Israel

El Estado de Israel, cuya denominación oficial en hebreo es Medinat Yisra’el, es la materialización de las aspiraciones del pueblo judío, una comunidad que, expulsada de la región de Palestina hace dos mil años, mantuvo durante su exilio el anhelado sueño del retorno. El logro de esta antigua aspiración, sin embargo, está suponiendo un alto coste para toda la comarca. Tanto judíos como árabes se consideran legítimos propietarios de unas tierras que, en las últimas décadas, contemplan aturdidas una imparable sucesión de conflictos diplomáticos, escaramuzas de guerrillas, ataques terroristas, guerras e invasiones... Unas tierras que, por el momento, continúan dramáticamente regadas con sangre.

A la espera de la tan deseada paz, Israel es, hoy por hoy, mucho más que un incómodo conflicto internacional. Inigualable mezcla de culturas, etnias, orígenes, costumbres y lenguajes, a sus múltiples problemas se une la consideración religiosa de su suelo: Israel es tierra santa para judíos, musulmanes y cristianos, las tres grandes religiones monoteístas del mundo. Sin embargo, y a pesar de las dificultades, Israel ha logrado situarse, en su medio siglo de historia oficial, entre los países más desarrollados del planeta, gracias, entre otros factores, al apoyo de la comunidad internacional.

Bandera de Israel.

Medio físico

Israel está conformado por una estrecha y alargada franja de terreno situada en el Próximo Oriente. Sus 20.770 kilómetros cuadrados alcanzan una distancia de norte a sur de 470 kilómetros, mientras que en su punto más ancho sólo llega a los 135. El mar Mediterráneo baña las costas occidentales de esta banda de tierra, que a su vez se alarga hacia el sur hasta tocar, en un estrecho punto, el mar Rojo. Recibe también, en su lado este, las aguas del mar Muerto. El territorio israelí tiene fronteras con el Líbano por el norte, con Siria por el nordeste, con Jordania por el este y con Egipto por el sudoeste.

Aunque las fronteras de Israel con los países vecinos están delimitadas por convenios reconocidos internacionalmente (excepto en el caso de Siria, con quien se discute la pertenencia de los altos del Golán), el trazado de límites nacionales se convierte en un asunto relativo, pues los llamados «territorios en disputa» son reclamados tanto por el pueblo hebreo como por el palestino. No obstante, desde la constitución, en 1993, de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), esta entidad administra una pequeña superficie al sur del Mediterráneo (la franja de Gaza) y algunas zonas de la oriental Cisjordania.

De manera natural, en Israel se encuentran claramente delimitadas cuatro regiones geográficas, que corresponden al norte, centro, este y sur del país.

La zona norte está recorrida por varias franjas horizontales, diferenciadas en orografía y clima. Resulta muy sorprendente que en tan pocos kilómetros de anchura pueda disfrutarse de tan variados paisajes. Aquí se halla la costa mediterránea, área de tranquilas playas y fértiles tierras que ocupa apenas 40 kilómetros de anchura.

El área central es montañosa. Por el norte, los montes de Galilea constituyen el terreno más elevado del país, con el Har Meron, de 1.208 metros de altura como techo. Al sur se extiende la llanura de Esdraelon, tras la cual el terreno se eleva de nuevo en las colinas de Samaria y Judea. En esta zona, el punto más elevado es el monte Carmelo, que apenas supera los 500 metros. En la zona oriental de los montes de Judea se extiende el desierto homónimo que desciende hasta el mar Muerto.

Desierto de Judea con el mar Muerto al fondo.

El lado este del país, de norte a sur, está ocupado por la prolongación del africano valle del Rift, la denominada fosa del mar Muerto, que siguiendo el curso del río Jordán se prolonga hacia el sur por el valle de Arava. Esta fosa tectónica hunde el terreno en una depresión que alcanza, en el mar Muerto, los 400 metros bajo el nivel del mar, en lo que constituye la cota más baja de todo el planeta.

La zona sur, un triángulo que se extiende entre Gaza, el mar Muerto y el puerto de Elat, constituye el último ecosistema geográfico: el Neguev. Se trata de un terreno árido y desértico, plano y arenoso, salpicado de altos riscos y profundos cañones en su parte más meridional.

Desde el norte aparece en escena el principal cauce fluvial del país, el bíblico río Jordán. Tras dejar parte de sus aguas en el mar de Galilea, denominado también lago Tiberiades, o Yam Kinneret en el idioma oficial, el Jordán continúa su curso marcando los límites entre Israel y Jordania, hasta desembocar finalmente en el mar Muerto. Este mar, una superficie lacustre salada, es una de las fuentes de agua del país, cuya utilización requiere de avanzados procesos de desalinización. El mar de Galilea es, sin embargo, la principal reserva hídrica israelí.

Otros cauces recorren el país, fundamentalmente efímeros arroyos estacionales que manan de pozos subterráneos. De mayor tamaño son el Yarqon y el Qishon, ambos con desembocadura en el mar Mediterráneo, y una pequeña parte del Yarmuk, afluente del Jordán que discurre en los límites con Siria y Jordania.

Israel se encuentra en medio de dos fuentes de influencia climática, el Mediterráneo y el desierto, lo que unido a sus condiciones topográficas determina un clima muy variado, cuyas características cambian en función de la zona geográfica concreta. En general puede distinguirse el devenir de dos estaciones a lo largo del año. El verano se extiende de mayo a septiembre, y es seco y muy caluroso. El invierno, que puede calificarse como fresco, trae entre octubre y abril las únicas y escasas lluvias del año.

Cada zona geográfica tiene además sus propias peculiaridades. El sur sufre un clima casi desértico, con elevadas oscilaciones térmicas que pueden llegar hasta los 50 ºC en verano. El norte disfruta de un clima más mediterráneo, con mayor pluviosidad y temperaturas moderadas por la brisa marina. Las montañas de Galilea constituyen la zona más fría del país, viéndose algunos inviernos cubiertas de nieve.

Flora y fauna

La variedad climática y geográfica del enclave determina la existencia de diversos ecosistemas.

