Burundi

A pesar de ser uno de los países más pequeños de África, la densidad poblacional de la República de Burundi se encuentra entre las más altas del continente. Situada en el África oriental, a orillas del lago Tanganica, en la última década del siglo XX la nación burundesa pasó a la primera página informativa mundial por los trágicos enfrentamientos surgidos entre las dos principales etnias que la habitan, hutus y tutsis, que se saldó con más de un cuarto de millón de muertos y cientos de miles de refugiados.

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Medio físico

Burundi se halla inmersa en la región de los grandes lagos africanos. Su territorio comprende 27.830 kilómetros cuadrados, que limitan al norte con Ruanda; al este y al sur, con Tanzania; y al oeste, con el lago Tanganica y la República Democrática del Congo.

Geológicamente, el país está formado por materiales muy antiguos sobre los cuales se extienden, en algunas zonas, rocas volcánicas más recientes. El territorio burundés es una amplia meseta interrumpida de norte a sur por la cordillera de Créete du Nile, en la que se alzan las máximas alturas nacionales: el monte Heha (2.670 metros), el Kavumu (2.634 metros) y el Mukike (2.600 metros). La altitud media es de 1.700 metros, y la cota más baja (772 metros) se sitúa junto al lago Tanganica, cuya orilla conforma parte de la frontera oeste con la República Democrática del Congo.

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Las montañas, que pierden rápidamente altura según se acercan al lago Tanganica, constituyen la división entre las cuencas fluviales del Nilo y del Congo. De hecho, el deshielo primaveral que se produce en las cimas de las montañas más septentrionales aporta agua al río Kagera, considerado como la fuente del río Nilo, que nace más al sur. No menos importantes son el río Ruvubu, con 125 kilómetros de largo y entre tres y cinco de anchura, y el Rusizi, cuyo cauce corre por la profunda depresión conocida como el valle del Rift y que une las aguas de los lagos Kivu y Tanganica. Cohoha, Kanzigiri y Mwungera figuran entre los otros lagos y lagunas destacados de Burundi.

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La altura y las montañas confieren cierta variedad a un clima de características tropicales. Existen dos estaciones secas y dos periodos húmedos. Estos últimos tienen lugar entre enero y mayo y entre octubre y diciembre, y proporcionan unas precipitaciones no superiores a los 1.000 mililitros por metro cuadrado, algo más abundantes en la cordillera. De igual modo, la temperatura oscila entre los 17 y los 23 ºC, registrándose las mínimas en las cotas más altas.

Flora y fauna

El paisaje más común de Burundi es la sabana, que en la parte alta de las montañas es reemplazada por espesos bosques. La riqueza natural del país ha propiciado el establecimiento de ocho espacios protegidos que en total abarcan 1.462 kilómetros cuadrados, más del 5 % del territorio nacional.

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Diversas especies arbóreas pueblan la sabana de la Reserva Natural de Gisagara, mientras que entre los grandes árboles (algunos de más de cincuenta metros) del Parque Nacional de Kibira conviven buen número de primates. El Parque de Ruvubu contiene bosques de ribera y extensos prados, que sirven de hábitat para hipopótamos, leones, búfalos, impalas, antílopes y una amplia variedad de aves. Otros parques destacados son el de Rusizi, formado por lagunas que cobijan a cocodrilos, hipopótamos y aves migratorias, y la Reserva Forestal de Rumonge-Vyanda, donde anidan curiosas aves como los calaos.

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Población

Demografía

Burundi cuenta con cerca de once millones de habitantes. Su densidad de población, de 386 habitantes por kilómetro cuadrado, sólo es superada por Ruanda en el África continental. Los problemas sanitarios y los últimos conflictos étnicos han mantenido una elevada tasa de mortalidad, que, en el caso de los niños, se sitúa en más del 61 por mil. Del mismo modo, la esperanza de vida es de 60 años. No obstante, el crecimiento de la población es rápido (un 3 %), lo cual genera constantes problemas sociales y económicos. La misma capital del país, Bujumbura, cuenta con una población de unos 600.000 habitantes.

Los hutus y los tutsis son los dos principales grupos étnicos de Burundi, y han protagonizado los mayores enfrentamientos raciales de la historia de la nación. Los primeros constituyen el 85 % de la población del país, mientras que los segundos sólo alcanzan el 14 %. Hace unos 400 años estos últimos, procedentes de Etiopía, se asentaron en las inmediaciones del lago Kivi, donde establecieron un sistema feudal gobernado por un rey o miami, cuyo poder emanaba de la divinidad. Más fuertes y preparados que las otras tribus de su entorno, los tutsis se apropiaron de las nuevas tierras y utilizaron a las poblaciones conquistadas, mayoritariamente habitadas por hutus, como esclavos.

Debido al gran número de matrimonios mixtos entre hutus y tutsis a lo largo de los siglos, las diferencias étnicas entre unos y otros prácticamente habían desaparecido a finales del siglo XIX. Sin embargo, la colonización belga reacentuó las discrepancias raciales entre ambos grupos, apoyando a las fuerzas políticas hutus (más favorables a la administración de la metrópoli) para contrarrestar el peso de los tutsis (más independentistas). De ahí surgió un enfrentamiento que se prolongaría tras la independencia de la nación.

