Celulosa

    La celulosa es un carbohidrato complejo, o polisacárido, formado por cadenas de tres mil o más unidades moleculares de glucosa y constituye el componente estructural esencial de las células vegetales o, más específicamente, de sus paredes celulares. De hecho, se considera que un tercio de la materia vegetal es celulosa, llegando en algunos casos a constituir el más del 90% del contenido en especies como el algodón, o el 50% de la materia de la madera. Se trata, pues, del más abundante de los compuestos orgánicos presentes en la naturaleza.

    La fórmula química de la unidad molecular de la celulosa es (C6H10O5)n, siendo n el número de unidades que conforman la cadena completa del polisacárido.

    Las uniones que se establecen entre las unidades de glucosa son enlaces glucosídicos de una particular conformación, que confieren a las moléculas de celulosa ciertas características, entre las que destacan su gran rigidez estructural y su insolubilidad.

    Las largas cadenas de celulosa no forman ramificaciones, pero sí tienen la capacidad de disponerse paralelamente unas a otras, uniéndose mediante enlaces débiles del tipo puente de hidrógeno. De esta manera, se forman unas estructuras más compactas a las que se denomina microfibrillas. La asociación de varias microfibrillas permite la formación de estructuras de nivel superior, llamadas fibrillas, las cuales, a su vez, también se unen en grupos para formar las denominadas fibras, que ya son visibles a simple vista.

    Debido a la rigidez que presentan las moléculas de celulosa y a su capacidad de asociarse para la formación de estructuras más compactas, este polisacárido desempeña un papel fundamental en el mantenimiento de la estructura de las células vegetales, al actuar como estructura de sostén.

    La celulosa es el componente principal de la pared de las células vegetales. Se sitúa justo encima de la membrana plasmática y también sufre procesos de crecimiento. En esta pared, un 30% de la celulosa se dispone de manera ordenada, mientras que un 70% lo hace de forma desordenada.

    Cuando la célula vegetal ha dejado de crecer, entre la pared primaria y la membrana celular de algunas células se depositan capas adicionales de celulosa que constituyen la pared celular secundaria.

    La celulosa no puede ser utilizada por la mayor parte de los animales como fuente de energía, ya que no son capaces de metabolizarla al carecer de las enzimas necesarias para ello. Sin embargo, su ingestión resulta esencial para un adecuado funcionamiento del organismo, ya que es el elemento constitutivo de la fibra natural que facilita la digestión y el tránsito intestinal.

    Sólo ciertos microorganismos, presentes por ejemplo en el aparato digestivo de los rumiantes o de insectos como las termitas, pueden degradar la celulosa para transformarla en sustancias metabolizables. De ahí que los rumiantes puedan utilizar la hierba como fuente nutricional o que las termitas se alimenten de madera.

    La celulosa es una sustancia de gran interés industrial. Entre sus principales aplicaciones se cuentan la fabricación de papel, la elaboración de fibras textiles sintéticas, como el rayón y sus diferentes variedades, o su uso en las industrias de los explosivos, lacas y barnices, así como en la cinematográfica y la fotográfica. En este ámbito constituye la base para la fabricación del celuloide, tradicional soporte de películas y también de negativos fotográficos, si bien en este último caso la tecnología digital ha reducido notablemente su utilización.