembros y a la participación armada de los jóvenes.

La enseñanza universitaria se imparte en diferentes facultades y escuelas técnicas, situadas en las grandes ciudades del país. Antaño, y tras la revolución de la década de 1960, Iraq fue puntero en la formación de científicos, administradores y técnicos, hasta el punto de que exportaba trabajadores cualificados a otros países del entorno. Su reto educativo se encuentra ahora en recuperar esos niveles de excelencia. Queda mucho por andar, dada la escasez actual de productos educativos básicos, como libros de texto y material escolar.

Historia

Las civilizaciones de la antigüedad

El actual Iraq, y en concreto las cuencas del Tigris y del Éufrates, fue el territorio ocupado por la mítica Mesopotamia, cuna de las más antiguas civilizaciones de la humanidad. El primero de los pueblos en asentarse en estas tierras (en torno al cuarto milenio antes de Cristo) fue el sumerio, el cual aportó a la historia un primitivo sistema de escritura en caracteres cuneiformes.

Al tratarse de un territorio privilegiado, la zona más fértil de Oriente Medio, Mesopotamia resultó el lugar apropiado para el desarrollo de la agricultura, los sistemas de organización social y la cultura. Tras los sumerios, acadios, babilonios, asirios y caldeos gobernaron sucesivamente la zona de los fértiles valles. Cada una de estas sociedades alcanzaba grados superiores de complejidad y progreso, en lo que se ha dado en llamar, de manera conjunta, la civilización mesopotámica.

Ciudadela de Erbil, en la ciudad homónima, capital del Kurdistán. Habitada posiblemente desde antes del quinto milenio antes de Cristo, se cree que es la localización que ha estado poblada durante más tiempo en la historia del mundo.

En la segunda mitad del siglo VI a.C., la dinastía aqueménida incorporó el territorio a su vasto imperio. Alejandro Magno lo conquistó en el año 331 a.C., para dejarlo como herencia a los griegos seléucidas. Persas, romanos y bizantinos lucharon por su dominio durante los primeros siglos de la era cristiana.

La conquista musulmana

Esta conflictividad fue aprovechada por los árabes, quienes a principios del siglo VII lograron hacerse con gran parte de Oriente Medio, poniendo así fin a la historia de Mesopotamia y dando inicio a la de Iraq. A mediados de ese siglo ya dominaban gran parte de la región, mientras la población árabe se iba estableciendo progresivamente en la zona hasta convertirse en mayoritaria. Iraq era una provincia del califato de Medina, cuyos dominios se extendían desde el norte de África y la península ibérica hasta el actual Pakistán. Envuelto en las luchas entre las familias islámicas, Bagdad cobró gran relevancia cuando, en el 762, fue designada capital del califato abasí, convirtiéndose así en una de las principales ciudades del mundo islámico e inaugurando el periodo de mayor esplendor del islam en Iraq.

A pesar de que por entonces la ciudad recibía el nombre de Madinat al-Salam, «la ciudad de la paz», no estuvo esta etapa exenta de conflictos. Luchas internas de poder, guerras civiles y ataques externos iniciaron la decadencia del Imperio abasí en el siglo XI, que fue finalmente invadido por los buydias iraníes y los turcos seléucidas. Ambos pueblos regentaron un poder militar, manteniendo al califa de modo testimonial. Tras una breve recuperación del poder real del califato de la mano de Al-Nasir, los mongoles de Gengis Kan pusieron fin, en el siglo XIII, al gran imperio político y religioso creado cinco centurias atrás. Conservando su consideración de territorio sagrado, Iraq se sumió en el olvido de la historia. Timuríes, turcomanos y persas safawíes se alternaron en el poder durante este oscuro periodo.

El Imperio turco

El excepcional valor estratégico del país, tanto en el aspecto comercial como en el defensivo, motivó al turco Solimán I el Magnífico a emprender su conquista. Bagdad cayó en 1534; poco después, en 1638, todo Iraq pasaba a poder de los otomanos. Bajo ese dominio permaneció hasta el siglo XX.