La vegetación es abundante y variada en el norte, donde han llegado a clasificarse hasta cerca de tres mil especies de plantas. Su situación en la confluencia de tres continentes permite el desarrollo de especies propias de diferentes áreas geográficas.

En tiempos antiguos, extensas áreas de la región se hallaban cubiertas por bosques perennes, formados fundamentalmente por centenarios cedros libaneses, especie que actualmente se encuentra casi desaparecida y que se conserva tan sólo como símbolo. En Israel, los frondosos bosques fueron poco a poco esquilmados, con objetivos madereros y agrícolas. Posteriormente, ambiciosos programas de reforestación han recuperado áreas arboladas con otros tipos de coníferas perennes. Actualmente, en las zonas montañosas del norte, elevadas y húmedas, pueden hallarse bosques de eucaliptos, robles y pinos.

Toda la parte septentrional del país tiene gran cantidad de terreno dedicado a la agricultura. Enfrentando la escasez de lluvias, avanzados sistemas de riego permiten el crecimiento de cítricos, frutas tropicales y todo tipo de cultivos hortícolas.

Aunque en las zonas áridas del territorio israelí la vegetación es escasa, en aquellas a las que llega agua pueden verse palmeras datileras, como las de la imagen.

En el área sur del país, mucho más seca y árida, sólo se adaptan a las condiciones climáticas algunas plantas xerófilas, generalmente arbustos y matorrales, entre los que destacan los pistacheros atlánticos, los lirios negros y los gamones. Allí donde llega suficiente agua, crecen también palmeras datileras. La franja fronteriza del este constituye la sabana subtropical israelí, de extensas llanuras plagadas de acacias.

La fauna es también variada en la región, sobre todo en lo que se refiere a mamíferos de pequeño tamaño. Hienas, gacelas, jabalíes, gatos salvajes y cabras monteses conviven con tejones, liebres, comadrejas..., habitando tanto en el desierto como en la sabana. Muchas de estas especies se encuentran bajo protección especial.

El desierto es, además, lugar privilegiado para el sostenimiento de reptiles, de los que existen más de cien especies nativas. El Mediterráneo, donde puede encontrarse a la tortuga griega, constituye, junto con los valles del Jordán y de Arava, una estación de paso para multitud de aves migratorias, como estorninos, pelícanos o cornejas. Las especies residentes más abundantes son perdices, avutardas, urogallos, cucos, alondras, ruiseñores..., así como aves rapaces, sobre todo águilas y halcones.

La fauna marina es abundante y variada en el Mediterráneo: salmonetes, sargos, bonito, mero… El mar Rojo atesora además espectaculares arrecifes de coral.

Israel está haciendo grandes esfuerzos por cuidar sus ecosistemas, esfuerzos entre los que se incluyen programas de educación y concienciación ambiental, restrictivas leyes de protección de la naturaleza y la creación de más de un centenar de reservas naturales y 65 parques nacionales, destinados a preservar la biodiversidad. Entre estas reservas destacan las de los montes Har Meron y Carmelo, el valle de Arava y el Parque Nacional de Masada. El monte Carmelo y Masada han visto reconocido su valor ecológico por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

Dentro de los planes institucionales por recuperar áreas naturales destaca también la rehabilitación del lago Hula y sus marismas, proyecto de vital importancia para la conservación del mar de Galilea. Otro programa ambicioso es el que se lleva a cabo en la reserva de Neot Kedumim, cuyo objetivo es la recuperación y conservación de las plantas que aparecen en los pasajes bíblicos.

Población

Demografía

La historia ha hecho de Israel un país peculiar en cuanto a configuración poblacional. Habitado por palestinos y reducidos grupos de judíos a finales del siglo XIX, la creación del Estado de Israel tuvo como resultado una sucesión de olas migratorias a lo largo de la primera mitad del siglo XX que multiplicaron por siete el número de habitantes, modificando por completo su distribución poblacional. Actualmente, de sus más de 8 millones de habitantes, algo más del 75 % son hebreos, mientras que la mayoría del 25 % restante es de origen árabe.

La población judía regresó a su tierra prometida procedente de todas las zonas del mundo: norte y sur de América, Europa occidental y del este, Asia y todos los países árabes de la zona. Las primeras migraciones tendieron a asentarse en función de su país de origen, aunque el creciente sentimiento de identidad nacional fue difuminando las diferencias nacionales.

Los árabes residentes en la zona protagonizaron el movimiento contrario. Más de la mitad de la población árabe que residía en la región emigró desde 1948 a los países fronterizos. Los beduinos que vivían en el Neguev, por ejemplo, desaparecieron de forma casi absoluta.

En Israel, la distribución demográfica del conjunto de la población es también muy característica. Casi la mitad de sus seis millones y medio de habitantes viven en tan sólo tres áreas metropolitanas: la antigua Jerusalén y las modernas metrópolis de Tel Aviv-Yafo y Haifa.

De la población judía, alrededor de un 10 % reside en áreas rurales, en unos asentamientos, creados durante las primeras oleadas de inmigración hebrea, peculiares y exclusivos de Israel. En su origen tenían funciones no sólo de organización social, sino también defensivas y económicas. Están, por un lado los kibbutz, asentamientos rurales basados en la pertenencia común de la producción, el consumo y la vida social. Actualmente existen más de 200 kibbutz, que desempeñan aún un importante papel en la producción agrícola del país. Por otro lado, los moshav, agrupaciones en las que cada familia mantiene su propiedad privada, mientras que los equipos de producción y los comercios son comunales.

Por su parte, los escasos árabes que residen en ambientes rurales lo hacen de manera independiente. Por lo común, los árabes viven en ciudades, principalmente en la región de Galilea y en el Neguev, así como en los territorios ocupados. En las metrópolis existe una tendencia a la segregación entre ambas comunidades. La ciudad vieja de Jerusalén, por ejemplo, está estructurada en cuatro cuartos: los sectores judío, árabe, cristiano y armenio.

La región más habitada es el norte, y sobre todo la costa mediterránea, donde la densidad poblacional supera los 300 habitantes por kilómetro cuadrado, muy lejos de los apenas 55 que se contabilizan en el Neguev.

