Cambio climático

En sentido amplio, el término cambio climático se aplica para designar la modificación continuada de las características generales de la climatología de la Tierra. Afecta, por tanto, a las condiciones de temperatura, precipitaciones, vientos, humedad, etc., del planeta. Se trata de un fenómeno consustancial a la evolución terrestre, que ha determinado la diferenciación de ciclos cálidos y periodos de glaciación.

No obstante, en la actualidad, el vocablo «cambio climático» hace referencia expresa a la variación de los registros meteorológicos observada desde finales del siglo XIX, y especialmente en las últimas décadas, debido al crecimiento exponencial de la actividad industrial humana.  

Según los estudios realizados en la actualidad, el cambio observado en la atmósfera y sus efectos sobre la evolución del clima son resultado combinado de factores naturales y de la acelerada actividad humana de industrialización y quema de combustibles fósiles. La pasada centuria se cerró con un incremento térmico promedio de 0,8 ºC, y las previsiones para el actual, aunque con algunas discrepancias, lo cifran en un intervalo que va desde 1,5 a 4,5 ºC. Estos cambios inducirán una respuesta correlativa en el resto de las características climáticas. El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), organización que aglutina a más de 2.500 científicos de todo el mundo, opina que un incremento de temperatura media entre 1,5 y 3,5 ºC causaría los mismos efectos, pero en sentido opuesto, que los que originó la última glaciación.

Causas y efectos del cambio climático

Las catástrofes provocadas por episodios climáticos, como huracanes, temporales e inundaciones, son más frecuentes que otros desastres naturales. En la imagen, resultado de una inundación en Gran Bretaña.

A diferencia de las variaciones naturales, el cambio climático actual implica a múltiples factores antropogénicos. La lluvia ácida o el «agujero» en la capa de ozono son dos de los elementos relacionados. Sin embargo, el desencadenante crucial es el denominado efecto invernadero, cuyo esquema se explica a continuación.

La atmósfera posee una capa constituida por dióxido de carbono (CO2), que sirve para retener el calor sobre la superficie de la Tierra de forma natural. El ciclo del carbono en la naturaleza establece un equilibrio entre el CO2 lanzado a la atmósfera por la respiración de los seres vivos y el drenado de la misma por las masas vegetales para los procesos de fotosíntesis con los que elaboran sus propios alimentos. Este equilibrio ha sido alterado por la acción del hombre mediante la emisión de ingentes cantidades de CO2 producido por el empleo masivo de combustibles fósiles, lo que ha engrosado la capa natural. Cuando la radiación solar atraviesa dicha capa, y una vez reflejada en la superficie del planeta, no es capaz de salir, siendo reflejada de nuevo y reenviada hacia la superficie terrestre. Este fenómeno provoca los mencionados ascensos térmicos, los cuales, además, se ven reforzados por la continua y progresiva desaparición de masa arbórea, consecuencia de incendios, deforestaciones y talas desaforadas. Otros gases, como el metano, también han ayudado al mencionado incremento térmico.

Además, el indiscutible deterioro de la capa de ozono existente en la atmósfera, cuya misión es filtrar la radiación ultravioleta procedente del Sol (permitiendo la llegada a la superficie terrestre únicamente de la necesaria y conveniente), también supone una aportación al ascenso de las temperaturas.

El cambio climático ya está produciendo ciertos efectos, aunque sólo visibles por el momento a escala regional. Entre los más significativos cabe citar el incremento exagerado del calor en los meses de estío o la aparición de altas temperaturas en épocas invernales en regiones históricamente frías. Además, también puede constatarse una progresiva desertización de las regiones templadas, cierta variación en la distribución de las masas forestales, un aumento de los fenómenos destructivos (como huracanes, inundaciones o sequías) o la subida del nivel del mar a escala global.

Por otra parte, el cambio climático presumiblemente traerá como consecuencias un aumento de las enfermedades infecciosas tropicales (como la malaria, el dengue o el cólera), terrenos litorales invadidos por las aguas (y, paralelamente, zonas afectadas por importantes sequías) y la desaparición de muchas especies animales y vegetales. Otra consecuencia negativa será la imposibilidad de desarrollar determinados cultivos, lo que puede originar problemas sociales de gran importancia.

En los ámbitos internacionales de estudio del cambio climático se presta especial atención al fenómeno denominado calentamiento global. Este fenómeno se define como el ascenso de la temperatura media de la atmósfera terrestre y los océanos que se ha observado desde finales del siglo XIX. Según los datos disponibles, en el transcurso del último siglo, la temperatura media de la Tierra ha experimentado un aumento aproximado de 0,8 °C, en una tendencia que se ha acelerado notablemente desde la década de los ochenta del siglo XX.

Estos datos han sido contrastados por infinidad de equipos científicos hasta el punto de que, a pesar de las controversias puntuales que surgen al respecto, su realidad se considera probada e inequívoca. Existe también un consenso extenso acerca de que la aceleración del calentamiento global está estrechamente vinculada a la emisión a la atmósfera de los gases de invernadero asociados al desarrollo industrial y humano en general.

