Etiopía

Situada en el llamado «cuerno de África», Etiopía, uno de los países más antiguos del mundo, ha preservado sus rasgos culturales y su independencia durante más de dos mil años. Su territorio nunca ha sido colonizado (a excepción de un corto periodo de seis años, antes y al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, en el que fue ocupado por la Italia fascista), pero sí ha sido testigo de diversos conflictos armados entre sus habitantes por diferencias raciales, étnicas y religiosas a lo largo de su historia.

Bandera de Etiopía.

Medio físico

Etiopía se extiende sobre una superficie de 1.127.127 kilómetros cuadrados. Por el norte limita con Eritrea; al este, con Yibuti y Somalia; al sur, de nuevo con Somalia y Kenia; y al oeste, con Sudán. El país no tiene salida al mar.

El suelo etíope está formado por una combinación de rocas muy antiguas (algunas de hace más de cuatro mil millones de años) y material volcánico. Ambos elementos han contribuido a dibujar un terreno de estratos basálticos que cubre dos tercios de la superficie del país.

Desde el punto de vista geológico, lo más destacable del territorio etíope es el Rift africano, espectacular falla (fractura de la corteza terrestre) que divide el país en dos grandes secciones, la parte norte fronteriza con Eritrea y la parte sur colindante con Kenia. Ambas zonas se estructuran a su vez en tres regiones con características topográficas específicas: las tierras del este, las del oeste y el valle del Rift. Las dos primeras se subdividen en tierras altas y bajas.

Las tierras altas del este muestran una elevada orografía, en la que destacan los montes Batu y Chilalo. A medida que descienden hacia la zona limítrofe con Somalia ceden espacio a las tierras bajas. De esta última porción geográfica sobresalen los ríos Shebele y Genale y las regiones de Ogadén y Hawd.

En el oeste, las tierras altas acogen el punto más alto del relieve etíope, el Ras Dashen, una cumbre de 4.620 metros perteneciente a los montes Simien; los cauces de los ríos Nilo Azul, Omo y Tekeze completan el paisaje de la región. Las tierras bajas de esta zona, localizadas en la frontera con Sudán, son inhóspitas por su excesivo calor; en ellas se localizan los valles más bajos de los ríos Nilo Azul, Tekeze y Baro.

Vista de las montañas de Simien.

El valle del Rift, ubicado en el centro del país, integra dos zonas diferenciadas por sus rasgos paisajísticos y su climatología. El área del sudoeste se caracteriza por la riqueza lacustre y fluvial, representada por pequeños ríos que desembocan en los lagos Abaya, Abiyata, Awasa, Chamo, Langano, Shala y Ziway. El área del nordeste, que se extiende hasta el mar Rojo y el golfo de Adén, destaca por sus planicies, sus conos volcánicos (algunos de los cuales mantienen su actividad) y su temperatura calurosa desprovista de humedad. En esta sección se encuentra el punto más bajo del país, la depresión de Denakil, situada 125 metros por debajo del nivel del mar.

En cuanto al clima, éste oscila entre las temperaturas templadas de las tierras altas, que cuentan con una media anual de 16 ºC, y el fuerte calor de las tierras bajas, cuya media alcanza los 31 ºC. El mes más frío es enero, y mayo el más caluroso. La temporada de lluvias abarca de julio a septiembre.

Flora y fauna

La variada vegetación de Etiopía es consecuencia de la diversidad orográfica y climática del país. Mientras que en las tierras altas predomina el bosque subtropical, en las bajas es fácil encontrar acacias y otras especies de flora subdesértica. Las áreas intermedias se destinan predominantemente al cultivo, si bien la irregularidad de las precipitaciones perjudica con frecuencia los suelos y las cosechas. Por el sudeste del valle del Rift se extiende la sabana.

Con respecto a la fauna, abundan los zorros, los chacales, las hienas y los perros salvajes, animales que se encuentran por todo el país. Más raro es avistar leones, elefantes, jirafas y búfalos, que se ocultan en la parte norte. Entre las especies endémicas de Etiopía destacan el waliaibex de los montes Semien (parecido a una cabra montés), el nyala de la montaña (una clase de antílope), el lobo etíope y el mono gelada.