La población judía ha experimentado en las últimas décadas un notabilísimo incremento, producto de la contribución migratoria. Entre la población árabe, el crecimiento vegetativo, más elevado, se debe a razones naturales. Los ciudadanos israelíes forman un pueblo joven, con un cuarto de la población menor de quince años, y disfrutan de una de las esperanzas de vida más elevadas del mundo, que supera los 81 años.

Lengua

Los idiomas oficiales de Israel son el hebreo y el árabe. El hebreo, idioma bíblico, era una lengua casi desaparecida a principios del siglo XX, conservada tan sólo por algunas comunidades aisladas y en forma escrita. El movimiento sionista consiguió recuperarla y devolverle un papel relevante en la construcción del Estado de Israel. El otro idioma oficial, el árabe, se basa en el estándar moderno para su estudio escolar.

Además de los oficiales, la diversidad social del país permite la comunicación en muchísimos otros idiomas. Inglés, francés, español, alemán, ruso, rumano, yiddish (mezcla de hebreo y alemán) o ladino, el dialecto del castellano hablado por los sefardíes, son sólo algunos de los idiomas que los inmigrantes trajeron de sus lugares de origen. En Israel, el bilingüismo es la norma, y no es inusual encontrar israelíes con fluido dominio de varios idiomas.

Religión

El Estado de Israel, aunque plenamente identificado con la religión y cultura judías, como lo demuestra por ejemplo la observancia de fiesta semanal en shabat (sábado) y demás festividades judías, contempla y permite la libertad de culto. Las diferentes comunidades religiosas disponen en general de un amplio grado de autonomía a la hora de administrar cuestiones religiosas, sociales e incluso legales, como asuntos civiles y familiares.

Algo más del 75 % de la población del país es de confesión hebrea. El judaísmo se mueve entre un amplio espectro, desde los ultraortodoxos o jaredim, estrictos observantes de las leyes religiosas, hasta los laicos, que abogan por separar la religión de la autoridad política. De manera simplificada, se distinguen dos ramas principales: los ashkenazis, procedentes de Europa central y oriental, y los sefardíes, denominación reservada a los descendientes de los judíos españoles expulsados en 1492, y que en general se aplica a todos los originarios de países mediterráneos. En ocasiones pueden observarse tensiones sociales entre ambos grupos, provocadas por diferencias políticas, económicas y sociales, de las que los ashkenazis salen ligeramente privilegiados.

La mayoría de la población israelí es de confesión judía, en sus diversas variantes. En la imagen, Libro de La Tora, el libro sagrado del judaísmo.

Con un 16 % de fieles, la religión musulmana (según el rito sunní), observada por los árabes, es la segunda más practicada en el país. Parte de esta comunidad se considera de nacionalidad palestina y no perteneciente al Estado de Israel, aunque actualmente son ciudadanos de pleno derecho, y muchos de ellos participan activamente en la vida política y social.

Al grupo árabe pertenecen también las minorías de cristianos y drusos. Los primeros residen principalmente en Jerusalén y en toda la zona de Galilea, y están adscritos de forma mayoritaria a los ritos ortodoxo y maronita, con menor presencia de las Iglesias evangélica, episcopal y luterana. Los drusos, residentes en los alrededores del monte Carmelo, constituyen una estrecha y cerrada comunidad religiosa que mantiene lejanas pero buenas relaciones con la mayoría judía.

Economía y comunicación

Datos económicos

El pueblo judío mantiene una reputación de activos trabajadores y de individuos prósperos y triunfantes en los negocios, habilidades que sin duda pusieron en práctica al crear su nación, ya que Israel ha logrado en pocos años un rápido y estable desarrollo económico que la sitúa en posición comparable a las primeras potencias occidentales. A ello contribuyeron diferentes factores como la elevada cualificación profesional de los recién llegados y las importantes ayudas económicas que recibieron de la comunidad judía internacional, de países como los Estados Unidos y de las reparaciones por la barbarie nazi. La joven nación tuvo que vencer, sin embargo, algunos puntos en su contra, como la escasez de recursos naturales, el pequeño tamaño del mercado interno, los elevados gastos militares y la oposición política y económica de los países de la región.

El desarrollo hebreo se ha construido sobre un potente sector público, complementado por una iniciativa privada apoyada desde el Gobierno. Ambos sectores colaboran en la consecución de los objetivos financieros fijados por el Estado. Su principal fuente de ingresos está en la recaudación de impuestos, de los más elevados del mundo. Con estas políticas, Israel ha logrado su participación plena en los mercados internacionales, y el logro de aceptables niveles de bienestar para sus ciudadanos.

El primer objetivo económico fue el desarrollo de la agricultura, meta que se alcanzó mediante la aplicación de exitosas medidas, como la creación de kibbutz y moshav. A pesar de la escasez de agua, avanzados sistemas de irrigación logran mantener cultivos intensivos que cubren gran parte de las necesidades internas y crean excedentes incluso para la exportación, aunque su contribución total al producto interno (interior) bruto (PIB), un 2,5 %, es muy pobre.

Cítricos y otras frutas, tomates, papas o patatas, trigo, cacahuetes, algodón y flores se encuentran entre sus principales cultivos. La producción de huevos, y sobre todo de leche, tiene también un gran peso dentro del sector primario. Bastante menor es la relevancia de la pesca, productiva apenas para la demanda interna.

De los escasos recursos naturales y fuentes de energía de Israel, destacan la producción de bromo, magnesio, fosfatos y algunos otros minerales. El país dispone de pequeños pozos petrolíferos y de gas natural en el Neguev, pero necesita importar para cubrir sus necesidades energéticas. La producción de energía, obtenida mediante centrales térmicas y alguna nuclear, está nacionalizada.

A pesar de estas dificultades, uno de los más importantes motores de la economía israelí ha sido la industria, que ha experimentado un rápido y seguro desarrollo en diferentes sectores. Entre ellos destaca el auge de la investigación armamentística y militar, sector de vital importancia que ha contribuido a desarrollar uno de los grandes pilares de la economía actual: las nuevas tecnologías. Otras áreas industriales de importancia son la metalurgia, la industria química y textil y el corte y pulido de diamantes, actividad de la que es líder mundial.