El gobierno descentralizado que mantuvo el Imperio turco propició el reparto del poder entre las diversas dinastías locales, que dividieron de hecho el país en tres provincias. Además, favoreció indirectamente la incipiente penetración de los europeos. Este hecho, unido al bajo arraigo del nacionalismo árabe en el país, hizo que fueran los británicos, y no los iraquíes, quienes pusieran fin al yugo otomano. La liberación se llevó a cabo en el transcurso de la Primera Guerra Mundial.

La independencia

El Reino Unido estableció tras la guerra una dominación similar a un protectorado, reconocido por la Sociedad de Naciones, pero de poca aceptación tanto en el propio país europeo como en Iraq. En 1921 británicos e iraquíes firmaron un acuerdo bilateral por el que se concedía a Iraq constitución y autogobierno, simbolizado en la figura del rey hachemita Faysal I. En 1932, Iraq accedió a la plena independencia, y entró a formar parte de la Sociedad de Naciones.

Durante los primeros años de soberanía nacional, la situación de Iraq era de fuerte inestabilidad política, presidida por constantes conflictos étnicos, intrigas y complots políticos. Se sucedieron innumerables golpes de Estado e injerencias militares en el Gobierno. En la práctica, y bajo diferentes formas, el Ejército gobernó el país desde 1936 a 1941.

Después de la Segunda Guerra Mundial y de una breve intervención británica, la situación sufrió pocas modificaciones. En la década de 1950, bajo una cierta prosperidad económica derivada del petróleo, la situación parecía haberse estabilizado. Pero una serie de errores políticos llevaron al entonces monarca, Faysal II, a granjearse el descrédito popular. El rey fue depuesto por el Ejército en julio de 1958.

Revolución y república

El general Abdul Karim Kasem se hizo con el poder, decretando el fin de la monarquía y la proclamación de la república. Iraq rompió las relaciones con sus aliados europeos y se acercó a la Unión Soviética. Poco después hubo de enfrentarse a una guerra civil contra el pueblo kurdo. En 1963, Kasem fue derrocado por un golpe de Estado encabezado por el coronel Abd al-Salam Aref, el cual, a su vez, cayó en 1968 tras un nuevo pronunciamiento militar. El poder pasó entonces al partido del Renacimiento Socialista Árabe, conocido como Baat.

Ahmad Hasan al-Bakr, que ya había figurado a la cabeza de la nación, fue designado presidente de nuevo, aunque su avanzada edad provocó que delegara gran parte de sus funciones en su vicepresidente, Saddam Hussein al-Takriti. Desde los inicios de la década de 1970, Saddam comenzó a postularse como el verdadero poder en la sombra.

Saddam Hussein y las guerras del Golfo

En 1979, Saddam Hussein asumió finalmente la presidencia de Iraq. Para entonces, ya predicaba al mundo su rechazo visceral a Israel y sus intenciones expansionistas. La bonanza económica de la década de 1980 se destinó a la creación de un proyecto socialista, que contribuyó a mejorar la calidad de vida de la población. Pero, al mismo tiempo, los beneficios del petróleo se utilizaron para crear un omnipresente aparato de seguridad interna y externa y un gran arsenal de guerra. Los disidentes del interior fueron eliminados sistemáticamente del panorama político.

La misma tendencia se siguió con los peligros del exterior. Amenazada por el reciente triunfo en el vecino Irán de la revolución islámica, de mayoría chiita, la clase dirigente iraquí, en su mayoría sunní, inició en 1980 una guerra que, tras ocho años y un resultado devastador, no modificó en absoluto la situación prebélica.

Tras la contienda, Hussein se concentró de nuevo en fortalecer su ya absoluto poder. Con el ejército rearmado, invadió Kuwait en 1990 en busca de soluciones para la grave crisis económica que asolaba al país. Sin embargo, la comunidad internacional abortó sus planes expansionistas. Las Naciones Unidas condenaron la invasión y exigieron la inmediata retirada, autorizando posteriormente la invasión de Iraq. El conflicto, conocido como la primera Guerra del Golfo, finalizó con la derrota de las tropas iraquíes.

