Aplicaciones de la energía solar

    Conjunto de acciones ejecutadas mediante el empleo de la energía solar.

    Entre las aplicaciones más conocidas, hay que destacar la producción de electricidad, lograda a través de las placas fotovoltaicas, así como la producción de agua caliente, mediante colectores de placa plana, susceptible de ser usada como ACS (agua caliente sanitaria) y para el suministro a calefacciones. Pero además de estos usos, la energía solar puede ser empleada para otros fines, entre los que debe mencionarse:

    Obtención de frío:la energía solar se transforma en energía eléctrica capaz de accionar las máquinas refrigeradoras. Esta posibilidad tiene especial importancia si se tiene en cuenta que es en los climas de elevada intensidad de radiación donde la refrigeración ambiental y la conservación de alimentos adquieren especial importancia por el gran calor reinante. Sin embargo, debe decirse que en este campo las condiciones socioeconómicas de los países en los que más interesante sería su implantación no son las más propicia para instalar avanzadas tecnologías.

    Desalinización solar: la energía solar puede ser aplicada en plantas potabilizadoras de aguas marinas. También tiene gran interés porque, con frecuencia, pluviosidad e insolación son factores contrapuestos, lo que significa que muchas zonas soleadas, ideales para el aprovechamiento de la energía solar, son deficitarias en agua potable, lo que tiene especial incidencia negativa en los aspectos domésticos, turísticos e industriales. Energía de las plantas: los vegetales con clorofila son los únicos seres capaces de producir sus propios alimentos, mediante el proceso denominado fotosíntesis. La primera idea es usar a las plantas para que suministren una materia orgánica capaz de arder, lo que supondría la disposición de una fuente energética. Un ejemplo de ello es el cultivo de la caña de azúcar, planta que suministra unos 10 kilogramos de materia orgánica seca por cada metro cuadrado de terreno.

    Sin embargo, diversos factores desfavorables han conducido a una búsqueda de soluciones más rentables, como es el cultivo de algas unicelulares. Las ventajas de ellas, entre las que destacan las variedades Chlorella y Scenodemus, residen en su alta capacidad de reproducción y su facultad de autorregulación de la radiación solar, ya que, si reciben más de la necesaria, almacenan el excedente hasta saturarse, utilizando después el sobrante almacenado para épocas de oscuridad.

    En el plano energético, las algas, una vez secas, pueden emplearse como combustible. También existe la posibilidad de someterlas a un proceso de fermentación bacteriana anaerobia, lo que da como resultado unos lodos ricos en nitratos y fosfatos, que pueden ser usados como fertilizantes, además de un gas combustible, que tiene más de un 60% de metano. La obtención de este último gas sigue la misma idea que la consecución del biogás en los digestores, los cuales utilizan como materia prima residuos orgánico de casi todo tipo, colaborando a la eliminación de basuras, a la vez que constituyen una fuente de energía, muy interesante en países con poco desarrollo económico y tecnológico.