Una fuente importantísima de entrada de divisas en Israel, especialmente desde el final de la llegada masiva de nuevos inmigrantes, es su creciente turismo. Las impresionantes atracciones históricas, religiosas y arqueológicas se unen a las cada vez más numerosas instalaciones lúdicas y de ocio, que atraen a un buen número de visitantes cada año, fluctuantes, eso sí, por las circunstancias políticas del país.

El Banco Central de Israel se encarga de emitir la moneda oficial, el nuevo siclo, que sustituyó en 1985 a su devaluado predecesor. La misma institución supervisa y controla a los grandes bancos comerciales, avalistas de importantes proyectos macroeconómicos. Entidades bancarias de menor tamaño se ocupan de negocios de pequeña cuantía o a más corto plazo.

El Gobierno favorece políticas de impulso a la empresa privada mediante créditos de bajo interés y la protección de los productos nacionales. A pesar de estas medidas, Israel mantiene una balanza comercial deficitaria, situación atribuible al complicado escenario político en el que está sumido. Sus principales socios comerciales, con los que mantiene acuerdos de libre comercio, son la Unión Europea y los Estados Unidos. La nación israelí pertenece además a la Organización Mundial del Comercio.

Las principales exportaciones de Israel son los productos de alta tecnología, los tejidos, los productos agrícolas y los diamantes tallados. En cuanto a las importaciones, sobresale la compra de materias primas (entre ellas diamantes en bruto), bienes de equipo y la mayor parte del combustible que utiliza.

El transporte interno israelí se realiza a través de una tupida y eficaz red de carreteras, en cuya descongestión colabora un modernizado equipo ferroviario. El transporte internacional, difícil debido a las tensiones fronterizas, depende de manera preferente del tráfico marítimo. Los puertos de Haifa y de Ashdod, en el Mediterráneo, y el de Elat, en el mar Rojo, son los principales puntos neurálgicos. El aeropuerto internacional Ben-Gurion, entre Tel Aviv y Jerusalén, cumple esta función en lo relativo a la aviación, con el apoyo de las terminales de Rosh Pinna, Elat y Haifa.

Comunicación

La mayoría de los medios de comunicación de masas, fundamentalmente de la prensa escrita, son de propiedad privada. Hay cientos de publicaciones periódicas en el país, muchas de ellas en hebreo, pero también en árabe, inglés, yiddish..., que cubren además un amplio espectro de posiciones religiosas e ideológicas.

Radio y sobre todo televisión tienen una oferta idiomática más limitada, pero no así la programación. Una comisión estatal supervisa la concesión de licencias de emisión. Las autoridades conceden una gran importancia a las emisiones educativas y de contenido social. Televisión por cable y vía satélite permiten la recepción de canales internacionales. En un país puntero en tecnología, Internet es una vía ampliamente accesible, que cuenta con más de 4,5 millones de usuarios.

Administración y política

División territorial

El Estado de Israel designó como capital oficial a Jerusalén en 1950, aunque muchos países de la comunidad internacional no reconocen a la ciudad santa como municipio principal del Estado, y mantienen sus embajadas en Tel Aviv, que actúa en esta y otras áreas como capital oficiosa.

El país está dividido administrativamente en seis distritos o mehozot. El distrito sur (en hebreo, Hadarom), con capital en Beersheva, abarca más de la mitad del país, incluyendo todo el Neguev. El resto del territorio se divide entre el distrito norte (Hazafom), el distrito central (Hamerkaz) y las regiones que rodean a las grandes urbes: Tel Aviv-Yafo, Jerusalén y Haifa.

La administración local la desempeñan instituciones municipales, cuyos reglamentos y presupuestos son regularmente supervisados por el Ministerio del Interior.

Israel mantiene, desde 1967, ocupados administrativa y militarmente una serie de territorios que reivindica como propios, en disputa con los palestinos. Estos enclaves son las regiones de Judea y Samaria (en Cisjordania), la franja de Gaza (junto al Mediterráneo) y Jerusalén Este. Aunque desde 1993 los dos primeros pasaron a depender de la ANP, su estatus definitivo es aún objeto de conflictivas negociaciones. A estos territorios deben añadirse los altos del Golán, disputados por Israel y Siria.

Forma de gobierno y partidos políticos

El joven estado israelí no se otorgó una Carta Magna, sino que basa su sistema gubernamental en un sólido conjunto de leyes cardinales, entre las que se incluyen la Declaración de Fundación, las leyes básicas del Parlamento y la ley de ciudadanía israelí.

Tomó la forma de una república democrática, estableciendo la separación de poderes públicos. La representación estatal la encabeza el presidente de la república, a cuyas funciones simbólicas se le une la potestad de nombrar a los más altos cargos del Estado. Es elegido por la Asamblea Nacional de entre sus miembros y sólo puede permanecer en el puesto durante un único mandato, que legalmente tiene una duración de siete años.

El Ejecutivo se compone del primer ministro y su gabinete de gobierno. El líder del partido más votado recibe del presidente el encargo de formar gobierno, que debe estar formado por entre 8 y 18 ministros. Los periodos legislativos tienen una duración de cuatro años y no existe límite a la reelección.

Las leyes son elaboradas por una única cámara, la Asamblea Nacional o Knesset, compuesta por 120 miembros elegidos por sufragio universal. Su funcionamiento legislativo se organiza mediante plenarios y comisiones permanentes.

El sistema judicial bebe de fuentes anglosajonas, recogiendo también herencias de otros pueblos. Convive con tribunales tradicionales propios de las diferentes comunidades religiosas, que regulan de modo independiente asuntos privados, de familia y otros.

El complejo panorama político de Israel ha provocado a lo largo de toda su historia extremas dificultades para la gobernabilidad, por lo que la existencia de Gobiernos de coalición ha constituido más una norma que una excepción. El rango de opciones políticas que representan los diferentes partidos es muy amplio. Existen grupos judíos y árabes, religiosos y laicos. Las dos formaciones políticas mayoritarias son el Partido Laborista, de izquierda moderada, y el Likud, partido conservador que recientemente se ha escindido en otra rama, de nombre Kadima. Los israelíes son un pueblo muy implicado en política y mantienen una muy activa participación en los asuntos públicos.

