Golfo de Bengala

    Su superficie es de 2.172.000 kilómetros cuadrados y constituye la parte septentrional del océano Índico.

    Sus límites son: al este, Birmania (Myanmar); al oeste, la costa oriental de la India y Sri Lanka, al norte Bangladesh y al sur se abre al océano Índico.

    Sus puntos extremos distan unos 2.000 kilómetros entre sí. Son el cabo Comodín, al oeste, y la isla de Bras, cerca de Sumatra, al este.

    Los ríos Irawadi y Ganges desembocan en sus costas formando grandes deltas. Un caudal menor es el aportado al golfo por los ríos Mahanadi, Godavari, Krishna y Kaveri.

    Da cabida a numerosas islas como Sri Lanka, al sudoeste, y los archipiélagos de Andamán y Nicobar al sudeste.

    La región presenta una alta actividad sísmica, y sus aguas, de una profundidad media de 800 metros, experimentan importantes cambios de dirección en su superficie por efecto de los vientos monzónicos, que soplan de nordeste a suroeste en invierno y en sentido inverso durante el verano. En otoño son frecuentes los tifones.

    Hay asimismo un intenso tráfico marítimo en sus aguas, por efecto tanto de sus ricos bancos de pesca como del comercio internacional. Sus principales puertos son Calcuta y Madrás en la India, Akyab en Birmania y Chittagong en Bangladesh.

    En la literatura occidental, el golfo de Bengala fue mencionado en una obra griega del siglo I, el Periplo del mar Eritreo, donde se describieron las rutas marítimas que conectaban el mar Rojo con las costas del mar Arábigo y del propio golfo.

    La China de la dinastía Sung controló dicha zona durante los siglos XII y XIII y, en el XV, el almirante Cheng Ho navegó hasta los puertos de Sri Lanka.

    El marino portugués Vasco de Gama llegó a Calcuta en 1498 después de haber circunnavegado África. En cambio, los viajes exploratorios europeos que transcurrieron entre los siglos XVI y XIX dejaron de lado la cuenca del golfo.