Desierto (bioma)

En los desiertos, la vida vegetal sólo se desarrolla de forma muy dispersa o aislada.

El desierto es un tipo de bioma en el que los niveles de aridez son tan altos que la vegetación sólo puede desarrollarse de manera dispersa o en puntos aislados en los que se concentra.

Según algunos ecólogos, puede considerarse desierto toda extensión de terreno en la que no se encuentre apenas vegetación. Ello incluiría, por tanto, los llamados desiertos polares, con climas permanentemente fríos, situados en los círculos polares Ártico y Antártico, y sin formas de vegetación por estar siempre cubiertos por los hielos. Sin embargo, en el presente análisis de los biomas terrestres, este tipo de hábitat queda encuadrado, más adelante, en el epígrafe dedicado a las tierras polares y la tundra.

En general, en la mayoría de los estudios de ecología se hace referencia a los desiertos como regiones sin apenas vegetación y con niveles de precipitaciones mínimos, que se localizan en latitudes de clima cálido o templado.

Aunque, como se ha visto, la definición de este tipo de biomas está sujeta a variaciones, en general se considera desierto a un área en la que la precipitación media anual es inferior a 250 mm. Además de escasas, en los desiertos las lluvias son muy irregulares: a veces, después de años sin caer una sola gota, en un desierto pueden darse lluvias torrenciales en pocas horas.

El escaso nivel de concentración de vapor de agua en la atmósfera del desierto hace que las temperaturas tiendan a ser extremas en el curso de un mismo día, por lo que entre las diurnas y las nocturnas hay a veces diferencias de hasta 30 °C. Según su situación geográfica, se distinguen desiertos cálidos y templados.

Desiertos de latitudes cálidas

Estos desiertos se localizan en la franja intertropical terrestre. Se diferencian, a su vez, en subtropicales y costeros.

Los desiertos subtropicales se caracterizan por estar situados en zonas permanentemente anticiclónicas, en las que el aire caliente no proporciona casi ninguna lluvia. Entre los principales se cuentan el Sahara y el Kalahari, en África; el de Arabia, en Asia; los de Gibson y Victoria, en Australia, y los de California, Arizona y Sonora, en Norteamérica.

Los desiertos costeros se originan por masas de aire frío que, cuando llegan a las costas occidentales de los continentes, se recalientan y dan lugar a zonas de atmósfera muy seca. Ejemplos de este tipo de desierto son el de Atacama, en Chile (el más árido del mundo), y el costero peruano, formados ambos en el litoral pacífico sudamericano por influencia de la corriente de Humboldt. Otros desiertos costeros importantes son el de Namib, en África; el Gran Desierto de Arena, en Australia, y el de Baja California, en Norteamérica.

El desierto chileno de Atacama es el más seco del planeta.

Desiertos de latitudes templadas

Son los que se forman en áreas de clima continental más o menos alejadas del mar, hecho que contribuye a aumentar su aridez. Ejemplos de este tipo de desiertos son el de Gobi, en Mongolia, y los de Colorado, Nuevo México y Chihuahua, en Norteamérica.

En consecuencia con su escasa vegetación, los suelos desérticos son, como es lógico, pobres en nutrientes orgánicos, aunque presentan en ocasiones altas concentraciones de sales minerales (inorgánicas). Estas sales aparecen a veces en capas en forma de costra, debido a la rápida evaporación. Por ejemplo, el salar de Uyuni, en el altiplano boliviano cerca del desierto de Atacama, tiene formaciones salinas de este tipo que contienen una de las mayores reservas de potasio y litio del mundo.

Para adaptarse a la sequedad, las plantas del desierto ponen en práctica estrategias como la de expandir al máximo sus raíces, reducir la superficie de evaporación, transformar las hojas en espinas o desarrollar tejidos carnosos capaces de almacenar agua. Estos mecanismos se dan, sobre todo, en las distintas variedades de cactus y en otros arbustos y matorrales xerófilos, es decir, adaptados a la sequedad.

Asimismo, los animales que viven en el desierto deben desarrollar adaptaciones a un medio en general hostil. Por ejemplo, los camellos y dromedarios obtienen líquido por oxidación de la grasa contenida en sus jorobas, mientras que la rata canguro americana metaboliza el agua de los alimentos que come, de forma que apenas necesita más agua que la contenida en ellos.

Con excepciones como los camélidos, en general los grandes mamíferos suelen estar ausentes de la fauna del desierto, ya que sus necesidades de agua y nutrientes son mayores que las de otros grupos zoológicos.

Además de diversos insectos y arácnidos adaptados a la aridez (característicos son los grandes escorpiones emperador del Sahara), en los desiertos se encuentran reptiles, como lagartos y serpientes (crótalos y víboras); roedores, como la mencionada rata canguro o el pequeño jerbo, y algunas aves de presa.

En las épocas de máxima aridez, algunos animales del desierto excavan galerías subterráneas y permanecen refugiados en ellas en un estado de latencia llamado estivación, similar, aunque opuesto en su motivación, a la hibernación.

Factores como el cambio climático, la sobreexplotación de los acuíferos subterráneos o el sobrepastoreo hacen que biomas limítrofes como la sabana se vean alterados, de modo que, en muchas latitudes, el desierto tiende a expandirse, con lo que se reduce la extensión de los biomas circundantes. Actualmente, algunas de las principales regiones en las que la desertificación progresa con mayor velocidad son el Sahel, al sur del desierto del Sahara, y el Asia centromeridional.