Servicios del Estado

A pesar de la inestabilidad política, el rápido desarrollo económico del país ha conllevado unos altos niveles de bienestar social, que los ciudadanos disfrutan a cambio de una elevada presión fiscal.

La enseñanza es obligatoria y gratuita entre los 5 y los 15 años, y los dos cursos siguientes, aunque de libre realización, son también sufragados por el Estado. La oferta educativa pública es amplia y variada, pudiéndose elegir entre educación religiosa y laica, así como el idioma y la cultura, hebrea o árabe.

El Estado atiende de forma especial a la enseñanza no formal, como la educación de personas adultas o nuevos inmigrantes. Otorga también gran importancia a la formación técnica. En un país de profesionales altamente cualificados, la calidad de las enseñanzas superiores ha alcanzado rápidamente un elevado nivel. El sistema universitario está inspirado conjuntamente en Europa y los Estados Unidos y se imparte sobre todo en hebreo. La libertad de cátedra está protegida por la ley.

El Estado israelí proporciona un amplio rango de servicios sanitarios gratuitos, a la vez que supervisa aquéllos ofrecidos por instituciones privadas. La cobertura médica y hospitalaria estatal está garantizada para todos los ciudadanos. Los seguros privados están, además, muy extendidos.

Israel destina una elevada partida presupuestaria a asuntos sanitarios y sociales. Seguros familiares, rentas de subsistencia, seguros de incapacidad temporal o pensiones son algunos servicios de los que disfrutan los residentes en el país, incluso los que no tienen la nacionalidad israelí.

Otra gran partida presupuestaria del Estado es la destinada a defensa. Las Fuerzas Armadas israelíes y su especializado Servicio de Inteligencia figuran a la cabeza del mundo. Asunto de vital importancia para el joven país, la seguridad requiere la participación de todos los ciudadanos.

El servicio militar es obligatorio para los hombres y mujeres de origen judío y druso, mientras que los árabes acceden a él con carácter optativo. Después de licenciados, los israelíes permanecen en situación de reserva hasta la cincuentena, realizando entrenamientos anuales de carácter obligatorio. En situaciones de emergencia, todos los reservistas se ponen a disposición de la nación.

Historia

Los tiempos bíblicos

Aunque el moderno Estado de Israel tiene una breve historia, iniciada en 1948, sus antecedentes históricos se remontan a los tiempos bíblicos. Según el Antiguo Testamento, las doce tribus nómadas fundadas por Abraham retornaron, después de su primer éxodo, a la tierra prometida de la mano de Moisés. Las tribus hebreas fueron reunidas en un solo reino por el mítico rey David en torno al año 930 a.C., momento en el que el pueblo hebreo alcanzó su máximo esplendor. Tras la muerte de su sucesor, Salomón, el estado se dividió en dos partes, Israel y Judá, y cayó bajo el dominio de asirios, babilonios, persas y macedonios, quienes ocuparon sucesivamente los territorios hasta la llegada del Imperio romano.

La diáspora

En el año 70 de la era cristiana, y bajo el dictado del emperador Vespasiano, Jerusalén fue aniquilada, el templo de Salomón destruido y los hebreos expulsados de su tierra. Este episodio suponía el segundo éxodo judío y el inicio de la diáspora, la dispersión del pueblo judío por todo el mundo.

Durante los siguientes dos siglos, y mientras el pueblo hebreo veía prohibido su retorno a Palestina, ésta fue gobernada por los bizantinos, tras la caída del Imperio romano, y después por los árabes, desde el siglo VII. Musulmanes y cruzados cristianos lucharon durante siglos por estas tierras, consideradas santas para ambas religiones. A principios del siglo XVI el territorio pasó a formar parte del Imperio otomano, bajo cuyo mandato permanecería hasta la Primera Guerra Mundial.

El sionismo

Durante el siglo XIX, bajo el amparo de los movimientos nacionalistas, una corriente religiosa, cultural e ideológica fue extendiéndose desde Europa hasta todos los rincones de la diáspora hebrea. Tomando su nombre de Sión, monte cercano a Jerusalén, el sionismo buscaba la reunificación del pueblo judío mediante la creación de un estado en la patria de sus antepasados.

La ideología iba ganando adeptos entre los exiliados, que en ocasiones vivían bajo situaciones de persecución o exclusión. En 1881, un primer contingente de pioneros se asentó en la zona, en lo que se conoce como primera aliyá, o emigración masiva. En 1897 Theodor Herzl, periodista austriaco considerado como el fundador del sionismo, impulsó en Suiza el primer congreso internacional sobre el tema, foro que se repetiría en los años siguientes y que sirvió de altavoz internacional a la causa.

Una segunda aliyá se produjo antes del estallido de la Primera Guerra Mundial. A su fin, la derrota turca puso en manos británicas los anhelados territorios palestinos, y el movimiento hebreo redirigió su presión hacia Londres. El Reino Unido mostró su apoyo a la causa sionista mediante la Declaración Balfour de 1917, proyecto que el resto de países vencedores ratificaron en la Conferencia de San Remo. La idea británica era la creación de un Gobierno mixto árabe-judío, pero, tras el rechazo de los palestinos y el aumento de la presión migratoria hebrea, esa opción fue descartada. Los primeros enfrentamientos judeo-palestinos obligaron al Reino Unido a restringir el flujo migratorio, pero el dominio nazi en Europa, con su brutal persecución al pueblo judío, desbordó todas las limitaciones a la huida hacia la ansiada patria.

La creación del estado israelí

Finalizada la Segunda Guerra Mundial, las Naciones Unidas aprobaron la creación del Estado de Israel, velando al mismo tiempo por los intereses palestinos, mediante la división de la región en dos zonas de tamaño equiparable, y manteniendo a Jerusalén como una ciudad bajo administración internacional.

