Evolución paralela

    La evolución paralela implica que dos o más grupos de organismos, que viven de manera independiente en territorios totalmente separados, han ido cambiando más o menos a la par a lo largo del tiempo, es decir que, a pesar de su evolución, mantienen ciertas semejanzas entre sí.

    Este tipo de evolución es, muy a menudo, difícil de distinguir de la llamada evolución convergente, que se da cuando los descendientes de seres no emparentados se acaban pareciendo entre sí por su adaptación a medios similares. Cuando la evolución convergente se mantiene a lo largo de muchas generaciones puede hablarse entonces de evolución paralela aunque, de manera estricta, se considera que este último tipo de evolución se produce en organismos que, de alguna manera, mantienen cierto nivel de afinidad filogenética.

    Existen varios ejemplos de organismos que han sufrido evolución paralela. Los marsupiales de Australia han evolucionado de manera paralela a otros tipos de mamíferos que forman una placenta para el desarrollo de sus crías y que se reparten por todas las partes del planeta.

    Aunque ambos grupos se hayan desarrollado en continentes diferentes, separados por miles de kilómetros, y su aspecto externo no sea muy parecido, tanto los marsupiales como los mamíferos placentarios han evolucionado de manera paralela, ya que han ido sufriendo las mismas adaptaciones para sus formas de vida.

    Otro ejemplo de evolución paralela es el del oso hormiguero y el oso marsupial, que presentan analogías muy evidentes en sus anatomías, como la boca tubular, estrecha y alargada, ya que ambos están adaptados a comer hormigas extrayéndolas de sus hormigueros.

    La evolución paralela también es común en especies vegetales. Tal es el caso de los cactus que se desarrollan en el continente americano y un determinado tipo de plantas de hábitat africano de la familia de las euforbiáceas. A pesar de pertenecer a familias vegetales diferentes, ambos tipos de plantas presentan similitudes como la capacidad de almacenar agua en sus tallos, lo que permite asimilar las condiciones de gran aridez de su entorno.