Competencia comunicativa

La competencia comunicativa es la capacidad de comunicarse de forma eficaz y exacta, controlando los diferentes factores implicados.

No siempre la comunicación se realiza de forma satisfactoria para las dos partes implicadas, puesto que en el proceso pueden existir problemas que ocasionen malentendidos o fallos en la comunicación. Son las llamadas barreras, obstáculos que pueden anular la comunicación, excluir una parte del mensaje o darle un significado incorrecto. Puede tratarse de barreras personales, cuando las interferencias provienen de emociones, valores o actos del individuo (si estás nervioso no prestas la misma atención); barreras físicas, que pertenecen al ambiente donde tiene lugar la comunicación (ruido, interferencias en el teléfono); y barreras semánticas, que surgen a través de las limitaciones de los símbolos, cuando el significado no es el mismo para el emisor y el receptor. En este sentido, se denomina ruido al conjunto de perturbaciones no previstas ni previsibles que alteran o destruyen el contenido del mensaje. Para combatirlo, se utiliza la “redundancia”, aquellos elementos innecesarios que aparecen en el mensaje.

Del emisor depende intentar que en el proceso de comunicación exista el menor número de barreras posible para que su información se transmita sin problemas al receptor y pueda obtener el objetivo previsto. Para ello, debe esforzarse para que el mensaje esté bien construido, correctamente estructurado y contenga una información clara y coherente. Además, debe asegurarse de que el código seleccionado sea conocido por el receptor y elegir un canal adecuado para la transmisión.

El éxito del proceso de comunicación depende en un alto grado de la capacidad comunicativa del hablante, algo que puede observarse, por ejemplo, entre los políticos. Aquellos que controlan adecuadamente el sistema comunicativo tienen más posibilidades de hacer llegar su mensaje a la población y modificar su conducta, en este caso, la intención de voto.

Adecuación a la situación y al receptor

Para que el proceso de comunicación sea fructífero, el receptor tiene que ser capaz de interpretar el mensaje de forma correcta y para ello son necesarios varios requisitos. El mensaje debe llegar con claridad ya que los ruidos y las interferencias obstaculizan la correcta recepción. Además, el receptor debe reconocer los significantes enviados por el emisor y ser capaz de asociarlos a sus correctos significados.

El receptor, por su parte, debe interpretar bien la intencionalidad del emisor y poseer la capacidad apropiada para comprender la realidad a la que hace referencia el mensaje (será muy difícil entender un texto sobre genética si no poseemos los conocimientos básicos). La información tiene que emitirse amoldándose al tipo de receptor, pues no es lo mismo hablar para un público especializado en derecho que para un grupo de adolescentes. Además, el mensaje ha de estar también adecuado a la situación en la que se produce. De esta forma, una persona no puede expresarse igual en un entierro que en una fiesta de cumpleaños, con lo que las circunstancias que rodean al acto comunicativo tienen que tenerse muy en cuenta a la hora de comunicar.