No obstante, Saddam conservó intacto su poder en Iraq. Los intentos de rebelión de los kurdos, en el norte, y los chiitas, en el sur, fueron fuertemente reprimidos. A pesar de todo, los kurdos consiguieron que la comunidad internacional estableciera para ellos una zona de seguridad en su territorio.

Tras la guerra, las Naciones Unidas establecieron severas medidas de control para Iraq, consistentes en la obligatoriedad de destruir su armamento y aceptar la supervisón de una comisión de expertos. Un embargo internacional trató de asegurar el aislamiento económico del país, pero dado que el resultado del mismo era el desabastecimiento de la población civil, en 1991 se estableció el programa «petróleo por alimentos», que buscaba cubrir las necesidades de los ciudadanos.

Durante los siguientes años, el desafío de Saddam a las políticas internacionales fue constante, en especial por los altibajos en el nivel de colaboración con los inspectores enviados por las Naciones Unidas para descubrir el supuesto armamento químico y bacteriológico del Ejército iraquí. La comunidad internacional, y en especial los Estados Unidos, mantuvo al Gobierno de Iraq en su punto de mira, y lo relacionó con el terrorismo internacional tras los atentados de Nueva York y Washington del 11 de septiembre de 2001.

Ante la dudosa colaboración de Saddam en la destrucción de su arsenal militar, y esta vez sin la aprobación internacional, tropas del Reino Unido y los Estados Unidos invadieron Iraq en 2003 (segunda Guerra del Golfo) y derrocaron a Saddam Hussein. Aunque las supuestas armas de destrucción masiva nunca fueron encontradas y no se pudo demostrar la relación del régimen de Saddam con los atentados de 2001, la invasión y posterior guerra fue justificada como una medida humanitaria de liberación del pueblo iraquí. Hussein fue detenido y puesto a disposición judicial.

Reconstrucción y conflictos

El país, asolado por años de bloqueo, dictadura y guerras, inició, bajo supervisión internacional, un lento y penoso proceso de reconstrucción y recuperación de la democracia. Las fuerzas ocupantes establecieron una autoridad provisional cuya función era mantener el orden. Difícil empeño en una sociedad sumida en el caos y en el enfrentamiento armado entre sus diferentes facciones y contra la ocupación extranjera.

En el año 2004 se refrendó la nueva Constitución nacional. Disuelto el Gobierno provisional, en 2005 se celebraron elecciones, cuyos resultados sirvieron para configurar el primer parlamento democrático. La presidencia de la república recayó en el kurdo Yalal Talabani, mientras que la jefatura del Gobierno pasó a manos del chiita Ibrahim al-Yafari, posteriormente sustituido por Nouri al-Maliki. De esta forma, el Gobierno resultante logró una repartida distribución étnica, aunque los suníes pasaron a desarrollar una tensa, y muchas veces violenta, oposición.

A finales de 2005 comenzó el juicio contra Saddam Hussein, y en 2006 se inició un lento proceso de retirada de las tropas extranjeras. Desde la caída del régimen de Hussein, la posguerra había continuado en medio de salvajes atentados, sabotajes, secuestros y multitud de actos armados. Tres años después de declarado el fin de la guerra, las continuas acciones insurgentes seguían dificultando el proceso de normalización y reconstrucción nacional y llenaban de incertidumbre el futuro del país.

El proceso judicial contra Saddam Hussein se prolongó hasta noviembre de 2006. El ex mandatario fue condenado a muerte por crímenes contra la humanidad. El 30 de diciembre de 2006 murió ejecutado en la horca. La desaparición de Hussein no puso término a la violencia extendida en el país. Según informes de las Naciones Unidas, sólo en 2006 perdieron la vida en el conflicto más de 34.000 civiles. En los años posteriores prosiguieron los atentados y las acciones armadas, a menudo dirigidas contra la población civil, a lo que se unió el hostigamiento en el noroeste del Ejército turco contra los kurdos de Turquía refugiados en territorio iraquí.