Especímenes de mono gelada, una de las especies autóctonas de Etiopía.

Población

Demografía

A mediados de la primera década del siglo XXI, Etiopía contaba con una población próxima a los 99 millones de habitantes. Esta cifra podría haber sido superior en virtud de las expectativas generadas por la alta tasa de natalidad registrada en los últimos veinte años de la pasada centuria, pero se ha visto frenada por la elevada mortalidad infantil y los efectos devastadores del síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA). La esperanza de vida del pueblo etíope apenas sobrepasa los 61 años.

El gran núcleo urbano del país es la capital, Addis Abeba; detrás de ella se sitúan, a gran distancia en cuanto a volumen de población, Dire Dawa, Nazret, Gondar, Mekele y Dese.

El conjunto global de la población se ramifica en diversas etnias, de las que sobresalen los pueblos amhara, galla, oromo, sidamo, shankella y somalí.

Lengua

Las lenguas habladas en Etiopía superan la centena, pero se unifican en cuatro grandes grupos: semíticas, cusitas, omóticas y nilóticas. De todas ellas, la más extendida es el amárico, perteneciente al primer grupo y considerada la lengua oficial del país.

Religión

Las dos religiones más practicadas en el país son la islámica (más del 33 %) y la cristiana ortodoxa etíope (más del 43 %), seguidas por la animista (12 %) y otras menos significativas que apenas cuentan con un 5 % de fieles.

Economía y comunicación

Datos económicos

La mayor parte de la población etíope vive del sector primario, principalmente de la agricultura y en menor medida de la ganadería. A pesar de los intentos del Gobierno de aplicar medidas de modernización de la producción agropecuaria, ésta se afronta con métodos arcaicos, de forma que no logra competir en los mercados internacionales y se limita, prácticamente, al consumo nacional. Los cultivos más extendidos son el café, la papa o patata, la batata, la caña de azúcar y los cereales, entre los que destaca la producción de mijo, cebada, trigo, maíz y una variedad de grano exclusiva del país, conocida como teff, que constituye la base de la alimentación nacional.

La ganadería y la pesca adolecen también de una falta de medios apropiados para establecer explotaciones competitivas, por lo que se consideran actividades de subsistencia. Lo mismo sucede con la minería, un sector cuya ínfima contribución a la economía nacional contrasta con los amplios recursos naturales de los que el país dispone. La carencia de medios técnicos provoca que los yacimientos de oro, platino, cobre, aluminio y manganeso, así como las canteras de mármol, estén infraexplotados.

La industria, poco desarrollada, se fundamenta en pequeñas empresas que no generan empleo ni producción suficiente como para convertirse en un motor importante de la economía. Los sectores más representativos de la misma son la alimentación, el textil, el cuero y el calzado, la metalurgia y los productos químicos. Desde finales del siglo XX el Gobierno está apostando por el turismo, para lo que ha establecido planes de mejora de la infraestructura hotelera y de los parques naturales del país.

La exportación, basada únicamente en bienes agropecuarios, es baja; sólo el café, que representa el 50 % del volumen de las exportaciones nacionales, ha encontrado unas vías de comercialización y distribución óptimas fuera de las fronteras etíopes. Las pieles, el aceite y las legumbres completan las materias exportadas, cuyos principales destinos son los Estados Unidos, Europa occidental, Japón y Arabia Saudí. La importación se reduce al petróleo, equipamiento para transporte, maquinaria y ciertos alimentos. La moneda oficial de Etiopía es el birr.

Durante la ocupación italiana se construyeron numerosas carreteras provinciales y locales. Tras la liberación prosiguió la actividad viaria, quedando bien intercomunicado buena parte del territorio nacional. Sin embargo, desde 1980 los continuos conflictos armados en que se vio sumido el país supusieron un freno en el proceso de evolución de las redes de transporte. En la actualidad, con unas carreteras aún en deficiente estado y con un ferrocarril escasamente desarrollado, la vía aérea se ha convertido en el principal medio de locomoción nacional. Por avión están perfectamente conectadas las principales ciudades y las zonas turísticas del país.