El 14 de mayo de 1948 fue declarado oficialmente el Estado de Israel (nombre oficial de la nueva nación), del que David Ben-Gurion pasó a ser primer ministro. La proclamación fue inmediatamente replicada con una invasión por parte de Jordania, Egipto, Siria, Líbano e Irak. Un año después, la firma del armisticio se saldó con la victoria de Israel y la apropiación de más territorios de los inicialmente concedidos. Esta batalla sería la primera de una larga guerra, que dura ya cinco décadas, marcada por la alternancia entre cruentos enfrentamientos armados e intentos diplomáticos de avanzar hacia la paz.

En 1956 Israel entró en guerra con Egipto, y poco después, al inicio de la década de 1960, con Siria. Cuatro años más tarde se fundó la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), que unificó gran parte de las reivindicaciones árabes y lideró la oposición política y armada al Estado de Israel. En 1967, en un fulminante ataque, Israel se anexionó los «territorios en disputa» de la franja de Gaza, Cisjordania, la parte este de Jerusalén, los altos del Golán y la península del Sinaí, en el conflicto conocido como la guerra de los Seis Días. Los enfrentamientos entre Israel y sus vecinos prosiguieron durante la década siguiente: en 1970 contra el Líbano, y en 1973 frente a una coalición de Egipto y Siria en la guerra denominada del Yom Kippur.

El difícil camino hacia la paz

Mediada la década, se dieron los primeros acercamientos pacíficos. En 1974, Israel y Siria decidieron crear una zona fronteriza neutral; ese mismo año, la OLP fue reconocida por las Naciones Unidas como representante del pueblo palestino; finalmente, los acuerdos de Camp David, en 1978, facilitaron un armisticio entre Israel y Egipto, así como la delimitación consensuada de fronteras entre ambos países.

En 1982, durante la invasión del Líbano por las tropas israelíes se produjo el ataque de grupos paramilitares cristianos libaneses contra dos campos de refugiados palestinos que se saldaron con cientos de víctimas, muchas de ellas civiles. Dos años más tarde llegó al Gobierno el laborista Shimon Peres, quien inició nuevos acercamientos en pro de la paz, que se vieron interrumpidos tras la victoria del Likud en los comicios de 1986. Al año siguiente la población árabe inició la intifada, acción de enfrentamiento contra el poder israelí consistente en actos de desobediencia civil, a veces de carácter violento.

El reconocimiento, en 1988, del Estado de Israel por parte del líder de la OLP, Yasir Arafat, sirvió para iniciar un nuevo periodo de acercamientos, tímidamente promovidos en Madrid y luego desarrollados con éxito en Oslo en 1993. Los acuerdos de la capital noruega establecieron la creación de la ANP, que asumiría transitoriamente el Gobierno de una parte de los territorios en disputa, con el objetivo de su completa devolución. Estos prometedores pasos se vieron truncados por el asesinato, en 1996, de su impulsor, el laborista Isaac Rabin, y por los continuos enfrentamientos entre israelíes y palestinos.

Bajo el siguiente Gobierno de Benjamin Netanyahu, el proceso pacificador se estancó, a lo que contribuyeron los atentados perpetrados por el grupo radical palestino Hamas.

El siglo XXI. Primera década

En el año 2000, con Ehud Barak al frente del Ejecutivo israelí, se inició la segunda intifada, que aumentó de grado al ocupar Ariel Sharon la jefatura del Gobierno en 2001. Durante el año siguiente se vivió una escalada de la violencia en forma de atentados terroristas de los palestinos radicales y de su contestación por parte del Ejército israelí. En 2003, un nuevo intento negociador, denominado Hoja de Ruta, logró un gran respaldo internacional. No obstante, la construcción de un muro para separar los territorios israelíes y palestinos, ordenada ese mismo año por Sharon, concitó un amplio rechazo internacional.

Tras superar una gran oposición interna, en 2005 comenzó a hacerse efectiva la retirada del Ejército y de los colonos hebreos de los territorios ocupados. A finales de año, Sharon abandonó el Likud y formó el Kadima, partido con el que pensaba presentarse a los comicios del año siguiente. Ello no fue posible, pues un infarto cerebral le retiró de la vida pública.

El año 2006 se abrió con la victoria de Hamas en las elecciones convocadas por la ANP. Poco después, Ehud Olmert, al frente de la nueva formación Kadima, venció en los comicios israelíes. Al difícil entendimiento entre Hamas y el Gobierno de Israel se le vino a sumar, a mediados del año, una nueva guerra en territorio del Líbano entre el Ejército israelí y la guerrilla chiita libanesa de Hezbolá. La paz, una vez más, quedó en suspenso.

A finales del año 2008 se produjo un alto en la frágil tregua entre el Estado de Israel y la organización Hamas en los territorios palestinos ocupados. Las hostilidades se prolongaron durante varias semanas en la franja de Gaza, hasta que en enero de 2009 el Gobierno israelí, presionado por la comunidad internacional, anunció el cese unilateral de los ataques. Hamas también siguió la iniciativa, aun cuando no cesó completamente el lanzamiento de cohetes Qassam contra territorio israelí. Las acciones de Hamas eran respondidas con represalias por parte del Ejército de Israel.

En el ámbito de la política interior, el veterano político laborista Shimon Peres se convirtió en julio de 2007 en el noveno presidente de la historia de la nación. Por su parte, las elecciones legislativas celebradas en 2009 otorgaron la victoria a la formación conservadora encabezada por Netanyahu, quien fue investido como primer ministro a finales de marzo al frente de una coalición de partidos. La economía israelí se resintió de la crisis financiera global y cerró el año 2009 con un crecimiento negativo del 0,3 % del PIB. No obstante, las previsiones macroeconómicas apuntaban a una recuperación de cara a 2010.

El siglo XXI. Segunda década

La conflictiva situación en los territorios palestinos de Gaza y Cisjordania se prolongó durante los primeros años de la década de 2010. En marzo de este año, el Gobierno israelí autorizó la construcción de 1.600 viviendas en una colonia israelí en la zona de Jerusalén este, lo que motivó protestas por parte de los principales dirigentes palestinos. Esta práctica de formación de colonias en el territorio en disputa se perpetuó en los años siguientes y fue denunciada tanto por las organizaciones palestinas de la ANP y Hamas como por distintos organismos internacionales. No obstante, mientras la relación entre el Gobierno israelí y la ANP permitió la reanudación de conversaciones directas en Washington en septiembre de 2010, las actividades de Hamas en la franja de Gaza fueron causa de continuos enfrentamientos.

