SIDA

SIDA. Representación gráfica del virus.

El SIDA (síndrome de inmunodeficiencia adquirida) es una enfermedad vírica provocada por un retrovirus denominado VIH o virus de la inmunodeficiencia humana (también conocido como VLTH-3 o virus linfotropo de células T humanas) y que provoca la destrucción paulatina de la inmunidad celular del enfermo.

El contagio del virus se produce a través del contacto sexual, de la exposición a sangre contaminada y del empleo de agujas hipodérmicas infectadas, también puede ocurrir a través de la placenta durante el parto en caso de madres portadoras. Dentro de los grupos de riesgo se incluyen sectores marginados como drogadictos o prostitutas y también todos aquellos con prácticas sexuales de riesgo, es decir, que tengan relaciones frecuentes con diferentes personas sin tomar las medidas profilácticas adecuadas.

Los síntomas son variables dependiendo del curso de la enfermedad. En ocasiones existen individuos que pueden permanecer sin síntomas durante mucho tiempo (aunque sí pueden transmitir la enfermedad). Todos los síntomas se corresponden con alteraciones del sistema defensivo. Los signos iniciales suelen incluir fatiga, fiebre intermitente, escalofríos, sudoración nocturna, lesiones cutáneas, aumento del tamaño de los ganglios (linfadenopatía), diarrea, falta de apetito, pérdida de peso, apatía. En muchos casos estos signos iniciales pueden confundirse con otras enfermedades víricas como la mononucleosis.

Es frecuente que la enfermedad progrese hacia infecciones recurrentes por agentes patógenos poco habituales: parásitos (toxoplasmosis); bacterias como neumonías por Pneumocistis carinii, tuberculosis o salmonelosis generalizadas; hongos como candidiasis o alteraciones víricas por citomegalovirus. El riesgo de desarrollo de procesos tumorales malignos en los enfermos está muy aumentado: sarcoma de Kaposi, linfoma de Burkitt y linfoma no Hodgkin.

Actualmente los programas de tratamiento se basan en distintos productos antivirales y el control de las infecciones secundarias. Es imprescindible que el paciente reciba la máxima información posible acerca de su enfermedad.

El mejor modo de control del SIDA es mediante medidas de prevención:

  • Protección adecuada en los contactos sexuales (especialmente con personas desconocidas; grupos de mayor riesgo: prostitutas, homosexuales, contacto con múltiples compañeros sexuales o con personas que tengan múltiples compañeros, drogadictos).

  • No utilizar drogas intravenosas o si se hace nunca compartir jeringas o agujas.

  • Evitar el contacto oral, vaginal o anal con semen de personas infectadas.

  • Ante la mínima duda de posible contagio, se deben realizar las pruebas oportunas.

Evolución y control del SIDA

La infección por VIH/SIDA se ha producido en la población humana al menos desde los inicios del siglo XX. Según los expertos, apareció entre 1910 y 1930 cuando una mutación del virus de inmunodeficiencia en simios (VIS) se transmitió a la especie humana. Sin embargo, la enfermedad no se caracterizó ni tipificó hasta 1981, fecha en la cual su existencia fue declarada oficialmente por los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos. En aquel momento, la infección se acompañaba de un índice de mortalidad muy elevado, lo que causó una intensa alarma social acompañada puntualmente de actitudes de segregación y rechazo contra los afectados.

Transcurridas varias décadas desde aquel descubrimiento, la infección por VIH/SIDA puede abordarse actualmente de manera que los enfermos conviven con ella como una dolencia crónica. Aunque aún no se ha encontrado un tratamiento curativo para la enfermedad, la detección precoz y la terapia basada en cócteles de fármacos antirretrovirales permiten mantener un control del virus y evitar las secuelas graves derivadas del estado de inmunodepresión del organismo.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2016 fallecieron en el mundo en torno a un millón de personas por enfermedades relacionadas con el VIH. Más de 36 millones vivían con la infección, con un número de casos nuevos diagnosticados en ese año de unos 1,8 millones. En torno a la mitad de los afectados recibían tratamiento con antirretrovirales de por vida, un porcentaje que las autoridades sanitarias internacionales consideraban urgente incrementar. El continente más asolado por la enfermedad era el africano, que concentraba más de 25 millones de afectados y las dos terceras partes de las nuevas infecciones.

Las Naciones Unidas y la OMS han situado la lucha contra el VIH/SIDA como uno de los objetivos prioritarios en materia de sanidad. Para ello han intensificado las campañas de concienciación y prevención y la batería de soluciones terapéuticas, que en los países económicamente desarrollados han hecho posible que las personas infectadas puedan disfrutar de una vida plenamente funcional con tratamientos antirretrovirales de larga duración. La situación es más compleja en África y otras regiones menos favorecidas, donde a los problemas persistentes de escasez y calidad deficiente de la atención sanitaria se suma el hecho de que un alto porcentaje de los portadores del virus VIH desconocen su estado y se convierten en transmisores involuntarios de la enfermedad.