Comunicación

La radio y la televisión etíopes emiten en lengua inglesa, amárica, somalí y árabe. A pesar del severo control del Gobierno, en los últimos años han aparecido voces disidentes en la información tanto audiovisual como escrita.

La telefonía está poco desarrollada. Existen más de 400.000 líneas telefónicas fijas y unos 14 millones de teléfonos celulares. Los servicios de Internet son utilizados solamente por unos 450.000 usuarios.

Administración y política

División territorial, forma de gobierno y partidos políticos

Desde el punto de vista administrativo, Etiopía se divide en nueve regiones, basadas en la etnia de sus habitantes. De ellas destacan las de Amhara (donde residen los amhara), Oromiya (hábitat de los oromos) y Sumale (residencia de los somalíes), así como el vasto territorio que acoge a los pueblos del sur. Estas regiones étnicas se complementan con dos ciudades con autogobierno: Addis Abeba, la capital, y Dire Dawa.

Etiopía se define como una república federal democrática. Cuenta con un Parlamento bicameral constituido por el Consejo de Representantes o Cámara Baja, que integra a 547 diputados elegidos por votación popular, y el Consejo de la Federación o Cámara Alta, con un total de 108 miembros, elegidos a través de asambleas estatales. Los cargos de los representantes políticos tienen una duración de cinco años, periodo tras el cual deben ser validados nuevamente mediante la celebración de elecciones generales.

El poder judicial está representado por la Corte Federal Suprema, al frente de la cual se encuentran el presidente y el vicepresidente. Los dos son propuestos por el primer ministro, pero deben contar con el apoyo de la Cámara Baja.

Desde su transformación en 1991 en un estado democrático, Etiopía cuenta con varios partidos políticos que concurren a los comicios generales y locales. A mediados de la década de 2000, tanto el presidente del país, Girma Wolde-Giorgis, como el primer ministro, Meles Zenawi, pertenecían a la misma formación, el Frente Democrático Revolucionario del Pueblo Etíope (FDRPE).

Servicios del Estado

El sistema educativo tradicional etíope ha permanecido muy influenciado por las religiones mayoritarias del país, la cristiana ortodoxa y la musulmana, de modo que las enseñanzas han estado muy vinculadas a los credos religiosos.

La educación laica se promovió con el reinado del emperador Menilek II (1889-1913) y posteriormente con Haile Selassie (1930-1974). Ambos incidieron en la configuración de un sistema educativo moderno que potenció los estudios de primaria y secundaria, e hizo hincapié en la creación de centros especializados en disciplinas como las artes, las ciencias, la medicina, la arquitectura, la abogacía y la agricultura. En 1961 se creó la Universidad Haile Selassie, actualmente denominada Universidad de Addis Abeba, el principal centro de estudios superiores del país. A pesar de los avances realizados en el ámbito educativo, no se ha logrado erradicar la alta tasa de analfabetismo del país, que afectaba, en los comienzos del segundo milenio, a la mitad de la población.

Por su parte, el sistema sanitario de Etiopía es deficiente e insuficiente para atender la demanda de la población. Pocos hospitales (concentrados en las ciudades más importantes del país, principalmente en la capital), escasos facultativos y mínimos recursos tanto en el ámbito de la aparatología como en el de los medicamentos dibujan un panorama sanitario desolador que tiene que hacer frente prioritario al hambre, a diversas enfermedades infecciosas, al SIDA y a la elevada mortalidad infantil.

Historia

Etiopía en la antigüedad

La primera referencia histórica de población en suelo etíope habla de los cusitas, una civilización camitosemítica que se mezcló con diversas tribus de Arabia y conformó uno de los primeros asentamientos del país.