En mayo de 2010, un conjunto de embarcaciones agrupadas con el nombre de Flota de la Libertad y con más de 750 personas a bordo pretendía aproximarse a las costas de Gaza para ofrecer ayuda humanitaria y expresar su rechazo a las condiciones de la ocupación israelí. La respuesta del Ejército de Israel fue contundente: sus naves abordaron a las de la flotilla y, en el asalto, perdieron la vida diez personas y otras treinta resultaron heridas. Los incidentes fueron condenados en la escena internacional, y significaron un enfriamiento de las relaciones bilaterales entre Israel y Turquía, país del que zarpó la flota.

En agosto de 2011, los enfrentamientos entre fuerzas israelíes y palestinos se saldaron con al menos veinte fallecidos. Dos meses más tarde, el Ejecutivo israelí se avino a liberar a un millar de presos palestinos a cambio de la entrega de un soldado israelí secuestrado en 2006.

Este mismo mes, Israel fue escenario de una de las más multitudinarias protestas populares de los últimos años en el país. Unas 250.000 personas se manifestaron en sus calles para denunciar el encarecimiento de la vida, la dificultad de acceso a la vivienda y la desigualdad de ingresos y oportunidades. El Gobierno facilitó la creación de comités específicos para analizar los problemas planteados, pero se negó radicalmente a elevar el déficit estatal para atender las demandas de los manifestantes.

En noviembre de 2012, Palestina fue admitida en las Naciones Unidas como estado observador. Esta decisión provocó una airada respuesta del Gobierno de Israel y se situó en el origen de una operación de castigo de su Ejército en el marco de la operación Pilar Defensivo contra grupos islamistas de Gaza. Las acciones del Ejército causaron en ocho días más de 160 muertos. Esta medida militar se complementó con la autorización para construir 3.000 viviendas en asentamientos de Cisjordania y Jerusalén este, en una nueva prueba de fuerza y protesta del Ejecutivo israelí contra la decisión de la ONU.

En julio de 2013 se reanudaron las conversaciones entre el Estado de Israel y la ANP, bajo los auspicios del Gobierno de los Estados Unidos. Como gesto de buena voluntad, Israel ordenó la liberación de más de un centenar de presos palestinos. Sin embargo, los encuentros bilaterales no arrojaron avances que ayudaran a desbloquear la situación y las negociaciones se interrumpieron nuevamente en abril de 2014. Tres meses más tarde, miembros de Hamas y otros grupos palestinos iniciaron el lanzamiento de cohetes sobre el territorio de Israel. El ejército israelí respondió con ataques terrestres y aéreos contra los grupos armados palestinos en Gaza, en un recrudecimiento del conflicto que se prolongó, con alta intensidad, durante más de cincuenta días. En agosto, los contendientes firmaron un precario alto al fuego en una reunión celebrada en Egipto.

La escalada de violencia consolidó en el poder al primer ministro israelí Netanyahu. En marzo de 2015, el Likud, la formación por él encabezada, logró la victoria en las elecciones legislativas, con más de un 23 % de los votos. La Unión Sionista liderada por Isaac Herzog reunió el 20 % de los apoyos, mientras la formación Lista Conjunta, con el abogado y político árabe israelí Ayman Odeh al frente, sumó cerca del 11 %. Tras complejas negociaciones, Netanyahu renovó su mandato como jefe de gobierno, en coalición con el partido religioso ortodoxo Bayit Jehudí (La Casa Judía).

Desde octubre de 2015, la tensión palestino-israelí alcanzó cotas de alta gravedad. En apenas cuatro meses, al menos 200 personas perdieron la vida en ataques de palestinos contra civiles y militares israelíes y en las consiguientes represalias del ejército hebreo. Los agresores palestinos eran jóvenes que mostraban escasa coordinación entre sí y que protagonizaron sobre todo asaltos individuales en lugares públicos de Jerusalén y otras ciudades.

Entre tanto, el Gobierno israelí mantuvo su defensa a la extensión de asentamientos de colonos hebreos en territorios en disputa. Esta actitud motivó un enfriamiento de las relaciones entre el Ejecutivo israelí y la administración estadounidense, así como un enfrentamiento diplomático con la UE, a finales de 2015, cuando las autoridades europeas exigieron un etiquetado especial con denominación de origen para productos importados desde los asentamientos judíos en territorios ocupados por Israel.

En septiembre de 2016 falleció el veterano político israelí Shimon Peres. Último superviviente de los líderes fundadores del Estado de Israel, Peres había desarrollado una larga y prolífica carrera que lo llevó a ocupar la presidencia de la nación y en la cual fue uno de los artífices de los Acuerdos de Oslo. Por esta iniciativa recibió el Premio Nobel de la Paz en 1994. Las exequias de Peres reunieron en Jerusalén a altos dirigentes de unos setenta países del mundo, entre ellos el presidente estadounidense Barack Obama. También acudió al sepelio el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abbas, quien, por primera vez en seis años, se saludó con el primer ministro israelí Netanyahu. Este gesto supuso un breve interludio en un marco de tensas relaciones y desconfianza mutua entre los dos políticos y sus comunidades respectivas. En los actos, Obama hizo un llamamiento público a la reanudación del proceso de entendimiento entre Israel y la ANP.

En noviembre de 2017 se celebró en Israel el centenario de la llamada Declaración Balfour. Este documento, redactado por Lord Arthur James Balfour, por entonces Secretario de Exteriores británico, dio carta de naturaleza a las aspiraciones del movimiento sionista de asentarse en la región de Palestina. La conmemoración fue recordada con fastos por el estado israelí y con protestas por parte de la comunidad palestina, que consideraba que aquella acción histórica sirvió de base para la ocupación y desposeimiento de sus tierras y dio origen al conflicto palestino-israelí.

En otro orden de cosas, en diciembre del mismo año, el reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel por parte del presidente estadounidense Donald Trump aumentó el malestar entre los palestinos y levantó la alarma internacional ante el riesgo que dicha declaración suponía para la siempre inestable paz de la zona.