Otras etnias mucho menos representadas en Burundi son los swahili, que constituyen el 3 % de la población, y los pigmeos batwa o twa, que sólo alcanzan el 1 %. Posiblemente, estos pigmeos sean los descendientes de los primeros pobladores de las tierras burundesas. Por último, debe citarse que en el país existen unos cuatro mil hima.

Lengua

Las lenguas oficiales de Burundi son el francés y el kirundi (o rundi), idioma compartido por los hutus y los tutsis. No obstante, el swahili también es bastante utilizado, sobre todo en las transacciones comerciales.

Religión

Al igual que con el idioma, la unidad cultural de Burundi se aprecia en la religión. Dos tercios de la población se confiesa católica, mientras que el resto continúa manteniendo ritos y creencias del animismo tradicional. Al tiempo, existen pequeñas minorías que profesan el protestantismo o el islamismo.

Economía

Eminentemente agrícola, Burundi es uno de los países más pobres del mundo. Las plantaciones se reparten en pequeñas explotaciones (prácticamente de subsistencia) en las que la población cultiva yuca y patatas. El país no puede atender sus necesidades de alimentos, viéndose obligado a importarlos del exterior. Con fines comerciales, en la década de 1980 se puso en marcha un ambicioso proyecto de canalización de tierras que permitiera cultivos a gran escala de café, tabaco, té y algodón.

En cuanto a la ganadería, las diversas etnias mantienen ganados caprinos y bovinos. Sin embargo, no acuden a los mercados, pues sus tradiciones reservan las reses, símbolo de riqueza, para ritos socio-religiosos como los matrimonios. Tampoco es demasiado significativa la pesca en el lago Tanganica, ni la industria textil, localizada en la capital. En cuanto a sus recursos mineros, los más importantes son los de níquel y uranio, a los cuales se suman los de vanadio, tungsteno, gas natural y oro en pequeñas cantidades.

La red de transporte tiene como centro la capital de la nación, Bujumbura. También Gitega, situada en el centro geográfico del país, es un importante nudo de comunicaciones, además de contar con un aeropuerto internacional. El transporte fluvial se realiza desde el puerto ubicado en el lago Tanganica.

Administración y política

División territorial

El país está dividido en 17 provincias, una de las cuales comprende la capital. Cada provincia se subdivide a su vez en distritos.

Forma de gobierno y partidos políticos

Burundi es una república cuya actual Constitución fue aprobada en marzo de 1992. El presidente ostenta la jefatura del Estado. Es elegido por votación popular durante cinco años, y se encarga de designar al primer ministro. También se eligen para un periodo de cinco años los 81 representantes de la cámara legislativa o Asamblea Nacional.

Durante el golpe militar de julio de 1996 se aprobó una Constitución provisional, promulgada dos años más tarde, que sustituyó la figura del primer ministro por dos vicepresidentes, uno hutu y otro tutsi. De igual modo, la Asamblea Nacional vio incrementado hasta 121 el número de sus miembros. Tras la última reforma constitucional, aprobada en 2005, el representante hutu Pierre Nkurunziza fue elegido como presidente.

El sistema judicial consta de una Corte Suprema y tribunales de apelación, administrativos y de primera instancia. Por su parte, el Frente para la Democracia en Burundi (mayoritariamente hutu) y el Partido para la Unidad Nacional y el Progreso (de mayoría tutsi) son los principales partidos políticos.

Servicios del Estado

La educación primaria es gratuita, pero es muy escaso el porcentaje de burundeses que llegan a cursar estudios de más alto nivel. El analfabetismo supera el 33 % en los hombres y casi alcanza al 50 % de las mujeres. Como contraste, sólo el 2 % de la población recibe escolarización superior. Esta alta formación recae sobre todo en miembros de la minoría tutsi, lo cual les permite acceder a los puestos de la administración, frente a la gran mayoría analfabeta de la etnia hutu.

En cuanto a la sanidad, Burundi tiene unos recursos sumamente limitados, tanto en hospitales como en personal, para atender las múltiples enfermedades que sufre la población. Entre las de mayor mortandad figuran la malaria, el cólera y el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA).

Historia

Los pueblos más antiguos que ocuparon el territorio de Burundi fueron cazadores y recolectores. De ellos desciende la pequeña población de pigmeos aún presente en el país.

A lo largo de los siglos X y XI, los agricultores hutus, procedentes del golfo de Guinea, ocuparon estas tierras. Tres siglos después, los pastores tutsis alcanzaron el lago Kivu y sus alrededores, estableciendo un sistema feudal y sometiendo a los hutus a vasallaje. Así, en el siglo XVII Burundi aparece como un reino independiente, con la minoría tutsi como casta dominante y con capacidad de afrontar los ataques de pueblos vecinos y de los esclavistas de Zanzíbar.

