Mito

    El mito clásico de Edipo y la esfinge, según una recreación moderna de Gustave Moreau (siglo XIX).

    El mito es, en Antropología, un relato o narración propios de una cultura, de carácter sagrado, en el que se explica cómo surgieron el mundo y los seres humanos, y que los miembros de esa cultura se transmiten de generación en generación. Mediante los mitos, los hombres conocen y se explican el origen sagrado de las cosas, un conocimiento que permanece en el tiempo y que es continuamente representado y reactualizado por medio de rituales diversos, como oraciones, dramas rituales, danzas sagradas, iconos religiosos, etc. A su vez, los mitos ejercen la función de servir de modelo, de paradigma, tanto para el comportamiento como para el conocimiento, pues si por un lado explican cómo surgió el mundo, por otro ejemplifican actitudes y conductas que son normativas para los seres humanos, es decir, que deben ser seguidos tanto por el individuo como por el grupo.

    Los mitos expresan acciones, caracteres y personalidades tanto positivas como negativas, ayudando a la comunidad a explicarse el porqué de las cosas y sirviendo al mismo tiempo de relato pedagógico, de modelo de comportamiento. Así pues, un mito se define por los siguientes rasgos:

    • Es un relato en el que se suceden diversos acontecimientos.

    • En este relato existe un componente fantástico, alejado de la vida “terrenal” de los hombres.

    • Los hechos que se cuentan suceden en un tiempo oscuro y lejano, entendido generalmente como el tiempo del origen.

    • La narración tiene un carácter sagrado.

    • Lo que se cuenta tiene una función ejemplarizante.

    Otro significado del término mito, más popular, lo asimila con un relato inventado, una fábula o una historia que la razón entiende por falsa. El origen de esta segunda acepción se encuentra en la Grecia clásica, cuando algunos filósofos comenzaron a dudar de la veracidad de los mythos existentes, formulados entre otros por Homero y Hesíodo. Los filósofos de los siglos VI y V a.C. se mostraron más partidarios de explicar el origen del mundo y de las cosas a través de la razón y de la lógica, es decir, del logos, que desde entonces se considera popularmente como lo opuesto al mito. Esta visión se ha mantenido a lo largo del tiempo, atribuyendo las explicaciones míticas a la ignorancia y la superstición, propias, generalmente, de pueblos atrasados o de sectores iletrados de la sociedad. Este punto de vista perduró en la antropología del siglo XIX y, así, los primeros antropólogos evolucionistas que se interesaron por la mitología –Tylor, Frazer, Lang…– pensaron que el mito, en cuanto que error y fruto de la ignorancia, correspondía a la “mentalidad primitiva”, propia de los pueblos “salvajes”, incapaces de explicar el mundo con argumentos racionales.

    Sin embargo, los antropólogos de principios del siglo XX cambiaron su punto de vista acerca del mito: en lugar de despreciarlo como algo primitivo y falso, intentaron comprender cuál es su función dentro de la cultura, por qué en todas las sociedades existen mitos y cuál es el significado profundo de éstos. Los primeros antropólogos que impulsaron esta nueva vía de investigación fueron Boas y Malinowsky, abriendo un camino que posteriormente ha dado lugar al surgimiento de dos grandes corrientes de investigación acerca del mito: la funcionalista y la estructuralista. Para la primera, el mito forma parte de un sistema mayor y más complejo de instituciones, valores, creencias y comportamientos y, por tanto, no puede entenderse ni ser estudiado fuera de este contexto. Para los funcionalistas, el mito es un elemento cultural cuya misión es garantizar el equilibrio y el buen funcionamiento de la sociedad, favoreciendo la solidaridad y la cohesión, legitimando instituciones que existen desde un tiempo inmemorial.

    El análisis estructuralista del mito pone el acento no tanto en para qué sirve el mito y cuál es su función dentro de la cultura, como en el estudio de qué es, cuál es su significación, cómo se expresa. Para los estructuralistas, cuyo máximo exponente es Claude Lévi-Strauss, el mito es un lenguaje, un medio de comunicación expresado mediante símbolos, que expresa una lógica de pensamiento. Haciendo una analogía con el análisis lingüístico, al igual que toda lengua, dicen los estructuralistas, se apoya en unas pocas leyes fonológicas, lo mismo sucede con los mitos. De esta forma, pese a existir una enorme variedad de mitos, todos ellos pueden ser reducidos a un pequeño número de tipos elementales, lo que permite realizar un estudio universal. El análisis estructuralista utiliza el método comparativo, lo que permite englobar mitologías que pertenecen a culturas muy alejadas geográficamente. En este sentido, los mejores resultados se han producido en el estudio de las mitologías amerindias, demostrando la unidad de un pensamiento indio presente en muchas culturas a lo largo del continente.