Evolución en mosaico

    El término de evolución en mosaico, descrito por primera vez por el zoólogo británico Gavin de Beer, define un patrón de evolución en el que los principales cambios evolutivos de un organismo tienen lugar en una serie de etapas (como “a saltos”) y no de forma gradual. Se trata pues de un modelo que algunas de las características del organismo proceden de sus progenitores más ancestrales, mientras que otras se han adquirido en tiempos más recientes. Como consecuencia, al organismo se le considera un mosaico (una mezcla) de caracteres primitivos y actuales.

    El caso del Archaeopteryx, considerado como el ave más antigua, que vivió hace unos 150 millones de años, es un ejemplo claro de organismo que cumple con el patrón de evolución en mosaico. El estudio de este fósil reveló que el animal en cuestión presentaba unos caracteres concretos y especializados, algunos de ellos de ave, como las alas y las plumas, y otros de reptil, como las formas de la cola o del cráneo.

    Se supone que los rasgos que lo asocian con los pequeños dinosaurios de su tiempo, como los dientes afilados, las manos dotadas de garras o la cola con soporte óseo, eran fruto de una lenta evolución. Por el contrario, las alas y demás adaptaciones al vuelo correspondían a rasgos desarrollados en un tiempo comparativamente breve, evolucionados en el proceso a lo largo del cual el animal aprendió a volar.

    En humanos, parece que la evolución en mosaico pudo afectar al hombre de Neanderthal, ya que se ha comprobado que los fósiles de Neanderthal encontrados en Europa presentan características diferentes a los encontrados en el cercano oriente.