Sociedad y cultura

La milenaria cultura hebrea, dispersa desde tiempos inmemoriales, ha mantenido a duras penas su identidad y características distintivas. Su tradición y folklore, diluidos durante la diáspora, son actualmente objeto de estudio y conservación por las instituciones israelíes. Muestra de este ímprobo esfuerzo es la recuperación de la lengua hebrea, reservada durante épocas para la liturgia y la literatura.

Como contrapartida, la sociedad hebrea se ha enriquecido tras siglos de peregrinaje y combinación. Actualmente, el país presenta una rica y variada mezcla cultural y social, fruto de las aportaciones de los inmigrantes llegados de todas las partes del mundo.

Ciencia y tecnología

El Estado de Israel ha conseguido, en un periodo muy breve de tiempo, una posición destacada en el mundo de las nuevas tecnologías. La formación y la investigación universitarias avalan sus progresos en este campo.

Tanto las ciencias experimentales como las sociales tienen su centro neurálgico en las universidades hebreas. Destacan por su calidad e historia el Instituto Israelí de Tecnología de Haifa, fundado en 1924; la Universidad Hebrea de Jerusalén, probablemente la institución académica más prestigiosa del país, fundada en 1925; y el Instituto Weizmann de Ciencia, abierto en 1934. Con posterioridad se fundaron las universidades de Tel Aviv, Haifa, Barllan y Ben-Gurion. Como institución rectora debe mencionarse la Academia de Ciencias y Humanidades de Israel, fundada en 1960.

Literatura

La literatura israelí se inspira en asuntos tradicionales y cercanos a la identidad hebrea: la Biblia, el Talmud, la diáspora, el Holocausto... Acertados retratos de la vida del pueblo judío hicieron a Samuel Yoseph Agnon, merecedor del Premio Nobel de Literatura en 1966. Agnon, junto con Yosef Jaim Brenner, es considerado el padre de la moderna literatura israelí.

Los autores más recientes, nacidos ya en el país, han desarrollado una literatura viva y rica, capaz de poner nombre a los retos y desafíos de las nuevas circunstancias. El Holocausto fue también un tema ampliamente tratado por las nuevas generaciones de narradores. Entre las principales figuras de la literatura israelí contemporánea deben citarse a los novelistas Moshe Shamir, Aaron Applefeld y Amos Oz (Premio Príncipe de Asturias de la Letras en 2007) y a los poetas Nathan Zach y David Avidan.

Artes plásticas y escénicas

La expresión artística israelí, de herencia antigua y jóvenes ideas, absorbe influencias de todos los mundos con los que se cruza, a la vez que busca su propia individualidad. La pintura y la escultura, a la sombra de las vanguardias europeas, han comenzado en los últimos años a desarrollar corrientes exclusivamente autóctonas, buscando la inspiración en el paisaje nacional.

También la música y el baile mezclan los sonidos ancestrales de cada pueblo (sefardíes, ashkenazis, palestinos…) con el pop y rock cantado en hebreo o árabe. En el ámbito de la música clásica destaca sobremanera la Orquesta Filarmónica de Israel, de reconocido prestigio internacional. Una formación orquestal que en los últimos años ha unido el rigor melómano con un mensaje a favor de la paz entre palestinos e israelíes es la West-East Divan Orchestra, compuesta por músicos de ambas nacionalidades y dirigida por el afamado maestro argentino-israelí Daniel Barenboim.

El teatro, arte con mucha tradición en el pueblo hebreo, sigue siendo muy apreciado por los israelíes en la actualidad. La Compañía Nacional de Teatro, Habimah, fue fundada en 1918 en Moscú, desde donde se trasladó, en 1931, a Tel Aviv.

Patrimonio cultural

Región con una inmensa herencia histórica, los numerosos museos, bibliotecas e institutos culturales de Israel atesoran maravillas arqueológicas, religiosas e históricas. Destacan entre ellos la Biblioteca Nacional y Universitaria de Jerusalén y el Museo de Israel, donde se guardan los textos más antiguos conocidos del Antiguo Testamento, los llamados manuscritos del mar Muerto.

Tres lugares israelíes han merecido la designación por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad: la ciudad vieja de Acre, la ciudad blanca de Tel Aviv y el Parque Nacional de Masada. En una categoría aparte, como «metrópoli multicultural», figura la ciudad vieja de Jerusalén y su recinto amurallado.

Entre los lugares israelíes designados por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad están las ruinas judeo-romanas de Masada (en la imagen, restos del palacio de Herodes), ubicadas en una elevada meseta de la zona este de Israel, y la ciudad vieja de Acre (en la imagen, recinto amurallado) en el litoral mediterráneo, urbe de larga historia que ya aparece citada en la Biblia.

Entre los lugares israelíes designados por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad están las ruinas judeo-romanas de Masada (en la imagen, restos del palacio de Herodes), ubicadas en una elevada meseta de la zona este de Israel, y la ciudad vieja de Acre (en la imagen, recinto amurallado) en el litoral mediterráneo, urbe de larga historia que ya aparece citada en la Biblia.

Deportes

La cercanía, tanto geográfica como cultural, de Israel a Europa se demuestra con la participación de sus clubes deportivos en las competiciones europeas: la UEFA en fútbol, la EHF en balonmano, la Euroliga en básquetbol, etc. Precisamente, la disciplina de la canasta ha dado los mayores éxitos deportivos al país por medio del Maccabi de Tel Aviv, club que ha conseguido cinco títulos europeos e innumerables ligas en su país.

El Comité Olímpico israelí fue fundado en 1933, aunque la primera participación internacional del país data de 1952. Israel es, además, sede de los Juegos Macabeos, competición internacional del pueblo judío cuyas disciplinas están basadas en las olimpiadas tradicionales, incluyendo deportes como la natación y el atletismo, pero también el squash, el béisbol e incluso el bridge. Además de un gran acontecimiento deportivo, los Juegos Macabeos suponen el mayor encuentro mundial de la comunidad judía, que se realiza cada cuatro años.