La historia antigua de Etiopía se vincula también con Egipto, país con el que mantuvo una estrecha relación comercial. En textos egipcios los etíopes aparecen referidos con la palabra habashat, término probablemente procedente de Abisinia, nombre con el que se ha denominado al país en diversos periodos.

El reino de Aksum

Desde el siglo II de la era cristiana hasta el siglo XI, la historia de Etiopía se centra en el reino de Aksum, conformado por civilizaciones del sur de Arabia que se impusieron a las autóctonas y cuyos dirigentes, según cuenta la leyenda, estaban emparentados con el rey Salomón y la reina de Saba.

El reino aksumita vivió dos épocas diferenciadas: la hebrea y la cristiana, que cristalizó con la unión del país a la Iglesia copta de Egipto durante el reinado de Ezanas. Este periodo de auge económico y gran desarrollo cultural entró en decadencia en el siglo IX. Dos centurias más tarde, la dinastía Zague se hizo con el poder, pero en el siglo XIII se reinstauró nuevamente el reino de Aksum.

Llegada de los portugueses y guerras con Egipto

La influencia portuguesa marcó el periodo histórico posterior, caracterizado por un sinfín de conflictos religiosos. Los portugueses entraron en Etiopía hacia 1490 y colaboraron con la población cristiana para evitar una invasión de los musulmanes. Con los portugueses llegaron los jesuitas, quienes intentaron, sin conseguirlo, convertir al pueblo etíope al catolicismo. En 1632 la Compañía de Jesús fue expulsada del país, al tiempo que abdicaba el emperador etíope Susenios y que la capital nacional se trasladaba a Gondar.

El dominio portugués se afianzó en los siglos posteriores, mientras el país era gobernado de manera feudal por grandes señores denominados ras. Fue una época oscura, en la que los enfrentamientos con los egipcios resultaban frecuentes. Estas disputas desembocaron a mediados del siglo XIX en la proclamación como emperador de uno de los jefes de las filas egipcias llamado Kassa, que gobernó con el nombre de Teodoro II. A pesar de sus intentos de modernizar el país acercándose a los británicos, Teodoro II sufrió un fuerte rechazo de la población, que lo llevó al suicidio en 1867. Los agitados y violentos años siguientes concluyeron con la toma del poder por Menelik II en 1889.

Los emperadores Menelik y Selassie

Con el nuevo monarca se logró la unificación territorial, se promovió la modernización del país, se trasladó la capital de Aksum a Addis Abeba y se frenó un intento invasor de los italianos a través de Eritrea. El interés que Etiopía despertó en Europa se vislumbra en un acuerdo firmado en 1906 por Italia, Francia y Reino Unido, en el que las potencias europeas se dividían el país en tres áreas de influencia económica.

La abdicación de Menelik II en 1907 y la muerte de su hija, la emperatriz Zauditu, varios años después, trasladaron el poder a manos del ras Tafari, coronado emperador en 1930 con el nombre de Haile Selassie.

El emperador Haile Selassie, tras cuya destitución en 1974 se abolió la monarquía en el país.

Su reinado, de carácter absolutista y apoyado en la promulgación de una Constitución que le otorgaba el poder por derecho divino, no estuvo exento de agitación y conflictos. La Italia fascista ocupó el país de 1935 a 1941, año en el que fue liberado por las tropas anglo-francesas, que restituyeron a Selassie en el poder. El ras apoyó a los aliados en la Segunda Guerra Mundial, y, cuando finalizó la contienda, reclamó Eritrea, territorio que se unió a Etiopía, primero como estado federado y posteriormente, en 1962, como provincia del reino. En 1955 se promulgó una nueva Constitución.

La década de 1960 supuso el declive del monarca. Los movimientos independentistas eritreos, las contiendas en la región de Ogadén, la intensa y prolongada sequía que provocó una gran hambruna en la población, la corrupción del Estado y el autoritarismo del emperador crearon una situación de descontento alarmante que se tradujo en una intervención del Ejército.