A finales del siglo XIX, el territorio de Burundi fue colonizado por Alemania, dentro del amplio dominio que ejercía sobre el África oriental. En 1916, Bélgica se hizo con el país, posición que mantuvo tras la Primera Guerra Mundial, cuando la Sociedad de Naciones le confió su gobierno. En esa época, el exacerbado nacionalismo tutsi fue contrarrestado por la administración belga con la creación de un partido no independentista de mayoría hutu. Pero, finalmente, Burundi consiguió su emancipación, reconocida por las Naciones Unidas, el 1 de julio de 1962.

Constituido como monarquía constitucional, Burundi inició un difícil camino marcado por la inestabilidad política. El rey Mwambutsa IV concedió la paridad numérica en el Gobierno y en el Parlamento a hutus y tutsis, pero la guerra civil en la vecina Ruanda, la reticencia del campesinado hutu ante el mejor nivel de vida de los tutsis y las luchas entre diversos clanes dominantes desembocaron en la sustitución del monarca por su hijo, Ntare V, en 1966. Éste fue destituido sólo unos meses más tarde y se proclamó la república.

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Entre 1972 y 1973 Burundi vivió otra época de extremada violencia étnica. El coronel Jean-Baptiste Buyoya tomó el poder e intentó solucionar el conflicto sin demasiado éxito, pues en 1988 se reprodujeron los incidentes, siempre con los hutus reclamando mayor participación política. Buyoya nombró primer ministro a un hutu y adoptó medidas contra la discriminación de dicha etnia en la educación, el trabajo y el ejército.

Un nuevo intento de convivencia entre ambos grupos se puso en marcha en 1991, con la aprobación de una Constitución conciliadora, que, sin embargo, no evitó la muerte violenta de los dos primeros presidentes hutus en 1993 y 1994. El asesinato del presidente Cyprien Ntaryamira en 1995 conllevó un nuevo genocidio de hutus, en el que perecieron más de medio millón de personas a manos del Ejército.

El comandante Pierre Buyoya dio un golpe de Estado en julio de 1996. Un nuevo enfrentamiento entre hutus y tutsis, surgido en 1998, culminó con acuerdos de paz y de compartir el poder en 2001. Buyoya fue reemplazado en 2003 por el hutu Domitien Ndayizeye, quien logró una progresiva pacificación del país. Esta situación propició los comicios presidenciales de 2005 (los primeros celebrados en la nación desde 1993), que otorgaron la victoria al hutu Pierre Nkurunziza.

A lo largo de 2006, el Gobierno de Burundi y el por entonces último grupo rebelde operativo en el país, las Fuerzas de Liberación Nacional (FLN), iniciaron conversaciones para alcanzar un acuerdo de paz. Mientras se intensificaban las tareas de reconstrucción en el conjunto de Burundi, siguieron sucediéndose combates y enfrentamientos entre las partes enfrentadas, antes de que alcanzaran un alto el fuego en mayo de 2008. El histórico dirigente de las FLN, Agathon Rwasa, regresó de su exilio en Tanzania. Un año más tarde, el FLN se convirtió en un partido político.

Nkurunziza resultó reelegido presidente tras las elecciones de junio de 2010, que fueron boicoteadas por las formaciones opositoras. Los militantes del FLN sufrieron persecución política, y otras fuerzas, como el Frente Popular Abatabazi, iniciaron ataques contra tropas de Burundi desde posiciones al otro lado de la frontera de la República Democrática del Congo. Los temores a una guerra civil se incrementaron ante la deriva autoritaria del presidente Nkurunziza.

La acción de Gobierno del presidente fue objeto de contestación por parte de las formaciones políticas opositoras y de sus simpatizantes. Nkurunziza expresó su voluntad de concurrir a un tercer mandato presidencial, en una iniciativa que resultó especialmente controvertida. Para sus propósitos contó con el voto favorable del Tribunal Constitucional, en una decisión que fue muy protestada en manifestaciones callejeras. Ante la delicada situación sociopolítica existente, los comicios presidenciales previstos para junio de 2014 debieron ser pospuestos, sobre todo después de que un grupo de militares protagonizara un fallido intento de derrocamiento del presidente. Finalmente, las elecciones a la presidencia de la nación pudieron celebrarse en el mes de julio. Nkurunziza logró una amplia victoria, con cerca del 70 % de los sufragios a su favor, mientras los dirigentes de la oposición denunciaron irregularidades en el proceso.

En política exterior destacó la participación desde 2013 de tropas de Burundi en una misión internacional desplegada en la República Centroafricana, en un esfuerzo por aliviar las tensiones en ese país que amenazaban con derivar en un conflicto civil armado.

Sociedad y cultura

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Las diversas etnias de Burundi mantienen vivas las antiguas tradiciones culturales del país, en especial en los campos de la literatura oral, la música y la danza. Poemas, canciones e historias vetustas son las principales manifestaciones de esta cultura. También se conserva el característico toque de los tambores tutsis que se llevaba a cabo en la corte. Uno de los juegos más extendidos entre los burundeses es el mancala.