En 2008, el Parlamento iraquí aprobó un pacto de seguridad en virtud del cual las fuerzas de ocupación estadounidense y de otros países deberían abandonar el país a finales de 2011. El Gobierno presidido por al-Maliki intentó reforzar su posición política y militar. En febrero de 2009, el bloque político que él encabezaba obtuvo la victoria en las elecciones provinciales. El ascenso a la presidencia estadounidense de Barack Obama motivó un cambio de orientación en la estrategia de su país en Iraq. Obama anunció en marzo de 2009 que en un plazo aproximado de 18 meses la mayoría de las tropas estadounidenses desplegadas en Iraq serían retiradas. Ello obligaba, no obstante, al cumplimiento de estrictas condiciones de seguridad y de estabilidad política.

Las elecciones legislativas celebradas en marzo de 2010 arrojaron un resultado poco concluyente. Fueron precisos nueve meses, hasta diciembre, para que pudiera constituirse un nuevo Gobierno de gran coalición nacional, encabezado por al-Maliki como primer ministro. Yalal Talabani fue reelegido como presidente.

A mediados de diciembre de 2011, las últimas tropas estadounidenses destacadas en Iraq abandonaron el país. Habían transcurrido casi nueve años desde el inicio de la segunda Guerra del Golfo. Esta retirada se produjo en un contexto de relativa recuperación económica, sustentada en el aumento de las inversiones extranjeras y, sobre todo, en el incremento de la producción petrolífera, especialmente en la región del Kurdistán iraquí.

No obstante, en los primeros años de la década de 2010, persistió la situación de violencia e inseguridad a causa de los atentados y las luchas entre distintas facciones políticas. En octubre de 2010, una iglesia cristiana en Bagdad fue atacada por militantes islamistas, que causaron la muerte a 52 personas. En enero de 2012, la muerte en atentados de casi dos centenares de personas hizo temer un rebrote general de las hostilidades. Los atentados se cobraron la vida de más de 160 personas en junio, y otras 113 en un solo día en julio. En el resto del año murieron por atentados varios cientos de personas más. El año concluyó con un sobresalto político, cuando el presidente Talabani hubo de ser hospitalizado, primero en Bagdad y después en Alemania, para recibir tratamiento de las secuelas de un accidente cerebrovascular.

El conflicto civil y la violencia interétnica y religiosa se cobraron un número de víctimas muy elevado en la primera mitad de la década de 2010. En un mes especialmente luctuoso, en octubre de 2013 perdieron la vida 900 personas en diversos atentados y ataques contra la población. Según las estimaciones de las Naciones Unidas, a lo largo de este año se produjeron más de siete mil víctimas mortales.

El Estado Islámico de Iraq y el Levante (ISIS)

En estas circunstancias, el primer ministro al-Maliki fracasó en su propósito de iniciar un tercer mandato al frente del Gobierno iraquí. Tras las elecciones legislativas celebradas en abril de 2014, su formación logró una victoria insuficiente, y las fuerzas opositoras forjaron una alianza para impulsar un cambio político y elevar a la jefatura de Gobierno a Haider al-Abadi. El mandatario recabó la ayuda de las minorías suní y kurda para la formación de su Ejecutivo.

El nuevo primer ministro hubo de hacer frente a un intenso recrudecimiento de las hostilidades en territorio iraquí. En el verano de 2014, tropas rebeldes de confesión suní tomaron, con el apoyo del autodenominado Estado Islámico de Iraq y el Levante (ISIS, por sus siglas en inglés), la segunda ciudad de Iraq, Mosul, y otras poblaciones de interés estratégico. Contingentes kurdos, con el apoyo de Irán y los Estados Unidos, combatieron activamente a los invasores. Estas acciones se enmarcaron en un contexto de partición fáctica del país en varios territorios desconectados entre sí. En el Kurdistán iraquí, el presidente Massoud Barzani expresó su voluntad de convocar un referéndum para proponer la independencia con respecto a Iraq.