El periodo marxista

Haile Selassie fue destituido en 1974. Un año después se abolió la monarquía y se proclamó la República de Etiopía Socialista, al frente de la cual se situó un Consejo Administrativo Militar Provisional conocido como el Dergue y presidido por el general Teferi Benti. En 1977, Mengistu Haile Mariam se erigió en jefe del Estado.

El régimen marxista-leninista, que inició una reforma agraria y nacionalizó las compañías comerciales, tampoco consiguió el bienestar del país. Afrontó una violenta guerra civil derivada de los enfrentamientos en Eritrea y Ogadén y tuvo que recurrir a la ayuda de la Unión Soviética y de Cuba para sofocar los continuos ataques de los somalíes, sobre los que finalmente obtuvo la victoria.

Etiopía democrática

Desasistido por la URSS, que le había retirado su apoyo un año antes, el dictador Mengistu hubo de abandonar el poder en 1991. El FDRPE se hizo con el control del país. Un Gobierno provisional, apoyado en una cámara parlamentaria denominada Consejo de Representantes, intentó normalizar la situación política nacional. En 1994 se convocaron elecciones para crear una asamblea responsable de elaborar una Constitución acorde con el estado federativo étnico defendido por el FDRPE. Un año antes, las nuevas autoridades etíopes habían aprobado la independencia de Eritrea, tras la celebración de un referéndum.

En 1995 Negaso Gidada accedió a la presidencia del país y Meles Zenawi al cargo de primer ministro. Los años siguientes estuvieron marcados por los enfrentamientos étnicos y religiosos. En 1997 el Gobierno apoyó a la facción cristiana en la guerra civil sudanesa contra los musulmanes. Pero el conflicto más cruento fue el desencadenado con Eritrea por la zona del Tigré.

El nuevo milenio se inició con un acuerdo de paz entre etíopes y eritreos. Sin embargo, Etiopía apenas había podido recuperarse de los estragos causados por la contienda. Girma Wolde-Giorgis fue elegido presidente en 2001. Durante 2003 y 2004, la sequía provocó una gran hambruna entre la población. Los resultados de los comicios de 2005, en los que triunfó el gobernante del FDRPE, fueron rechazados por la oposición, que los tildó de fraudulentos. En los días posteriores se registraron violentos disturbios, que provocaron decenas de víctimas.

En noviembre de 2007, una comisión internacional trazó una línea de demarcación fronteriza entre Etiopía y Eritrea, con el ánimo de poner fin al largo conflicto armado entre los dos países. La línea fue aceptada por el Gobierno eritreo, pero el etíope mostró su discrepancia. En consecuencia, las tensiones bilaterales se acrecentaron en los meses siguientes y amenazaron con derivar en un nuevo enfrentamiento. La suavización posterior de las relaciones promovió en 2008 el término de la misión de paz de las Naciones Unidas en el territorio en disputa.

A finales de la década de 2000 se produjeron avances positivos en varios de los conflictos en los que intervenía Etiopía. En enero, las fuerzas etíopes se retiraron formalmente de la vecina Somalia, y ocho meses más tarde el contencioso con Eritrea pareció despejarse ligeramente tras el acuerdo de pago de mutuas compensaciones por la guerra que tuvo lugar entre ambos países entre 1998 y 2000. Aun así, las tensiones entre Etiopía y Eritrea se recrudecieron en 2011, después de que el Gobierno etíope acusara al eritreo de agresiones fronterizas. En marzo de 2012, el Ejército de Etiopía bombardeó posiciones del sudeste de Eritrea, con la justificación de perseguir a grupos opositores allí asentados.

Otro conflicto latente en suelo etíope era el protagonizado por el rebelde Frente Nacional de Liberación de Ogadén, que mantuvo choques armados con tropas gubernamentales durante los inicios de la década de 2010. En el ámbito político, el Frente Democrático Revolucionario Popular obtuvo una clara victoria en las elecciones parlamentarias celebradas en mayo de 2010, con lo cual el primer ministro, Meles Zenawi, fue elegido para un cuarto mandato. No obstante, Zenawi, aquejado de graves problemas de salud, falleció en agosto de 2012 y fue sucedido en el cargo por el viceprimer ministro Hailemariam Desalegn.

