Efecto corona

    Fenómeno originado cuando el gradiente de potencial que aparece en el conductor empleado para el transporte de energía en las líneas eléctricas de alta tensión es superior a la rigidez dieléctrica del aire que lo rodea.

    El efecto corona se debe a la ionización del aire que rodea a la línea de transporte, convirtiéndose en un conductor de la corriente, aunque de elevada resistencia. Cuando el gradiente de potencial del conductor que forma la línea llega a un valor, llamado gradiente superficial crítico, g0, cuyo valor viene dado por la expresión g0 = 30 · (1 - 0,7 · r) kv/cm eficaz, donde r = radio del conductor expresado en centímetros, el aire se ioniza, formándose iones que son atraídos y repelidos por el conductor, según la polaridad que éste presente en cada momento, lo que provoca colisiones entre átomos que son, a su vez, causantes de que se originen más iones.

    Su efecto visible es la aparición de unas luminiscencias azuladas, especialmente notables en las cercanías de las posibles irregularidades que pueda presentar el tendido de la línea. Simultáneamente a ellas, se origina una especie de silbido, así como la aparición de un olor peculiar debido a la formación de ozono, en un proceso similar al que tiene lugar en el curso de las tormentas, en las que las fuertes descargas eléctricas transforman el oxígeno molecular del aire (O2) en ozono (O3). Del mismo modo, si el aire de la zona contiene ciertas dosis de vapor de agua, se puede originar ácido nitroso, muy corrosivo para el metal que constituye el conductor.

    La aparición del efecto corona es causante de pérdidas de energía en la línea, además de que puede afectar a la integridad del conductor, por la acción del ácido formado. En la práctica, para minimizar el efecto corona, los cables de línea no se fabrican con un solo conductor, sino con varios trenzados, lo cual hace elevar el gradiente superficial crítico.