Invierno nuclear

    Tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial, la práctica totalidad de las naciones se escindió en dos grupos, liderados respectivamente por los Estados Unidos y por la Unión Soviética. La confrontación entre ambos bloques político-militares en los terrenos estratégico, económico y cultural fue intensa, hasta el punto de que se comparó con un conflicto bélico latente, nunca declarado, que dio en bautizarse como Guerra Fría.

    Una de las razones que impidieron que este enfrentamiento derivara en una guerra abierta fue la doctrina persuasiva de la mutua autodestrucción. Las autoridades soviéticas y estadounidenses, además de las británicas, chinas y francesas, llegaron a acumular un arsenal muy extenso de artefactos nucleares cuyo uso bélico habría supuesto la aniquilación de todas las civilizaciones.

    En ese contexto surgió el concepto de invierno nuclear, con el que se intentaba poner de manifiesto los efectos que tendría el uso bélico masivo de bombas atómicas. Algunos de los más importantes de dichos efectos previstos serían:

    - Un descenso muy brusco de las temperaturas por el oscurecimiento de la atmósfera, lo que impediría la llegada suficiente de rayos solares y sumiría la Tierra en una nueva glaciación. De ahí el nombre de invierno nuclear. La catástrofe sería de resultados impredecibles. En una glaciación natural, la temperatura baja unos 10 ºC, pero a lo largo de siglos. Según algunas estimaciones, del uso de armas nucleares podrían derivarse descensos térmicos de hasta 50 ºC.

    - Una menor insolación, como consecuencia de las nubes de humo y ceniza procedentes de los incendios que se desatarían. Ello obstaculizaría muy seriamente la fotosíntesis de las plantas.

    - Una producción excesiva de óxidos de nitrógeno (N2Ox) en la estratosfera, lo que conllevaría importantes pérdidas de la radiación solar en la superficie del planeta.

    - Vientos huracanados que tendrían su origen en el acusado gradiente de temperatura que se crearía entre las aguas de mares y océanos (más calientes) y la tierra firme (muy fría).

    - Terrenos yermos por contaminación, lo que supondría una ausencia de cultivos y, por consiguiente, unas terribles hambrunas.

    Estos efectos vendrían a sumarse, a escala planetaria, a los derivados de la destrucción que se asocia a las bombas en sí.