Aunque el impacto del cambio climático asociado no es uniforme en todas las regiones, e incluso algunas se beneficiarán de él por la atemperación de las condiciones climáticas de su entorno, a gran escala se considera negativo. Algunos científicos han relacionado la especial virulencia de los huracanes en los últimos años con el calentamiento global. De notable relevancia, por otra parte, es la constatación de que se está produciendo una fusión de los hielos árticos y antárticos y un retroceso percibido en el grosor y extensión de sus placas. A este respecto, el estudio de la desaparición de la plataforma Larsen B, una extensión de hielo en la Antártida prácticamente desaparecida en los primeros años del siglo XXI, se considera un indicio constatable de la magnitud del problema.

Imagen de satélite con anotaciones referentes al desprendimiento de una gigantesca placa de la banquisa de hielo antártica debido a los efectos del cambio climático.

Políticas frente al cambio climático

Para afrontar este problema, la comunidad internacional ha adoptado diversas iniciativas. Así, en 1988 se constituyó, a instancias de las Naciones Unidas, el ya citado IPCC. Cuatro años más tarde, en 1992, se convocó en Río de Janeiro la Conferencia sobre Ambiente y Desarrollo de las Naciones Unidas. En ella se llegó a la conclusión, entre 162 países, de que era precisa una reducción de la emisión de CO2, proponiéndose medidas para ello como el aislamiento de viviendas, las plantas combinadas para la obtención de energía, la eficiencia de los aparatos eléctricos, el empleo del transporte público y la toma de medidas específicas para cada actividad industrial.

Tras la Conferencia de Río se han producido otras, como la de Berlín (1995), en la que se llegó al acuerdo de reducir las emisiones de CO2 pero sin dar cifras ni plazos. De las siguientes conferencias, establecidas con carácter anual, destacó la celebrada en 1997 en la ciudad japonesa de Kioto, en la que se redactó el Protocolo de Kioto que clasificaba a los países industrializados en ocho grupos según su grado de contaminación. Atendiendo a los acuerdos alcanzados, los Estados Unidos deberían disminuir la emisión de gases nocivos en un 7 %, Japón en un 6 % y la Unión Europea en un 8 %. No obstante, al año siguiente, la Conferencia de Buenos Aires hubo de aplazar hasta 2000 la puesta en marcha de estos acuerdos, que tampoco pudieron materializarse en los años sucesivos.

Con el comienzo del nuevo siglo, la Conferencia de Marrakech (Marruecos) de 2001 se cerró, al menos, con un acuerdo sobre las reglas de aplicación del Protocolo de Kioto. Tras otras reuniones, en 2005 tuvo lugar la Conferencia de Montreal (Canadá), con los acuerdos de Kioto ya en vigor y con el claro objetivo de reducir la emisión de los gases de efecto invernadero a corto y medio plazo. Lamentablemente, grandes potencias industriales como los Estados Unidos y China no se han vinculado a los acuerdos. Las conferencias de Nairobi (Kenia, 2006) y la isla de Bali (Indonesia, 2007) profundizaron en el desarrollo de estos acuerdos.

Medidas para afrontar el cambio climático

  • El IPCC valoró en 2007 el coste económico de las medidas tendentes a reducir las emisiones de gases de invernadero, situándolo en torno al 0,12 % del producto interno (interior) bruto (PIB) mundial hasta el año 2030, frente a un coste superior al 3 % de dicho PIB que supondría la no aplicación de las medidas propuestas.

  • Las principales áreas en las que se puede actuar para frenar el calentamiento, según dicho organismo, son las siguientes:

  • Suministro energético. Los campos de actuación se centran en las energías renovables (hidroeléctrica, eólica, solar, geotérmica) y la energía nuclear, en un planteamiento polémico que implica problemas de seguridad, almacenamiento de residuos radiactivos y posibles aplicaciones militares; también existen opciones de proyectos de ciclo combinado. 

  • Transporte. Se plantean planes de investigación sobre biocombustibles, vehículos híbridos de emisiones limpias y medidas como la expansión de las redes ferroviarias y de transporte público.

  • Industria. Elementos clave para combatir el cambio climático en este campo son los planes de eficiencia energética, el reciclado sistemático de materiales y las tecnologías alternativas de fabricación y los estudios sobre secuestro de carbono.

  • Edificios. En los edificios también se pueden aplicar medidas limitadoras, como mejora del rendimiento de la iluminación por medio de elementos de alumbrado de bajo consumo, control de los gases refrigerantes y generalización de las técnicas de aislamiento y mejora de los sistemas de calefacción.

  • Gestión agropecuaria y forestal. En este marco resultan esenciales la gestión sostenible de cosechas y fertilizantes, el fomento de la expansión de las masas boscosas y la administración sostenible de los recursos existentes.

  • Gestión de residuos. Las basuras y residuos conforman uno de los sectores en los que con mayor eficacia se pueden plantear, tanto en el plano doméstico como en el industrial, los proyectos de separación y reciclaje.