Bam

    Antiquísima fortaleza persa, Bam es actualmente una pequeña ciudad de la provincia de Kerman, en la parte meridional de Irán, situada a doscientos kilómetros al sur de la capital provincial.

    A medio camino entre el golfo Pérsico y el gran desierto Dasht-e-Lut, Bam se sitúa a más de mil metros sobre el nivel del mar, en un oasis regado por canales subterráneos que recogen el agua de las montañas Jabal Barez. Su población alcanzaba los 70.079 habitantes (censo de 1996).

    Su economía, antaño comercial, se basa actualmente en la agricultura de regadío, que produce dátiles, naranjas y pistachos, y en el turismo, que busca en la ciudad su mayor tesoro, su milenaria historia.

    Fundada en un incierto momento durante el periodo sasánida entre los siglos VI y IV a.C., Bam se desarrolló como imponente ciudad fortificada, inexpugnable, cuya relevancia se basó en el peregrinaje religioso de los zoroastrianos hasta el templo del fuego, y en su posición privilegiada como punto comercial de la Ruta de la Seda. Experimentó su mayor esplendor durante la dinastía safawí, a partir del siglo XVI, acogiendo a casi diez mil habitantes dentro de sus muros, rematados por treinta y ocho torres.

    Su declive se inició durante el siglo XVIII, al sufrir invasiones afganas y de otros pueblos de la región, que se disputaron su dominio. En 1932 fue utilizada como cuartel militar, y finalmente la majestuosa ciudad de adobe fue abandonada. Su restauración se inició en la segunda mitad del siglo XX, aunque un 2003, un devastador terremoto, con epicentro en la propia ciudad, enterró dos mil años de historia.

    La ciudadela o fortaleza, la antigua Bam, construida enteramente en barro, componía una maravillosa muestra de las antiguas ciudades medievales de Oriente. Casi todos sus restos databan de la época safawí, casas, escuelas, mezquitas y termas dispuestas en estrechas y laberínticas calles, tal y como fueron durante su época de esplendor. Conservada en extraordinario estado hasta el seísmo, su consideración por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad en riesgo puede ayudar a su recuperación.