Durante el año 2013, el Gobierno de Arabia Saudí ordenó la deportación masiva de trabajadores etíopes que vivían en ese país como inmigrantes. Aparte de las tensiones diplomáticas que desató esta medida entre los dos Estados, la deportación agravó la situación social en Etiopía en la que, a pesar del notable crecimiento económico de los últimos años sustentado en los sectores agrícola y de servicios, cerca de la tercera parte de la población subsistía con menos de 1 dólar diario.

En mayo de 2015 se celebraron en Etiopía unas importantes elecciones legislativas. Los comicios arrojaron una abrumadora victoria del partido gobernante, el FDRPE, que reunió 500 de los 547 escaños en disputa. De este modo, Desaleng renovó su mandato como primer ministro al frente de un Gobierno de orientación socialdemócrata.

Un año más tarde, el Ejecutivo hubo de hacer frente a varios meses de manifestaciones violentas antigubernamentales, que lo llevaron a declarar el estado de emergencia. La presión sobre Desaleng se acentuó hasta el punto de que el mandatario se vio instado a renunciar al cargo en febrero de 2018. Su sucesor, Abiy Ahmed Ali, el primer jefe de Gobierno de la etnia oromo de la historia del país, impulsó un ambicioso programa de reformas políticas e inició un acercamiento diplomático con la vecina Eritrea que desembocó en un acuerdo de paz y en la reapertura de la frontera común en septiembre de ese año. En paralelo, las negociaciones con las fuerzas separatistas del Frente para Liberación Nacional de Ogaden propiciaron un clima de cierto entendimiento que alivió las tensiones internas en el país.

En otro orden de cosas, en marzo de 2019 un avión comercial Airbus 737 Max 8 de Ethiopian Airlines se estrelló al sur de Addis Abeba pocos minutos después del despegue. Murieron las 157 personas que viajaban a bordo. El descubrimiento de posibles fallos en los sistemas automáticos de la aeronave llevaron a proscribir las operaciones de este modelo en todos los aeropuertos del mundo.

Sociedad y cultura

La precaria situación económica del país, la incesante confrontación de la población por motivos étnicos, culturales y religiosos y los azotes de calamidades naturales como las sequías han llevado a Etiopía al empobrecimiento y el subdesarrollo, dos circunstancias que dificultan el florecimiento de un ámbito cultural y artístico emergente.

Vista de una iglesia construida en roca en Lalibela.

Sin embargo, el rico pasado histórico de la nación ha sido valorado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO, por sus siglas en inglés) al incluir hasta siete lugares del país en las listas de Patrimonio de la Humanidad: las iglesias talladas en la roca de Lalibela (esculpidas en el siglo XIII), Fasil Ghebi (villa fortificada de los emperadores de los siglos XVI y XVII), las antiguas ciudades de Axum y Tiya, los recintos prehistóricos de los valles bajos del Omo y del Aouache y el Parque Nacional Simien.

Palacio de estilo Gondar, en Fasil Ghebi.

En el ámbito deportivo, las pruebas de atletismo, y más en concreto las carreras de fondo, han proporcionado grandes éxitos a Etiopía. Al amparo del legendario Abebe Bikila, ganador de la maratón de las Olimpiadas de Roma (1960) y Tokio (1964), han surgido en los últimos tiempos una pléyade de excepcionales atletas. En los Juegos Olímpicos de Sydney de 2000, todas las pruebas masculinas de fondo fueron ganadas por corredores etíopes: los 5.000 metros por Milton Wolde, los 10.000 metros por Haile Gebreselassie y la maratón por Gezhagne Abera. Cuatro años más tarde, en Atenas 2004, Etiopía logró el oro en los 10.000 metros, a cargo de Kenenisa Bekele, y en los 3.000 metros obstáculos, merced a la actuación de Ezekiel Kemboi.