Ante los avances protagonizados por los contingentes del ISIS, desde principios de 2015 el ejército regular iraquí lanzó varias campañas militares dirigidas a recuperar el territorio perdido a manos de los islamistas en el norte y el oeste del país. La aviación de los Estados Unidos prestó apoyo aéreo a estas incursiones. La reconquista de la ciudad de Tikrit por las tropas regulares fue contestada por el ISIS con la captura de Ramadi, cerca de la capital Bagdad. En octubre de 2016 el ejército regular iraquí, con el apoyo de aliados, inició una fuerte ofensiva militar para recuperar Mosul, última de las ciudades importantes en poder del ISIS. La crisis humanitaria y el riesgo medioambiental derivados de las actuaciones del ISIS levantaron fuertes alarmas internacionales.

La batalla de Mosul se prolongó durante varios meses con efectos devastadores. Después de una férrea resistencia por parte de los miembros del Estado Islámico que ocupaban la ciudad, las tropas regulares iraquíes, con el apoyo del ejército estadounidense, anunciaron la recuperación de la urbe en julio de 2017. La ofensiva contra los últimos reductos del ISIS en Iraq se prolongó a lo largo de los meses siguientes, hasta que la presencia de esta organización en suelo iraquí pasó a ser en noviembre de 2017 meramente testimonial.

En el marco de la reunificación territorial de Iraq, el contencioso con el movimiento separatista kurdo tuvo un hito importante con la celebración, en septiembre de 2017, de un referéndum entre su población para decidir sobre la independencia. Aunque los votantes kurdos que acudieron a las urnas optaron abrumadoramente por la opción independentista, a la consulta no se le reconoció carácter vinculante ni el resultado fue reconocido por la comunidad internacional.

Sociedad y cultura

Iraq es, más allá de su composición poblacional, un mosaico de herencias y culturas que se expresa en el arte mejor que en cualquier otra manifestación. Las divergencias entre árabes y kurdos, o entre chiitas y suníes, unidas a las diferencias regionales y a las crecientes aportaciones occidentales, crean una configuración cultural única, que consigue sobrevivir a pesar de las más desafortunadas circunstancias.

Literatura

Iraq destaca en todo el mundo árabe por la calidad de sus poetas, que aúnan la herencia clásica con la libertad métrica y lingüística de influencia europea. Autores como Nazik al-Malaika, reconocida como iniciadora de la moderna poesía árabe, Badr Shakir al-Sayab o Abd al-Wahab al-Bayati son destacadas figuras de la literatura del siglo XX. Desde su prolongado exilio, Saadi Youssef y Mudhaffar al-Nawab sacuden las conciencias con su apoyo a la resistencia del pueblo iraquí.

Artes plásticas y patrimonio cultural

También en las artes plásticas se deja sentir la más antigua tradición islámica, impregnada de influencias orientales. Iraq ha aportado al mundo de la pintura y la escultura algunas de las más destacadas figuras de Oriente Medio, entre ellas Jawad Salim, Akram Shukri o Jaled al-Rahal.

Estandarte de Ur, obra sumeria del siglo XXVI antes de Cristo, salvada durante la guerra. Consiste en una caja de madera con incrustaciones de lapislázuli y otros materiales.

La ciudad de Bagdad acogía una gran colección de antigüedades en el Museo Arqueológico de Iraq, además de un impresionante tesoro literario en la Biblioteca Nacional. Ambas joyas, junto al Museo de Mosul, fueron destruidas y saqueadas durante la segunda Guerra del Golfo, lo que constituyó una pérdida irreparable para el patrimonio cultural iraquí.

Afortunadamente, no toda la herencia cultural iraquí ha sido destruida, aunque sí se encuentra muy afectada. Dos de sus antiguas ciudades, merecedoras del titulo de Patrimonio de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), se mantienen dificultosamente en pie. Hatra, capital del reino parto en el siglo III a.C., fue una ciudad fortificada cuyas ruinas esperan, en delicado estado de conservación, a ser excavadas en su totalidad. Por su parte, Ashur (Assur o Qal’at Sherqat), sagrada capital de los asirios, situada al norte de Mesopotamia, en la orillas del Tigris, también se encuentra en serio peligro de destrucción.

Ruinas de Ashur (o Assur), enclave de las civilizaciones sumeria y asiria en grave peligro de destrucción, vigiladas por soldados en 2008.