Principio de Hardy-Weinberg

    Este principio genético, cuyo nombre viene de los dos autores que lo describieron, de manera independiente, a principios del siglo XX, establece que la cantidad de variación de los caracteres genéticos, en una población y a lo largo del tiempo, se mantiene constante de generación en generación. La demostración de este hecho supuso una fuerte contradicción con lo que suponían las teorías evolucionistas, entre las que destaca la de la evolución por selección natural, descrita por Darwin. En este tipo de teorías se asumía que la reproducción sexual producía un tipo de herencia mezclada, en la que las características de cada individuo descendiente eran la mezcla intermedia entre las características parentales. Por ejemplo, teniendo en cuenta un rasgo genético como la altura, las teorías evolucionistas postulaban que el cruzamiento de dos individuos altos daría lugar a individuos altos, mientras que el apareamiento de dos bajos, tendría como resultado individuos bajos. Sin embargo, el cruzamiento de un individuo alto con otro bajo produciría individuos de estatura mediana (la mezcla de los dos rasgos). De esta manera, a lo largo de muchas generaciones se produciría un incremento en la cantidad de individuos medianos, mientras que la de los de estaturas extremas (altos y bajos) iría disminuyendo. Con el descubrimiento de las leyes de Mendel se pudo comprobar que la herencia no era tal y como habían asumido los evolucionistas, y que los rasgos extremos (la estatura alta y baja en el ejemplo anterior) persistían tras muchas generaciones.

    El principio que postularon Hardy y Weinberg demostraba que la reproducción sexual mantenía, a lo largo del tiempo, la variación genética en las poblaciones, siempre que no hubiera ningún tipo de factor que la pudiera alterar. Tanto la frecuencia genotípica de los caracteres que se transmiten (proporción en una misma población de individuos homocigotos y herocigotos para un mismo locus, ocupado por dos alelos), como la frecuencia génica (proporción de un determinado alelo respecto al conjunto de alelos para ese mismo carácter, como por ejemplo, la cantidad de individuos con pelo castaño o pelirrojo en una población), alcanzan un equilibrio definido por una fórmula matemática sencilla: es el equilibrio de Hardy-Weinberg. Sin embargo, esto sólo se cumple cuando se dan unas condiciones determinadas, ya que existen multitud de factores que influyen para que la variación genética ya no permanezca constante. Entre esos factores destacan la endogamia, en la que los individuos tienden a cruzarse con otros muy cercanos (ya sea por raza, territorio, etc.), lo que tiene como consecuencia la obtención de individuos cada vez más homogéneos; y los fenómenos de mutación y/o recombinación, procesos espontáneos y aleatorios que se producen en los genes. Con que se produzca uno de estos factores ya no se cumple la ley de Hardy-Weinberg que, en teoría, correspondería a la situación ideal de una población. Sin embargo, en la práctica, siempre existen variaciones, lo que permite que se den procesos de evolución.