Cámara de niebla

    En el proceso de descubrimiento de las partículas atómicas y subatómicas que se inició a finales del siglo XIX y aún se prolonga, los físicos se han planteado como un objetivo importante de sus investigaciones el diseño de dispositivos que permitan detectarlas y contarlas y observar sus propiedades. Así surgieron los detectores de partículas.

    La cámara de niebla o cámara de Wilson es uno de estos detectores. Está especialmente indicado para la detección de radiaciones ionizantes, caracterizadas por su alto poder de penetración. En esencia, es un recipiente cilíndrico, provisto de una cámara fotográfica y un pistón, en cuyo interior se coloca una masa de aire perfectamente limpia y saturada de vapor de agua, que constituye una especie de niebla artificial.

    Si, mediante el pistón, se aumenta la presión, la masa de aire pasa de saturada a sobresaturada. En estas condiciones, si la atraviesa una radiación ionizante, condensa el vapor sobrante en torno a ella, con lo que dicha radiación define a su paso una especie de estela que puede fotografiarse. Ello permite su estudio, que arrojará conclusiones sobre las características de la partícula que la originó.

    Las prestaciones de una cámara de niebla pueden mejorarse situándola en el seno de un campo magnético. Al actuar sobre ella, este campo separa las trazas de las partículas positivas y negativas, haciéndolas describir distintas trayectorias curvas, cuyos radios de curvatura hacen posible deducir la velocidad de cada una de esas partículas. Por otra parte, el grosor de los trazos determina la masa de las partículas que los han creado.

    Un perfeccionamiento de la cámara de Wilson es la cámara de niebla de difusión, en la que una capa permanente de aire sobresaturado, sensible al paso de las partículas, se sitúa entre una región fría y otra caliente. La cámara de niebla, que rindió importantes servicios a la ciencia en el siglo XX, ha sido sustituida por dispositivos más avanzados como la cámara de burbujas.